Trascender la semilla del mal (Trascendiendo la Semilla del Mal 5) Capítulo 303 - La Aflicción del Espíritu del Cerezo (10)
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Capítulo 303 - La Aflicción del Espíritu del Cerezo (10)

D espués de que Xu Jingmen se marchara, Dama Yu se retiró a su alcoba y cerró la puerta con llave por dentro. Luego fue a atender a su hijo, que dormía en el diván.

La mujer se sentó en una silla junto al diván y le dio suaves palmaditas en la espalda a su hijo. El pequeño Xu Yan llevaba ardiendo de fiebre desde el día anterior.

—Madre —murmuraba de vez en cuando entre sueños—. Madre...

Dama Yu se inclinó hacia el pequeño y le puso una toalla fría en la frente.

—Madre está aquí —dijo—. Yan Yan, Madre no se va a ir a ninguna parte.

Su mente se desvió hacia el rostro pálido y asustado que su esposo había tenido hacía un momento. La hermosa mujer se irguió y suspiró, llevándose un pañuelo a los labios.

¿Qué estaba pasando?

Su esposo no le contaba nada. Desde que se había recuperado de su grave enfermedad, el comportamiento de él había sido sumamente peculiar, y se reunía con amigos de los que ella nunca había oído hablar.

Incluso había sorprendido a los sirvientes chismorreando sobre su obsesión enfermiza con el cerezo de la colina. Era un árbol hermoso, sí, a ella también le gustaba mucho. Pero eso no era razón para llegar a tal extremo de locura, ¿verdad?

El hilo de sus pensamientos se interrumpió cuando oyó una voz a su espalda.

—Es un placer conocerla, Dama Yu.

La mujer se giró sobresaltada y vio al hombre sobre el que su esposo le había advertido.

Era aquel invitado, el maestro de ajedrez, ¡que supuestamente estaba jugando una partida contra su suegro en el jardín! Si no se equivocaba, su apellido era Shen...

—Usted...

La mirada aterrorizada de Dama Yu voló hacia la puerta. Seguía cerrada con llave por dentro.

—Usted... ¿de dónde ha salido?

Shen Ruizhe le dirigió una sonrisa compungida, aunque no por ello menos encantadora.

—Dama Yu, por favor, no se asuste. Solo he venido a hablar.

—¡No quiero hablar con usted! Mi esposo... ¡mi esposo me dijo que me mantuviera alejada de usted!

La dama retrocedió varios pasos, a pesar de que Shen Ruizhe no se había movido en absoluto.

—¡Por favor, márchese de inmediato antes de que grite!

Los ojos de Shen Ruizhe se desviaron hacia el pequeño señorito, que yacía en el diván con el rostro enrojecido.

—Su hijo, ¿cuánto tiempo lleva enfermo?

Dama Yu se volvió para mirar a su hijo y luego a Shen Ruizhe.

—La fiebre le empezó ayer. Señor, por favor, márchese. Mi hijo necesita descansar.

En lugar de marcharse, Shen Ruizhe formuló otra pregunta:

—Su esposo cojea ligeramente. ¿Qué le ocurrió y cuándo?

Dama Yu frunció el ceño.

—Él... se hizo daño sin querer cuando estaba cargando cajas en la carreta...

—Su cuñado mayor y la esposa de este se veían desanimados hoy. ¿Les ha sucedido algo malo?

Dama Yu lo miró confundida.

—La esposa de mi cuñado se cayó por la escalera y perdió el bebé hace poco...

—Han estado ocurriendo muchas desgracias en esta mansión —concluyó Shen Ruizhe—. ¿No es así, Dama Yu?

—Bueno, ahora que lo menciona...

—¿Por qué cree que siguen ocurriendo todas estas desgracias en esta casa?

—Yo... no lo sé.

Dama Yu extendió instintivamente la mano hacia su hijo, temerosa de que Shen Ruizhe pudiera hacerle daño. De repente, Xu Yan estalló en un ataque aterrador de tos áspera, lo que sumió a su madre en el pánico al instante.

—¡Yan Yan! ¡Yan Yan!

Dama Yu tomó al pequeño en brazos, pero el ataque de tos solo se intensificó.

—¡Socorro! ¡Que alguien me ayude! —gritó Dama Yu.

Afuera, las criadas aporreaban la puerta.

—¡Dama Yu! ¡Dama Yu, por favor, abra la puerta!

Dama Yu dudó en pasar junto a Shen Ruizhe, pero salvar a su hijo era en aquel momento lo más importante.

Así que corrió hacia la puerta y la abrió.

Las criadas entraron en tropel en la habitación para atender al pequeño.

Para mayor confusión de Dama Yu, ninguna de ellas pareció reparar en la presencia de Shen Ruizhe.

Para ser más exactos, no lo veían en absoluto.

Una de ellas incluso pasó junto a Shen Ruizhe, como si este fuera un fantasma.

—¡Ahhhhhhhh!

Dama Yu se arañó la cara y gritó con todas sus fuerzas.

—¡Dama Yu! ¡Dama Yu, cálmese!

—¿Qué ha pasado, señora?

Shen Ruizhe contempló a Dama Yu con calma.

—Una desgracia hoy, otra mañana. Accidentes, enfermedades y, a la larga, la muerte. La casa rebosa de espesa energía yin. Dama Yu, seguramente entiende por qué está ocurriendo todo esto.

—No lo sé —Dama Yu negó con la cabeza, asustada—. No lo sé... no entiendo nada.

Las criadas intercambiaron miradas preocupadas. Su señora estaba hablando con una entidad invisible en la habitación.

—Dama Yu, Dama Yu, ¿con quién está hablando...?

—Dama Yu, aquí no hay nadie.

Pero Dama Yu las ignoró por completo. Solo tenía ojos para Shen Ruizhe.

—Dama Yu, intente recordar —dijo Shen Ruizhe de nuevo—. ¿Qué está olvidando?

—Olvidar... qué... no sé de qué me habla...

Shen Ruizhe insistió:

—Esfuércese más. De lo contrario, su esposo y su hijo correrán peligro.

Justo entonces, una repentina y poderosa ráfaga de viento irrumpió en la habitación, apagó las velas al instante y sumió en la oscuridad el espacio apenas iluminado. Afuera, nubes oscuras y amenazadoras se acumulaban con rapidez en el cielo, presagiando una tormenta inminente.

Mientras las criadas corrían frenéticas para asegurar puertas y ventanas y ayudar a su señora a levantarse, toda aquella cacofonía no llegó a penetrar en los sentidos de Dama Yu. Permanecía aturdida, con la mirada fija en las nubes oscuras que se acumulaban en el exterior.

Y entonces, cuando el estruendo de un trueno rasgó el aire, lo recordó todo.