Trascender la semilla del mal (Trascendiendo la Semilla del Mal 5) Capítulo 315 - Envidia y odio
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Capítulo 315 - Envidia y odio

Z hang Zhen.

Heh.

Mo Zhiyuan soltó un bufido mientras bebía. Vaya nombre de cortesía más pomposo, totalmente inadecuado para quien lo había recibido.

—Shixiong Zhang tiene tanta suerte —gimió el Discípulo Fan, sin molestarse en disimular su envidia—. Yo también quiero conseguir un buen nombre de cortesía.

Mo Zhiyuan le sonrió.

—Puedes enviarle a Shizun una lista de nombres para que los considere antes de tu ceremonia Guan Li —sugirió.

—¡¿Qué?! ¡¿Eso se puede hacer?! —exclamó el Discípulo Fan con los ojos como platos.

Mo Zhiyuan se encogió de hombros.

—¿Por qué no? Incluso podría aliviarle la carga.

Shen Ruizhe solo tenía dos discípulos a quienes nombrar, pero Wu Mansong debía ocuparse de cuatrocientos. Además, el líder de la secta tenía asuntos más urgentes que atender. Era comprensible, pues, que los nombres de cortesía que daba a sus discípulos dejaran mucho que desear.

Una vez terminada la ceremonia Guan Li, Zhang Xukai fue de mesa en mesa para agradecer personalmente a los invitados su presencia. No tardó en llegar a la mesa de Mo Zhiyuan, donde estaban sentados los discípulos invitados del Pico Wuchang.

—Shidis, gracias por venir a mi ceremonia Guan Li —dijo alzando una copa de vino hacia todos.

Los discípulos de inmediato alzaron las suyas.

—¡Felicidades por tu ceremonia de mayoría de edad, Shixiong Zhang! —gritaron al unísono antes de apurar sus copas.

Los discípulos estaban entusiasmados. Enseguida se pusieron a charlar con Zhang Xukai, preguntándole por los preparativos previos a la ceremonia Guan Li y por cómo se sentía ahora que era oficialmente reconocido como adulto.

A Mo Zhiyuan se le revolvió el estómago al ver la expresión radiante de Zhang Xukai. Le entraron unas ganas irrefrenables de vomitar, preferiblemente en la cara de Zhang Xukai.

El joven negó levemente con la cabeza. ¿Pero en qué estaba pensando?

No es que tuviera que hacer sentir especial a Zhang Xukai en su gran día; simplemente no había razón para odiarlo por haber completado una ceremonia Guan Li. Al fin y al cabo, no significaba nada.

Los ojos de Mo Zhiyuan vagaron lánguidamente por el salón en busca de cierta persona con túnica blanca, hasta que recordó que esa persona no vestía de blanco en esta ocasión.

Para colmo, a muchos ancianos les gustaba vestir en tonos oscuros, lo que dificultaba aún más localizar a Shen Ruizhe.

—Mmh...

Mo Zhiyuan se frotó las sienes con los pulgares. Probablemente era el vino. Había estado vaciando copa tras copa sin medida. Una mano cálida se posó sobre la suya y la apretó con suavidad.

—¿Shixiong Mo...? ¿Estás bien?

Mo Zhiyuan le sonrió a Han Yiran, que lo miraba con ojos llenos de preocupación.

—Estoy bien. Solo necesito tomar un poco el aire. Disculpadme.

Dicho esto, se levantó de la mesa y salió tambaleándose del salón.

—¡Shixiong Mo, espera...!

Han Yiran pasó uno de los brazos de Mo Zhiyuan por encima de sus hombros, dejando que este se apoyara pesadamente en él pese a ser más bajo.

—Con cuidado. Vamos afuera.

Por lo visto, Mo Zhiyuan no era el único invitado que había bebido de más al concluir la ceremonia. Muchos ancianos de varias sectas estaban fuera, farfullando incoherencias antes de estallar en carcajadas inexplicables.

Han Yiran ayudó a Mo Zhiyuan a llegar hasta un banco de piedra, y este se dejó caer al instante apoyando los brazos en la barandilla de detrás. Tenía la cabeza echada hacia atrás y los ojos fuertemente cerrados.

—Déjame traer una toalla húmeda para refrescarte —dijo Han Yiran antes de desaparecer.

Mo Zhiyuan quiso decirle que no hacía falta, pero le daba demasiada pereza abrir la boca. Así que simplemente se recostó contra la barandilla, disfrutando de la sensación del frío viento invernal en la piel.

Pero cuando una voz familiar le llegó desde cierta distancia, abrió los ojos de golpe y se incorporó.

Se puso en pie tambaleándose, apoyándose en la barandilla mientras seguía despacio el camino hacia el pequeño estanque situado cerca del Salón del Arrepentimiento.

Cuando quien hablaba estaba a tiro de piedra, Mo Zhiyuan se detuvo en seco y atisbó a través de una abertura en una pared decorativa.

Como esperaba, era Shen Ruizhe. A su lado había un monje vestido con una sencilla túnica gris.

Mo Zhiyuan entornó los ojos mirando la nuca calva del monje. Supo quién era antes incluso de que este girara la cabeza.

Era Kuxing. Otra vez Kuxing.

¿Por qué tenía que ser Kuxing otra vez?

Mo Zhiyuan agarró una rama seca de un árbol cercano y la apretó con fuerza.

Shen Ruizhe cogió un puñado de gránulos marrones de una caja que llevaba en la mano y los esparció sobre el agua. De inmediato, los peces subieron a la superficie y se pelearon ávidamente por las golosinas.

—¿Cómo te encuentras ahora? —preguntó Shen Ruizhe con despreocupación, sin apartar la vista de la superficie del estanque.

—Hmmm...

Kuxing frunció el ceño mientras se llevaba una mano al pecho.

—Mucho mejor, Shixiong. Gracias por tu ayuda. De no ser por ti, jamás habría podido superar ese estancamiento.

Crac.

El sonido hizo que ambos alzaran la cabeza sobresaltados. Mo Zhiyuan estaba allí, enmarcado por la abertura circular de la pared decorativa. Sostenía una rama rota en la mano.

—Ajá —gruñó al maestro de pico y al monje, con los ojos ardiendo de una furia inexplicable. Las palabras de Kuxing le habían despejado la borrachera de golpe. Tiró la rama rota al suelo con desdén—. ¿Y cómo, exactamente, te ayudó?