Capítulo 354 - Una visita al Templo Duofu (2)
S hen Ruizhe y el maestro del templo se observaban atentamente. Sentado a su lado, Mo Zhiyuan no pudo evitar lanzarle miradas curiosas.
¿Por qué tendría este viejo murciélago información sobre Shisui?
Shen Ruizhe no era de los que hacían conjeturas descabelladas ni actuaban basándose en suposiciones infundadas.
En otras palabras...
Mo Zhiyuan desvió lentamente la mirada hacia el maestro del templo, que seguía observando a Shen Ruizhe en silencio.
... este viejo murciélago sabía algo sobre Shisui, y Shen Ruizhe podía aprovecharlo para dar la vuelta al tablero y hacerse con el control de la situación.
Finalmente, tras pensarlo largamente, el maestro del templo respondió con otra pregunta:
—¿Y si digo que no sé nada al respecto?
Shen Ruizhe sonrió. Se sacudió las mangas con elegancia antes de juntar los puños en señal de respeto ante el maestro del templo.
—¿Y si le digo que la información que guarda es la clave para salvar el reino mortal de la próxima invasión demoníaca?
El maestro de pico alzó la vista y añadió:
—Monje Mayor Shijiu* del Templo de la Misericordia Infinita.
Una sombra de furia cruzó las facciones del maestro del templo; sus extremidades temblaban con una rabia violenta y contenida. Estaba atónito ante la pura audacia del otro. ¿Cómo podía un simple junior como Shen Ruizhe tener el descaro de presentarse ante él e intentar arrancarle secretos?
—No lo es —respondió tajante.
—Sí lo es —replicó Shen Ruizhe—. De lo contrario, Maestro del Templo, no habría venido personalmente a preguntarle sobre Shisui.
—Murió hace mucho tiempo.
Mo Zhiyuan carraspeó e intervino:
—No, está muy vivo. Últimamente ha causado muchos problemas en el reino mortal.
El maestro del templo abrió los ojos con incredulidad, y las venas de las sienes se le marcaron, palpitantes. Los labios le temblaban violentamente mientras luchaba por hablar, pero no le salían las palabras.
Al ver esto, Shen Ruizhe se apresuró a acercarse al anciano. Le puso una mano en la espalda e infundió parte de su poder espiritual en su cuerpo.
—Maestro del Templo, por favor, no se altere —dijo Shen Ruizhe—. Le juro que no he venido a hurgar sin cuidado en sus heridas. Es de suma importancia que comparta esta información con nosotros.
Poco a poco, el cuerpo del maestro del templo se relajó bajo el toque sanador de Shen Ruizhe.
Aun así, sus ojos permanecieron afilados e inflexibles.
Cuando Shen Ruizhe terminó, se volvió hacia la puerta con la intención de llamar a los discípulos para que ayudaran al maestro del templo, pero este le agarró el brazo y lo detuvo.
El maestro del templo tenía los ojos inyectados en sangre, el rostro sombrío y los labios espantosamente pálidos.
—Tienes que entender —susurró—. Al hacer esto, prácticamente estaré arrastrando por el fango los nombres de mis predecesores. Fue el capítulo más oscuro de la historia de mi secta original. Estaría pecando contra mi shizun, contra mis camaradas caídos... contra todos.
—Lo entiendo —dijo Shen Ruizhe con suavidad—. Pero si cierra los ojos y no hace nada, muchas más vidas se perderán la próxima vez que se abra la Puerta del Infierno.
—...
El maestro del templo aflojó la mano y dejó escapar un profundo suspiro.
Mo Zhiyuan casi podía visualizar los engranajes mentales rechinando tras los ojos del anciano, girando sin cesar hasta que finalmente encajaron en su lugar, indicando que había tomado una decisión.
—Muy bien —dijo el maestro del templo—. Pero necesito que juren por sus vidas que nunca dirán una palabra de este asunto a nadie.
Tanto Shen Ruizhe como Mo Zhiyuan aceptaron, tras lo cual el maestro del templo comenzó a relatar una historia de su pasado, una que había enterrado en lo más profundo de su mente muchas, muchas décadas atrás.
—Como saben, la última vez que se abrió la Puerta del Infierno, el reino mortal se sumió en el caos.
Los cultivadores escaseaban, y las sectas existentes eran modestas tanto en tamaño como en fuerza.
Los seres humanos se convirtieron en presa fácil para los demonios.
Solo cuando se restauró el equilibrio entre el bien y el mal se cerró la Puerta del Infierno.
Para entonces, por desgracia, demasiados demonios habían escapado de su reino original y continuaban devastando el reino mortal.
Solo dos sectas sobrevivieron: las precursoras de lo que hoy se conoce como el Templo de los Diez Mil Escalones y el Templo Duofu.
Con un gesto despreocupado de la mano, invocó motas de luz parpadeantes de la nada. Se arremolinaron y se entretejieron formando un mapa luminoso que flotaba en el aire, suspendido entre ellos.
Dos torres brotaron del suelo, cada una con el nombre de una secta diferente: Espada Celestial y Templo de la Misericordia Infinita.
—Aunque las dos sectas de cultivo debían unir fuerzas y rechazar a los demonios, entre ellas persistía una rivalidad interna y mezquina. No trabajaban en armonía. En cualquier caso, el Templo de la Misericordia Infinita acabó por imponerse.
A juzgar por el orgullo que se traslucía en el tono del maestro del templo, era fácil deducir que había pertenecido al Templo de la Misericordia Infinita.
—Los ancianos de la secta cazaron demonios por todo el reino mortal, destruyeron sus guaridas y mataron a cada demonio que osó aparecer. Naturalmente, a medida que la fama de la secta se disparaba, también aumentaba el número de personas que querían unirse a ella.
Al llegar a este punto, el rostro del maestro del templo se ensombreció ligeramente.
—Y uno de ellos fue un joven que aprobó todos los exámenes con gran éxito y fue aceptado en el templo. Se le otorgó el nombre budista «Shisui».
El maestro del templo suspiró profundamente. Clavó la mirada en la distancia mientras recordaba a la persona que había conocido muchas, muchas décadas atrás.
—Shisui era inteligente, perspicaz, maduro y apuesto. Muchos lamentaron su entrada en el templo porque podría haber llegado mucho más lejos. Nadie imaginó jamás que albergaba un plan siniestro desde el momento en que puso un pie en el templo.
Nota del autor:
*九 (jiǔ) = nueve