Capítulo 342 - La prueba de Jiuye
D e no haber pasado por la misma prueba en su vida anterior, habría pensado que iba a morir.
Jiuye lo desgarró como un infierno viviente, redujo su esqueleto a cenizas y derritió sus músculos hasta convertirlos en un alquitrán espeso y oscuro. Cada gota de sangre en sus venas silbó y se evaporó mientras el lago de lava engullía su cuerpo.
El dolor era tan atroz que habría hecho perder la cordura a cualquier mortal, obligándolo a abandonar todo lo demás. Porque ¿qué más tienes aparte del cuerpo con el que naces? Si incluso eso te arrebatan, ¿qué te queda?
Shen Ruizhe se aferró a las brasas moribundas de su consciencia, su único salvavidas mientras soportaba la agotadora prueba de Jiuye.
El zorro infernal trazó un arco lento sobre las profundidades fundidas, completamente indiferente a las temperaturas abrasadoras que habrían incinerado al instante el pelaje de cualquier criatura ordinaria.
Su voz reverberó en el vacío donde antes habitaba la mente de Shen Ruizhe, clavándose en su consciencia como una ráfaga de dagas.
—¿Te sientes desesperado? ¿Crees que vas a morir?
Un gorgoteo proveniente del lago de lava respondió a la pregunta.
El hocico de Jiuye se curvó en una mueca burlona.
—¿Quieres morir? Puedo acabar con tu sufrimiento, aquí y ahora.
Un gorgoteo bajo y húmedo resonó mientras el lago fundido comenzaba a agitarse y su superficie se transformaba en un remolino lento y rítmico.
—Como quieras —respondió el zorro, con voz desprovista de compasión—. El camino de las llamas no es para pusilánimes. ¿Cómo esperas dominar el elemento del fuego sin dejar primero que consuma tu propia carne?
Resiste y persevera, se dijo Shen Ruizhe.
Resiste y persevera.
Shen Ruizhe no sabía cuántas veces se repitió esas tres palabras una y otra vez, grabándolas en el núcleo mismo de su alma hasta que brillaron con más fuerza que la agonía que lo consumía.
Tres días después, Jiuye lo aceptó.
El zorro infernal sacó a Shen Ruizhe del lago de lava y lo depositó con suavidad en el suelo. Le lamió el rostro con afecto y dijo:
—Yo, Jiuye, acepto por la presente formar un vínculo contigo, Shen Ruizhe. Hasta que la muerte nos separe, permaneceré leal a nuestro pacto.
El zorro ardiente desapareció poco después, y Shen Ruizhe quedó solo con sus propios demonios.
Era como si su propia sangre hubiera sido reemplazada por roca fundida que le incineraba las venas y le abrasaba los órganos con cada latido. Incluso el simple acto de abrir los ojos le provocaba un destello de agonía cegadora, y mover un solo dedo era como quebrar cristal.
Pero aquel dolor era real, y le recordaba una y otra vez que estaba vivo. Había superado la prueba.
Aquel pequeño triunfo le dibujó una leve sonrisa en los labios.
Shen Ruizhe no sabía cómo había logrado arrastrarse fuera de la Pagoda Desafiante de la Voluntad del Cielo en su lamentable estado, pero lo hizo. En cuanto atravesó la pesada puerta, se desplomó sobre el suelo, justo encima de un lecho de nieve acumulada tras la fuerte nevada de la noche anterior.
El frío mordaz de la nieve resultaba tan reconfortante contra su piel acalorada. Aunque sabía que corría el riesgo de resfriarse, no pudo evitar quedarse tendido un rato, dejando que la escarcha apagara el fuego persistente en su carne.
Lo único que Shen Ruizhe deseaba para las próximas dos semanas era meditar en la soledad de su alcoba, sin que nadie lo molestara.
Pero el destino quiso que se topara con Zhou Yamen, quien había pasado los últimos tres días buscando a su shizun por toda la Montaña Tianhe.
Cuando por fin divisó al maestro de pico yaciendo inmóvil sobre el suelo nevado, dejó escapar un grito desgarrador y corrió hacia su shizun.
—¡Shizun! ¡Shizun!
Zhou Yamen lo recogió en sus brazos. Shen Ruizhe se apoyó pesadamente contra el hombro del discípulo mientras murmuraba:
—¿Qué pasa...?
—¡Esto es grave, Shizun! ¡Shidi Mo abandonó la secta porque Shixiong Wu expulsó a Shidi Han y Shidi Fan! ¡Shixiong Zhang ya se llevó a varios discípulos veteranos para ir tras ellos!
—... ¿Por qué?
—¿Eh? P-Porque, Shizun, ¿no deberíamos ir tras ellos? —preguntó Zhou Yamen desconcertado.
—No, no me refiero a eso...
Shen Ruizhe suspiró contra el hombro de Zhou Yamen.
—¿Por qué expulsó Wu Gaoming a esos dos discípulos...?
Los rasgos de Zhou Yamen se tensaron en una expresión forzada e incómoda; su malestar era evidente mientras buscaba una reacción apropiada.
—E-Eso... porque no consiguieron regresar al Pico Wuchang a tiempo la noche del Solsticio de Invierno.
La comprensión se asentó en la mente de Shen Ruizhe.
—Ah. Ya veo.
Shen Ruizhe se aferró al brazo de Zhou Yamen y su mirada se endureció al hablar.
—Dile a Wu Gaoming que venga al Pabellón del Cielo y el Infierno.