Capítulo 353 - Una visita al Templo Duofu (1)
V olar con mal tiempo no era recomendable, pero el camino hacia el norte resultaba peligroso incluso sin las constantes tormentas de nieve que azotaban aquellas tierras. Al final, los dos cultivadores se vieron obligados a buscar refugio en varias ocasiones.
Durante aquellos días, adoptaron la dinámica habitual y rígida que todo anciano y discípulo observaban cuando viajaban juntos.
En otras palabras, Shen Ruizhe se sentaba y actuaba como un gran gato mimado, mientras que Mo Zhiyuan desempeñaba el papel del perro leal que corría de un lado a otro haciendo recados para él.
—¿Por... qué... tengo... que... hacer...
esto? —masculló el joven entre dientes apretados mientras arrastraba un carro repleto de una montaña de cosas que Shen Ruizhe había comprado por el camino.
Los transeúntes no podían evitar preguntarse si serían un par de comerciantes que desafiaban el viento del norte en busca de beneficios.
El maestro de pico se encogió de hombros.
—¿Esperas visitar otra secta sin llevar regalos? ¿Dónde están tus modales?
—¿No podrías llevarles simplemente una caja de dulces? Argh...
Shen Ruizhe entrecerró los ojos mirando al joven y suspiró.
—¿Tu resistencia siempre ha sido tan baja? Pensé que serías más fuerte la segunda vez. Parece que me equivoqué...
—.....................
Era evidente que Shen Ruizhe hacía esto para torturar a Mo Zhiyuan. Y Mo Zhiyuan era el tonto que se prestaba a las perversas maquinaciones de Shen Ruizhe.
El Templo Duofu del norte era una de las diez sectas más grandes del mundo del cultivo, pero a diferencia de otras sectas que practicaban artes marciales, se dedicaba exclusivamente a las artes medicinales.
Situado en el corazón de un páramo helado e infinito donde ni la flora ni la fauna podían sobrevivir, la secta existía en total aislamiento.
Dentro de aquel santuario estéril, sus miembros llevaban vidas de tranquila soledad y rara vez cruzaban el umbral helado para interactuar con el mundo exterior.
Sin embargo, cuando Shen Ruizhe y Mo Zhiyuan llegaron a la puerta exterior del templo, vieron una fila de unas cien personas.
Dos discípulos aguardaban frente al templo repartiendo cuencos humeantes de gachas a los visitantes. Cuando vieron que Shen Ruizhe se acercaba, uno de ellos sonrió y lo saludó con cortesía:
—Maestro de Pico Shen, hace tiempo que no nos visita. Por favor, espere mientras avisamos al Maestro del Templo.
Shen Ruizhe le devolvió la sonrisa y asintió.
—Cuánto tiempo sin vernos. Por favor, háganlo; esperaré pacientemente.
Luego señaló el carro que tenía detrás, el que Mo Zhiyuan había estado arrastrando con una resistencia casi animal durante un buen rato.
—He traído algunos artículos para intercambiar con el Maestro del Templo. ¿Podrían pedir a alguien que los evalúe?
—Por supuesto, Maestro de Pico Shen.
El discípulo, claramente el más veterano de los dos, entregó el cucharón de las gachas a su shidi y se dirigió hacia el templo.
Al cabo de un rato, una decena de discípulos salieron a llevarse el carro al interior. El primer discípulo regresó, inclinó la cabeza en señal de deferencia y les indicó que pasaran.
—Por favor, pasen, Maestro de Pico Shen y Joven Cultivador Mo.
Mo Zhiyuan arqueó una ceja mirando al discípulo. ¿Cómo había averiguado aquel extraño su apellido? Qué curioso. Aun así, siguió obedientemente a Shen Ruizhe y atravesó la puerta exterior del Templo Duofu.
Mientras muchas sectas preferían exhibiciones relucientes de lujo para ostentar su estatus, el Templo Duofu abrazaba una estética más natural. Aunque de gran escala, su arquitectura se basaba en materiales sin tratar que los propios habitantes del templo cortaban, tallaban y labraban con sus manos.
Tras atravesar numerosas puertas, llegaron por fin al edificio principal del templo.
Allí, en el centro del salón de audiencias, estaba sentado el Maestro del Templo Duofu.
Era un anciano de melena nevada y larga barba.
Sus gruesas cejas blancas descendían más allá de las comisuras de los ojos, enmarcando un rostro de profunda sabiduría, mientras un único discípulo aguardaba en silencio a cada lado de su asiento.
—Shen Ruizhe.
Su expresión austera se suavizó con algo de calidez cuando Shen Ruizhe apareció ante él.
—Ha pasado tiempo desde que viniste a visitarnos en persona. Y además trajiste tantos regalos para nosotros. ¿Qué necesitas de nosotros?
Shen Ruizhe sonrió.
—Me gustaría obtener información de usted en persona, Maestro del Templo.
Mo Zhiyuan lanzó una mirada furtiva a Shen Ruizhe y luego al maestro del templo.
Vaya, podía entender por qué aquellas dos personas se llevaban tan bien. Ambos hombres eran notablemente directos y evitaban las cortesías habituales para ir directo al meollo del asunto.
—¿De mí? Vaya, vaya.
Una sola mirada a uno y otro lado bastó para que ambos discípulos se pusieran de pie al unísono. Tras inclinarse respetuosamente ante el maestro del templo y los invitados, salieron del salón y cerraron la puerta tras de sí.
El maestro del templo arqueó una ceja mirando a Mo Zhiyuan, quien permanecía sentado junto a Shen Ruizhe sin mostrar la deferencia habitual hacia los ancianos.
Shen Ruizhe siguió la mirada del maestro del templo y giró ligeramente la cabeza hacia Mo Zhiyuan.
—Maestro del Templo, no necesita preocuparse por el Discípulo Mo. Cualquier información que yo desee obtener de usted hoy puede compartirla en su presencia.
El maestro del templo inspiró hondo. Se acarició la barba nevada y clavó la mirada en Shen Ruizhe.
—¿Qué deseas saber?
—Quiero que me cuente todo lo que sabe sobre una persona llamada «Shisui» —respondió Shen Ruizhe con calma.