Capítulo 299 - La difícil situación del espíritu del cerezo (6)
E l Viejo Maestro Xu no provenía de una familia prestigiosa, pero había descubierto su pasión por el ajedrez en las últimas dos décadas. Para codearse con jugadores hábiles de todo el país, organizaba un torneo anual en su mansión.
Aunque los participantes acudían con la esperanza de ganar algún premio, mantenían un trato cordial entre ellos. Cada partida se disputaba con respeto mutuo, las victorias se celebraban con elegancia y las derrotas se encajaban sin rencor.
El único con habilidades aceptables para el ajedrez era Gongyi Xiao, pero Shen Ruizhe hizo que todos participaran en el torneo. De lo contrario, ¿cómo iban a entrar libremente en la residencia de la familia Xu?
Como era de esperar, la mayoría de los discípulos cayeron en las primeras rondas por su escaso nivel.
Zhou Yamen y Shi Qingqing en la primera, Zhang Xukai y Mo Zhiyuan en la segunda, y Han Yiran y Chen Yuhuan en la tercera.
Por suerte, Shen Ruizhe y Gongyi Xiao encadenaron victoria tras victoria sin despeinarse.
A los jugadores eliminados se les permitió disfrutar del suntuoso bufé de desayuno de la mansión y observar las partidas restantes desde un lado.
Así pues, los seis discípulos eliminados se agruparon en una esquina para observar de lejos a Shen Ruizhe y Gongyi Xiao.
—Nadie me dijo que el Maestro de Pico Shen jugara tan bien al ajedrez —comentó Shi Qingqing mientras daba un sorbo a su té.
—Pues claro —respondió Zhang Xukai mientras masticaba un trozo de hojaldre nevado—. Shizun es el mejor en todo. ¡Y pensar que yo, su persona más cercana, solo conozco una parte de sus extraordinarias habilidades!
La retahíla de alabanzas hizo que Mo Zhiyuan pusiera los ojos en blanco.
A decir verdad, aunque el mayor talento de Shen Ruizhe fuera dibujar círculos con un pincel de tinta, Zhang Xukai sería capaz de proclamar a los cuatro vientos que los círculos de Shen Ruizhe eran tan fascinantes como la luna y su técnica tan elegante como cisnes deslizándose sobre el agua.
Han Yiran carraspeó para disipar la incomodidad del momento.
—Eh, Shijie, Shixiongs, quizá deberíamos alternar con los demás en vez de dedicarnos solo a comer y beber. Estamos empezando a llamar la atención.
Solo entonces repararon en que otros les habían estado echando miradas de reojo. No de admiración, sino de disgusto contenido. Al fin y al cabo, aquello era una reunión de maestros del ajedrez. Aunque había comida y bebida, se esperaba que demostraran abiertamente su pasión por el juego.
—Está bien, vamos, vamos.
Shi Qingqing dejó su taza y guio a sus shidis hacia la zona del torneo.
Las numerosas mesas de ajedrez que antes ocupaban el patio en filas ordenadas habían sido retiradas, dejando solo dos en el centro. Los cuatro maestros contendientes estaban tan absortos en sus partidas que no veían más allá del tablero que tenían delante.
A la izquierda, Shen Ruizhe se enfrentaba a un oponente anciano que se había quedado bloqueado. Los ojos del anciano recorrían el tablero con ansiedad, buscando desesperadamente una salida, pero seguía completamente perdido.
De vez en cuando alzaba la vista hacia el rostro de Shen Ruizhe, como si intentara leerle la mente y descubrir su farol. Shen Ruizhe, por su parte, se mantenía alerta pero con una expresión indescifrable.
Al otro lado, la partida de Gongyi Xiao estaba bastante reñida.
El joven no dejaba de morderse el labio inferior mientras repasaba frenéticamente sus movimientos anteriores y reformulaba sus estrategias una y otra vez.
Le gustaba el ajedrez y solía practicar solo cuando nadie quería ser su contrincante, pero hacía tiempo que no se enfrentaba a un rival de verdad.
Era una partida verdaderamente electrizante, que le provocaba una emoción tan intensa que la sentía hormiguear por toda la piel.
Por no hablar de que el anciano sentado al otro lado del tablero era un oponente formidable, con defensas impenetrables y ataques veloces como los de un águila.
A juzgar por su suntuosa túnica púrpura con bordados artísticos en los dobladillos, los numerosos anillos que adornaban sus manos y el abanico de seda que empuñaba, saltaba a la vista que provenía de una familia extraordinariamente privilegiada.
Gongyi Xiao alzó la mano para mover una pieza, pero antes de tocar nada en el tablero, algo invisible le golpeó en el dorso de la mano. El joven la retiró con una mueca de dolor.
Su oponente frunció el ceño.
—¿Qué ocurre, joven?
—Ah, no... nada, disculpe.
Gongyi Xiao se frotó la mano mientras echaba un vistazo disimulado a Shen Ruizhe. Este lo miró y asintió de forma casi imperceptible.
Gongyi Xiao entendió la indicación del Maestro de Pico de inmediato. Sin más preámbulos, agachó la cabeza en señal de derrota y declaró con solemnidad:
—Señor, no tengo nada más que ofrecer. Acepto mi derrota de buen grado.
Su oponente soltó una carcajada triunfal. Luego desplegó el abanico y se abanicó aliviado. A su espalda, su séquito de sirvientes suspiró de alivio y se deshizo en sonrisas.
—¡El Viejo Maestro Xu sigue invicto en el ajedrez! —alabó uno de ellos.
—¡El Viejo Maestro Xu destroza las defensas de sus rivales como un general que rompe la formación enemiga!
¡El oponente resultó ser el mismísimo patriarca de la familia Xu!
Gongyi Xiao juntó los puños en señal de respeto y se sumó a las alabanzas:
—En verdad, no puedo bajar la guardia ni un instante cuando me enfrento al Viejo Maestro Xu. Es un honor haber sido su rival en esta ronda.
El Viejo Maestro Xu rechazó los cumplidos con elegancia, aunque las comisuras de sus labios se elevaron complacidas. Era evidente que disfrutaba de la atención tanto de sus invitados como de sus sirvientes.
El murmullo en torno a la victoria del Viejo Maestro Xu sobre Gongyi Xiao terminó de desconcentrar al oponente de Shen Ruizhe. La partida concluyó cuando la varilla de incienso se consumió por completo, y el juez declaró a Shen Ruizhe vencedor indiscutible.
El Viejo Maestro Xu se puso en pie con una amplia sonrisa.
—Amigo mío, ha jugado muy bien. Llevamos de ronda en ronda desde esta mañana. Mis viejos huesos ya casi no aguantan más. ¿Qué tal si almorzamos todos juntos y después continuamos con la ronda final?
Shen Ruizhe respondió con una sonrisa cortés.
—Es un honor, Viejo Maestro Xu. Acepto encantado.