Traición y Sangre II (Draghi 2) Capítulo 36
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Capítulo 36

Matthew

¿Cómo le hago entender que me importan una mierda las cicatrices que marcan su piel? Para mí, sigue siendo la criatura más jodidamente hermosa de este universo.

Sería tan fácil decírselo, pero sé que las palabras vacías no sirven de nada. No van a cambiar la forma en la que se mira al espejo. Tendré que demostrárselo con hechos, grabarlo en su cuerpo hasta que lo entienda.

— Tesoro —murmuro, secando la humedad de sus mejillas con los pulgares—. Ven aquí.

Le tiendo la mano y la guío hacia el sofá de cuero del salón. Maddox me sigue dócilmente y se deja caer a mi lado; aún tiembla, pero la cercanía parece haber aplacado un poco su pánico.

—Podemos hacer lo que tú quieras, al ritmo que tú marques —le aseguro, trazando la línea de su mandíbula con extrema lentitud.

Mi mano desciende por su cuello, rozando la curva de su hombro, y ella exhala cerrando los ojos—.

Podemos ver una película. Podemos meternos en la cama y dormir sin rozarnos.

—Me inclino a un milímetro de sus labios—.

O puedo hacerte el amor a oscuras... —Rozo su labio inferior con la lengua y siento su estremecimiento—.

O con las luces encendidas. En la cama, contra el piso.

Mierda, Maddox, puedo hacerte el amor donde y como me lo pidas.

Corto la distancia y la beso. Ella se rinde por completo.

Sus manos se enredan con desesperación en mi cabello.

La tomo por la cintura y tiro de ella hasta sentarla a horcajadas sobre mi regazo.

El contacto directo de su centro contra mí exige todo el puto autocontrol que poseo para no follarla salvajemente en este mismo instante. Pero no, lo haré como ella quiera.

Mis manos acarician sus brazos, subiendo hasta sus hombros y deslizándose por su espalda hasta encontrar la cremallera del vestido. La bajo con una lentitud tortuosa.

— Tesoro ...

—Fantasma... —gime contra mi boca.

Una sonrisa de pura satisfacción tira de mis labios. Escuchar ese apodo, sabiendo exactamente lo que significa para nosotros, quiebra el último hilo de mi cordura.

—Por favor... —suplica.

No necesita decir nada más. Termino de abrir el vestido y dejo que las mangas se deslicen por sus brazos hasta que su pecho queda completamente al descubierto.

Me aparto de su boca solo para admirar la perfección de sus senos desnudos frente a mí.

La imagen me golpea directo en la sangre, provocando un tirón doloroso en mi polla.

Maddox se mueve, friccionando su sexo contra mi entrepierna, y mis manos se hunden en sus caderas, deteniéndola en seco.

—Para —advierto, con la respiración pesada—. Para, o me voy a correr antes siquiera de probarte.

Una risa suave brota de sus labios.

—Deja de decir esas cosas —murmura, volviendo a buscar mi boca—. Solo quieres hacerme sentir bien...

—Si te contara la cantidad de veces que me he masturbado pensando en tenerte exactamente así, Maddox, perdería la cuenta. —Ella se muerde el labio inferior, provocándome, y le doy una palmada seca en el trasero que le arranca un gemido—. Pórtate bien.

—Pero...

Antes de que pueda rebatir, hundo el rostro en sus pechos.

—Oh —exhala.

Aspiro su perfume y muerdo con delicadeza la piel tersa.

—Mierda, Matthew...

—Mmh —gruño en respuesta, trazando un camino húmedo con la lengua hasta alcanzar su pezón. Lo rodeo lentamente—. Eres perfecta.

—Matthew... —gime en cuanto mi lengua vuelve a masajear el pico endurecido-

—Me he masturbado imaginando cómo suena mi nombre en tus labios de esta puta manera. —Tiro de su pezón con los dientes, un tirón fuerte que me gana un chillido agudo. La sangre me hierve de pura excitación—. Quédate quieta, tesoro . Necesito probarte entera.

Succiono la punta hasta que se pone rígida, llevo mis propios dedos a su boca, obligándola a chuparlos. Me entiende sin necesidad de instrucciones. No aparto los labios de su pecho mientras observo fascinado cómo su lengua envuelve mis dedos con obediencia.

Cuando están lo suficientemente mojados la llevo hasta su pezón sensible y lo pellizco, robándole otro gemido. Bajo la mano libre, deslizándola por debajo de la falda de su vestido hasta encontrar la fina tela de su braga de encaje.

Me aparto de su pecho para mirarla a los ojos. Llevo la otra mano a su garganta, envolviendo su cuello, y presiono lo justo para hacerle saber quién tiene el control. Maddox abre los ojos de par en par.

—¿Fuiste a cenar con otro cabrón usando unas bragas así? —La veo tragar en seco—. ¿Por qué te gusta tanto provocar mi lado más psicópata, Maddox?

—No me gusta... —jadea. Sus caderas tiemblan—. Oh... —gime en cuanto presiono el dedo medio contra la seda empapada—. Matthew...

—Espero que hayas estado pensando en mí.

—Siempre pienso en ti.

Sonrío.

—Buena chica.

La atraigo hacia mí y la beso con dureza mientras aparto la tela a un lado, acariciando directamente sus pliegues resbaladizos.

—Estás perfecta —susurro contra su boca—. ¿Así de empapada estás por mí? —Asiente, mordiéndose el labio. Aprieto un poco más los dedos en su cuello, sacándole un jadeo roto—. Dilo.

—Sí —confiesa con esfuerzo, cerrando los ojos al sentir la yema de mi dedo abriendo su entrada—. Mi coño se moja solo por ti.

Mierda.

—Si me sigues hablando así, mi polla va a explotar aquí mismo —murmuro.

Aumento la presión en su garganta; ella gime, arqueando la espalda, y se balancea instintivamente sobre mi mano.

Sonrío, cruel y hambriento. Todavía no voy a embestirla; quiero empujarla hasta el límite—.

¿Quieres que te folle con los dedos, tesoro ?

Asiente frenéticamente. Ajusto el agarre en su cuello hasta notar que su respiración se vuelve superficial. Debería controlarme, pero ver cómo se deshace cada vez que aplico fuerza me confirma lo mucho que le gusta.

—Voy a necesitar que uses las palabras, tesoro . Dímelo.

—Sí... por favor... —gime.

Llevo otro dedo a su entrada. Acaricio la abertura de arriba hacia abajo, apretando la mandíbula al verla retorcerse de placer.

—Fantasma, por favor...

—Quiero que te folles mis dedos, Maddox. —Abre los ojos; el verde de su iris brilla de forma salvaje—. Vamos, nena. Demuéstrame cuánto me has deseado estos años.

Y entonces se deja caer. Hundo dos dedos en su interior y un gemido ronco brota de ambos a la vez. Joder. ¿Tiene que sentirse tan jodidamente estrecha? Si así reacciona con mis dedos, mi cerebro ni siquiera puede procesar cómo será hundirme en ella de verdad.

Sus manos se aferran a mis hombros y empieza a moverse con urgencia. El salón se llena con el eco de sus gemidos y el sonido obsceno de sus fluidos empapándome la mano.

Mi polla palpita violentamente contra la ropa. Si no detengo esto, voy a destrozar cualquier plan de ir despacio. Necesito estar dentro de ella, pero antes, necesito probar su sabor.

—Mierda, tesoro , espera...

—No —protesta entre jadeos, acelerando el ritmo—. ¿No querías esto?

—Sí, pero...

—¿Qué? —Se inclina, sacando la lengua para lamer mis labios. Aprieto su cuello y ella jadea, cabalgando mi mano sin piedad—. No tienes ni puta idea de las veces que soñé con esto.

La miro a los ojos. Su sexo se contrae violentamente alrededor de mis dedos. Está al borde.

—Dime... —exijo con la respiración rota.

—Imaginando cómo me follas... con tus dedos, con tu lengua... con tu polla...

—Maddox —advierto en un gruñido—. Vas a hacer que me corra.

—Tú harás lo mismo conmigo. —Suelta una risa perversa antes de besarme—. Así que hazlo. Lleguemos juntos.

La atrapo contra mí, besándola con brutalidad mientras sostengo firmemente su cuello.

Maddox aumenta la velocidad, ordeñando mis dedos con una fricción que me vuelve loco.

El orgasmo me golpea con la fuerza de un puto tren de mercancías.

Quiero que ella lo disfrute más que yo, pero al diablo con todo.

Suelto su cuello, agarrándola de las caderas para anclarla a mí. Si así es como cabalga mi mano, voy a morir viéndola hacerlo con mi polla. Maddox esconde el rostro en mi cuello, su lengua trazando la línea de mi mandíbula.

Grito su nombre en el instante exacto en que el orgasmo la rompe. Su cuerpo entero tiembla, colapsando contra el mío, mientras yo clavo los dedos en su cintura, sintiendo cómo mi propio líquido caliente inunda mi ropa interior.

El silencio denso se apodera del apartamento, interrumpido solo por nuestras respiraciones irregulares.

Enredo una mano en su cabello y tiro de su cabeza hacia atrás.

Me mira con una mezcla de aturdimiento y curiosidad que me excita de nuevo.

Lentamente, retiro mis dedos de su interior.

Ella suelta un sonido de protesta que se convierte en un jadeo ahogado cuando me llevo los dedos a la boca, limpiando y saboreando su esencia frente a sus ojos.

—Matthew...

—Mmh. —Relamo mis labios—. Eres exquisita.

Se muerde el labio inferior, las mejillas teñidas de un rojo precioso. La mezcla de vulnerabilidad y puro fuego me revienta la cabeza. Un nuevo latigazo de sangre me golpea la ingle, endureciéndome de nuevo.

Maddox abre los ojos, bajando la vista hacia el bulto obvio que vuelve a tensar la tela de mis pantalones.

—¿Cómo...? —susurra, incrédula.

Una sonrisa arrogante se abre paso en mi rostro.

—He pasado la mayor parte de mi puta vida fantaseando contigo —confieso, sin una gota de vergüenza—. Así que mi polla no va a descansar hasta tenerte de todas las formas posibles.

—Matthew... —ríe, negando con la cabeza.

Suelto su cabello y dejo caer las manos a los costados del cuerpo. Maddox alza una ceja, confundida por mi repentina falta de movimiento.

—Vas a tener que limpiar el desastre que provocaste, tesoro —ordeno en un susurro grave. Sus ojos se abren de par en par. Levanto la mano húmeda con la que acabo de follarla—. Yo ya hice mi parte.

Maddox no discute. Se muerde el labio y se desliza fuera de mi regazo con lentitud. El vestido le cuelga por debajo de los pechos, arrugado hasta la mitad de los muslos. Tengo que clavar las uñas en mis palmas para no arrancárselo a tirones.

Se arrodilla entre mis piernas. Sus manos van directas a la cinturilla de mis pantalones, manteniendo el contacto visual mientras los baja, obligándome a alzar la cadera para ayudarla.

Sus labios se separan ligeramente al tener mi polla rígida frente a su rostro.

Es un absoluto desastre. Mi semen mancha el tronco y la piel de mi ingle.

—Matthew... —traga en seco, la voz temblorosa—. ¿Cómo demonios va a entrarme eso?

Suelto una carcajada. Llevo la mano a su nuca, empujándola suavemente hacia adelante.

—Luego nos preocuparemos de eso. Ahora, limpia.

Una sonrisa maliciosa curva sus labios y mi polla da un respingo instintivo. Se inclina hacia mi entrepierna y, sin romper el contacto visual, pasa la lengua por mi piel.

Tiro la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos, soltando un gemido ronco desde el fondo del pecho. El calor de su boca tomando cada gota de mí es la puta gloria.

— Tesoro ... —jadeo, sintiendo cómo su lengua sube por el tronco—. Mierda, eres perfecta. —El roce de sus labios me quema—. Espera...

La aparto por los hombros y me mira, desconcertada.

—Pero dijiste...

—Dije que necesito probarte.

Antes de que pueda quejarse, me levanto frente a ella, la agarro por el torso y la levanto del suelo. Sus piernas se enredan instintivamente alrededor de mi cintura mientras empiezo a caminar por el salón.

—Matthew, ¿a dónde vamos? —pregunta, cortándose en cuanto el borde de la mesa del comedor choca contra sus muslos. Mira hacia atrás, sorprendida—. ¿Qué...?

—Dije que te follaría contra cada maldito rincón de este apartamento —murmuro, aplastando su boca con un beso feroz—. Y soy un hombre de palabra.

La dejo sobre el cristal y me dejo caer de rodillas sobre el porcelanato frío. El dolor en las rodillas me importa una mierda. Le separo las piernas con fuerza, y la carcajada nerviosa que suelta se convierte en un grito largo y agudo en el segundo en que hundo la lengua entre sus pliegues.

—¡Oh, Matthew! —gime, enterrando ambas manos en mi pelo, aferrándose como si se estuviera cayendo—. Dioses...

—Aquí no hay ningún Dios, Maddox —susurro contra su centro hinchado y goteante, sintiendo su temblor contra mis labios—. Solo yo. Y me muero por devorarte.