Capítulo 340 - No interfieras
M o Zhiyuan respondió con un gruñido.
—¿Por qué no debería estarlo? —preguntó a su vez.
Detrás de él, Han Yiran mostraba un rostro preocupado.
—Shixiong... todavía no estamos tan lejos de la Montaña Tianhe. Si quieres regresar, puedes hacerlo ahora. El Shixiong Wu no te lo pondrá difícil.
De Mo Zhiyuan brotó una risa fría. Qué ridiculez, pensó.
—Me importa una mierda ese retrasado —comentó con crueldad—. Que disfrute de su breve reinado en el Pico Wuchang, a mí me da igual.
—Entonces... —Han Yiran se mordió el labio inferior y desvió la mirada hacia el montón de heno bajo ellos—. Al fin y al cabo, debes estar preocupado por el Maestro de Pico Shen.
Mo Zhiyuan dejó escapar un gruñido frustrado antes de girarse hacia el otro lado, de cara a Han Yiran.
—Mira, Yiran, la relación entre el Maestro de Pico Shen y yo es complicada, y no tiene nada que ver con lo que imaginas. No quiero hablar de ello, y tampoco quiero que lo menciones. Es un asunto entre nosotros dos. Nadie más debe interferir.
Las palabras mordaces del joven golpearon a Han Yiran como un trueno. Se le subieron los colores a la cara. Nunca antes Mo Zhiyuan había sido tan duro con él. Por lo general era muy gentil, muy cariñoso tanto en sus palabras como en su actitud.
Era casi como si Han Yiran no reconociera a la persona que tenía delante.
Bajo el exterior calmado de Mo Zhiyuan yacía una violencia enterrada que solo afloraba cuando el nombre de Shen Ruizhe surgía en una conversación.
No era necesariamente odio, pero sí una emoción tan volátil que destrozaba por completo la fachada amistosa de Mo Zhiyuan y dejaba en su lugar algo crudo e irreconocible.
El rostro de Han Yiran ardió de vergüenza. Mo Zhiyuan tenía razón. Su relación con Shen Ruizhe no concernía a terceros. ¿Cómo podía él, Han Yiran, pensar que podía entrometerse en sus asuntos a su antojo?
—Yo... lo siento, Shixiong Mo —murmuró antes de recostarse de nuevo y darle la espalda a Mo Zhiyuan. Este dejó escapar un suave suspiro, se giró hacia el otro lado y cerró los ojos para dormir.
Solo pasaron unos minutos antes de que Mo Zhiyuan abriera los ojos de nuevo, alarmado. Criaturas siniestras merodeaban cerca. Casi podía sentir su aliento espeso y trabajoso cargando la atmósfera, mientras el chasquido húmedo de fauces hambrientas resonaba en la oscuridad.
El siguiente en notarlo fue Han Yiran. Con mano temblorosa, volvió a tirar de la ropa de Mo Zhiyuan por detrás.
—D-Disculpa, Shixiong, pero...
Cuando Mo Zhiyuan se giró, vio una hoja reluciente en la mano de Han Yiran. Era la daga que le había regalado por su cumpleaños hacía un año, la que podía detectar presencias malignas.
Han Yiran estaba muerto de miedo.
—C-Creo que algo está pasando afuera.
Como para señalar su presencia, una serie de gruñidos guturales y bajos estalló justo afuera de las paredes del granero. Figuras deformes pasaron corriendo frente a las ventanas tapiadas y eclipsaron momentáneamente la luz de la luna a su paso.
Para entonces, incluso el Discípulo Fan, que se había quedado dormido llorando hacía un rato, despertó sobresaltado. En cuanto notó lo que ocurría, comenzó a arrastrarse hacia sus dos compañeros, presa del pánico.
—¡Fantasma! —exclamó—. Monstruos, demonios...
Los gruñidos de afuera dieron paso a un coro de burlas maliciosas y risas.
—Guejejejeje, salid, salid...
—Las Semillas del Mal... entregadlas, rápido...
¡Venían a por las Semillas del Mal!
Mo Zhiyuan se puso pálido como un fantasma. Era capaz de protegerse de una horda de demonios, pero no podía luchar contra los monstruos de afuera y proteger a sus dos amigos al mismo tiempo.
Detrás de él, los dos discípulos gimotearon de miedo.
—S-Shixiong Mo...
—Está bien —dijo Mo Zhiyuan con los dientes apretados—. Vosotros dos, quedaos dentro del granero, no salgáis pase lo que pase. Voy a instalar una barrera protectora.
—¡No!
Han Yiran agarró a Mo Zhiyuan por la cintura desde atrás y tiró de él hasta hacerlo caer al suelo.
—¡Shixiong Mo, no puedes ir! ¡Vas a morir!
Mo Zhiyuan no sabía si reír o llorar.
—Tonto Yiran. Si todos nos quedamos aquí, entrarán pronto en el granero y nos masacrarán a todos. ¿Eso es mejor? ¿Eh?
Tras liberarse del agarre de Han Yiran, Mo Zhiyuan se puso en pie de un salto e instaló la barrera de inmediato. Esta atrapó a sus dos compañeros dentro, pero también garantizaba que nada pudiera alcanzarlos.
—Estad a salvo —dijo Mo Zhiyuan. Al sacar a Yinglong de su vaina, la espada se expandió hasta alcanzar un tamaño colosal, con el filo brillante por el flujo vibrante de energía espiritual dorada.
Con la resolución inquebrantable de un héroe destinado a sacrificar su vida por el bien de la humanidad, salió a la noche e hizo caso omiso de los lamentos desesperados de sus compañeros.
Empuñaba la espada con firmeza, listo para acabar con los primeros monstruos necios que se cruzaran en su camino. Sin embargo, se topó con una escena tan absurda que aflojó un poco el agarre.