Epílogo extra
HAILEY
El corazón se me acelera cuando Harper Springs aparece en el horizonte, como si ya reconociese este lugar y lo reclamase como un hogar. Ha sido mi hogar desde que vine aquí para superar un bloqueo de escritora, pero ahora está a punto de convertirse en algo más.
Cole está a mi lado, conduciendo. Aparca el coche en la avenida principal, sin dejar de sonreír.
Una multitud se ha congregado ahí, con un cartel que reza: «Vienbenidos de nuevo, familia.
Encantados de ser parte de vuestra familia».
Cada vecino sostiene una letra. Me río sin poder evitarlo.
Ya he vivido este momento, pero no me importa repetirlo.
Nos bajamos del coche y enseguida escucho una discusión.
—Dos oportunidades hemos tenido y las dos las hemos hecho mal —protesta Amelia.
—Es por culpa de Molly, siempre se coloca la primera —gruñe Helen.
—Nunca queréis dejarme la primera, pero mi letra es más bonita, ¿por qué tengo que estar ahí detrás? Debería ser la que viese antes, y no esa horterada que ha hecho Ruth.
Siguen peleando entre ellas, pero ya no las escucho porque Maggie viene a abrazarme. Hace un gesto a Cole para que se acerque también y nos envuelve a los dos con cariño.
—Qué bien que estéis por fin aquí, todavía no me lo puedo creer.
—Ya teníamos ganas de volver a casa —asegura su hijo.
Hace más de un año que no vemos a la mayoría, pues nuestras últimas visitas han sido fugaces. Saludamos a todos los vecinos, sin entretenernos demasiado. Nos están esperando en otro lugar.
El camino hacia el Residencial Woods está precioso, con esos tonos verdes, amarillos y lilas que acompañan a la primavera. Soy del team otoño, pero mi hermano y Cami tenían razón cuando aseguraban que así también tiene su magia.
Nos encaminamos directamente a la cabaña del lago. Dejamos el coche ahí y nos volvemos hacia el embarcadero.
Queríamos pasar a saludar a los vecinos, pero apenas nos hemos quedado porque nuestros amigos están aquí, esperándonos con una gran sonrisa.
Luke, Camille, Sean, Adam, Taylor, incluso Jenna.
Ella llegó hace un par de días. Salió a la vez que el camión con las cosas de la mudanza, decidida a hacernos este último favor.
Nadie se lo pidió, pero se empeñó tanto, que no pusimos problemas.
Tampoco me quejé demasiado: odio las mudanzas, aunque me guste el resultado.
En este caso, por ejemplo, estamos volviendo a un lugar que tanto Cole como yo consideramos hogar.
Él me coge de la mano mientras caminamos hacia las tablas de madera.
—No tiene mala pinta, ¿eh? —comenta sonriendo.
Sé a qué se refiere. A la vida aquí. A tener a nuestros amigos y familiares a unos metros de distancia.
—¡Bienvenidos! —exclaman todos a la vez en cuanto estamos lo suficientemente cerca.
Abrazo primero a Luke. Mi hermano me aprieta con fuerza. Quizá haya cambiado en este tiempo y ya no sea tan sobreprotector, pero el cariño entre nosotros no ha cambiado.
—Ya se os echaba de menos —afirma.
—Yo también os he extrañado. Ahora vamos a vivir a cinco minutos de distancia.
Luke se separa y se dirige hacia Cole, y yo hago lo mismo con el resto.
Abrazo a Jen, a pesar de que hemos estado juntas hace un par de días, a Cami, a Caden y a todos los demás.
Tras el saludo inicial, nos acercamos al lago para seguir hablando.
Alguien abre una botella de champán y reparte copas, incluso al niño le dan una, que rellenan con refresco. La de Cami solo lleva agua.
—Tenemos que brindar —anuncia Cami—. ¡Por Cole y Hails, que por fin se vienen a vivir a Harper Springs!
—¡Por la familia! —continúa Taylor.
—¡Y porque me abandonáis, cabrones! —protesta Jen, aunque choca su copa de todos modos.
—¡Tú también puedes venirte cuando quieras! —exclama Sean.
Todos rompemos a reír.
Doy un sorbo y observo al grupo. Han pasado los años, pero siento que, en esencia, todo sigue igual.
Hay etapas que se cierran y otras que se abren.
—¡Vaya cambio, tío! —dice Adam mirando a Cole—. ¿Vas a echar de menos a los Bills?
Cole ha aceptado ser el primer entrenador en los Broncos de Denver. La etapa de Búfalo ha quedado atrás para empezar una nueva. Durante la temporada regular y los playoff nos iremos juntos, pero el resto del año vamos a vivir aquí.
—He estado muy bien con ellos, pero ya tocaba cambiar. Así podemos estar con la familia. Todavía no me puedo creer lo mucho que ha crecido Caden.
Aunque lo sigo considerando un niño, ya es más alto que yo.
—A mí me da igual el equipo, siempre que me llevéis a los partidos importantes —deja caer él y todos reímos.
—¿Y qué tal llevas lo de ser hermano mayor? —pregunto yo—. ¿Te has hecho a la idea?
Camille se acaricia la barriga y Luke sonríe a su lado. Hace un tiempo que decidieron ampliar la familia. Les ha llevado más de un año, pero por fin está embarazada. Ha pasado cuatro meses de náuseas y cansancio y, pese a que han sido duros, sé que está tan feliz que todo merece la pena.
—Me va a tocar compartir trono, pero creo que estará guay. Lo malo es que va a ser niña.
—¿Tenéis ya el nombre pensado? —pregunta Jen.
—Sí —responde Cami.
Ella y mi hermano se miran un instante antes de volver la atención a mí.
—Se va a llamar Lucy —responde Luke al final.
Hay un silencio en el que siento cómo todos me evalúan, como si esperaran mi reacción.
—Me parece un nombre perfecto —afirmo y los ojos se me humedecen. Son lágrimas felices, porque me gusta el gesto. Luke está honrando la memoria de nuestra hermana y que lo haga solo es otra forma más de demostrar cuánto ha sanado por fin—. Vais a ser unos padres increíbles.
—Ya lo somos —interviene Cami—. Ahora lo seremos de dos.
—No me refería a… —empiezo, pero Luke me interrumpe antes.
—Caden también es mi hijo —asegura lleno de orgullo.
Él y mi sobrino se miran y se sonríen. Hace un año legalizaron ese asunto y Luke lo adoptó.
Ahora figura como su padre a todos los efectos, después de que él y Cami lo hablaran entre ellos.
Sin embargo, ya era su padre antes. Si algo hemos aprendido es que la familia también es la que se elige, y ellos se escogieron el uno al otro hace mucho tiempo.
Dylan quedó fuera de la ecuación, en cuanto los abogados de Luke se encargaron de demostrar que nunca había ejercido como padre y no tenía derechos sobre él.
De todos modos, tampoco ha vuelto a ponerse en contacto con Cami.
—¿Y tú qué tal? —pregunta Tay—. ¿Con qué estás ahora?
—Bueno, yo todavía estoy en una nube —afirmo.
—Normal, tía. No todos los días te compran los derechos para adaptar tus libros, y te ponen ese reparto —bromea Jenna.
—¿Van a adaptar tus libros? —alucina Sean.
—¿Qué reparto? —pregunta a la vez Cami.
—Amazon Prime va a hacer una serie de La última canción oscura —explico—. Y, podéis chillar conmigo, porque han elegido a Jacob Elordi para hacer de Evony —grito y las chicas se unen a mí.
—¡Tía, qué pasada! ¿Vas a conocerlo en persona? —exclama Tay.
—¿Te imaginas? ¡Eso sería un sueño!
—Os recordamos que seguimos aquí —menciona Adam, bromeando—. ¿Quién hará de Farah y los demás?
—De momento se encuentra en una fase en la que están eligiendo el casting , pero ya tenemos a Evony. Os iré informando.
—¿Y a ti cómo te va, Jen? —se interesa Sean.
Han pasado años desde que se acostaron una vez, a él le dio esperanza, a ella le dio vergüenza, y lo dejaron estar. Sean siempre ha mostrado interés en mi amiga, pero de la misma manera que lo muestra en todas las mujeres.
—Jen ascendió a editora —informo por ella, al ver que no dice nada.
—La revista tiene una sección que dedica a mujeres importantes del país —explica—.
Es una de las más queridas por el público, así que decidieron ampliarla y ahora tenemos otra para incluir a mujeres jóvenes que empiezan a destacar en algún ámbito, sobre todo relacionados con cultura, política y deporte.
¿A que no adivináis quién es la siguiente entrevistada?
—¿Sidney Sweeney? —se prueba Sean.
—¡Hailey! —responde Jen, que creo que no ha llegado ni a escuchar su respuesta.
—¡Enhorabuena! Parece que todo os va genial, chicos —comenta Adam—. Me alegro, de verdad.
—¿Qué tal están Isla y Theo? —se interesa Cole.
—Igual de revoltosos que siempre.
Adam y Tay fueron los primeros del grupo en ser padres. Sus mellizos tienen ya dos años y son encantadores, pero de los que no paran nunca.
—Los peques están bien, el tío Sean los cuida mucho —interviene el aludido—, pero no cambiemos de tema todavía. ¿Qué vas a hacer tú, Jen? ¿Te vas a quedar en Nueva York?
—Hails y yo vamos a seguir teniendo nuestro piso allí, pero no nos vamos a engañar, sé que ella vendrá mucho menos ahora.
Yo puedo trabajar desde cualquier rincón del país, a decir verdad, así que es lo que voy a hacer.
Creo que voy a dedicarme un tiempo a viajar, pero también vendré más al pueblo.
Ya he hablado con Cami para que me reserve una habitación durante todo el año en la cabaña.
—¿Todo el año? —repite Sean y casi se atraganta.
—No voy a quedarme aquí tanto tiempo, no te asustes. La reservo todo el año porque no sé cuándo iré y vendré, por lo que así la tengo segura.
—Cuando se trata de ti, siempre se asusta —bromea Luke.
—Bueno, eso ya se irá viendo. Yo soy una mujer soltera, tú eres un hombre soltero… —deja caer. Los ojos se Sean se abren muchísimo, como si esas fuesen las últimas palabras que esperase—. Me considero bastante madura e independiente. Siempre y cuando aceptes que sea solo sexo, podemos…
—¡Acepto! —grita antes de que termine la frase.
Todos nos reímos. Las conversaciones siguen así, entre bromas y buenos momentos, fluyendo entre un grupo de amigos que se ha convertido en familia.
Poco a poco, empiezan a retirarse. Primero se van Taylor y Adam, que tienen que recoger a sus pequeños.
Después se va Jen, seguida de un Sean muy poco sutil.
Cami también anuncia que está cansada, mientras se acaricia la barriga sin dejar de sonreír.
Caden y Luke se levantan con ella. Mi hermano se coloca detrás para tocar el vientre de la misma manera.
—Lucy va a ser la bebé más afortunada del mundo —comenta Cole mientras lo ve alejarse—. Cami se encargó sola de Caden y fue una madre increíble. No quiero imaginar ahora con alguien como Luke a su lado.
—Y nosotros vamos a ser sus tíos favoritos —afirmo.
Empezamos a recoger todo en el embarcadero, pero apenas conseguimos quitar un par de cosas. Escuchamos un trueno, luego otro, y enseguida rompe a llover con fuerza. Cole me coge de la mano y entramos juntos a nuestra cabaña, empapados. Me recibe el olor a fuego, a hogar.
Cole me abraza desde atrás y me da un beso rápido en el cuello.
—Por fin en casa —murmura contra mi oído.
Me provoca un escalofrío que esté tan cerca, pero me limito a sonreír.
—Yo también echaba de menos la cabaña.
Aquí fue donde todo empezó entre nosotros, donde nos conocimos y nos enamoramos. Quizá, también, un lugar importante para Luke y Cami.
Esta cabaña es un lugar mágico, cargado de buenos recuerdos y a la espera de fabricar muchos otros que todavía están por inventar.
Cole me da la vuelta y me dedica una mirada profunda, intensa.
—Adoro este sitio, pero no me refería a eso. Me refería a ti. A nosotros.
Me da un nuevo beso, que nada tiene ya de ligero ni de rápido. Me levanta sin esfuerzo y se encamina hacia nuestro dormitorio.
Yo se lo devuelvo, con el pecho hinchado de felicidad, de amor, de ganas por descubrir lo que sea que nos depare el futuro.
No importa si es bajo la lluvia, si es tras la tormenta, mientras sigamos siendo familia, nuestro hogar siempre estará en Harper Springs.