Traición y Sangre I (Draghi 1) CAPITULO 17 #2
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CAPITULO 17 #2

—¿Por qué? —dice sin entender—¿Porque eres la hija de un mafioso?

—Exacto —inhalé una gran bocanada de aire—. Me prepararon para esto Max, es la primera vez que Levi me deja sola sin niñera y me pasa esto. ¿Cómo puede creer que podré hacerme cargo de Draghi ? ¿Cómo si ni siquiera puedo disparar un arma cuando es necesario?

—Disparaste…

—Porque me hiciste reaccionar, ¿qué habría pasado si tardaba un poco más? Te habrían lastimado, aún peor y yo… ¡Dios! ¡Ni siquiera reaccioné!

—Estas siendo muy cruel contigo misma —murmuró mientras sus dedos dibujan círculos invisibles en mis piernas, no me contuve y acerqué mis dedos a su cabello, lo acaricié despacio al principio, con duda, pero al ver que no se resistía hundí mi mano por completo y cerró los ojos un segundo, como disfrutando del tacto.

De las caricias. No sabía qué ocurría, pero por un momento no me importó nada más, quería detener el tiempo y permanecer en esta burbuja de irrealidad porque definitivamente no podía estar pasando este momento en la vida real—.

¿Es la primera vez que te enfrentas a algo así?

Su voz sonaba baja, débil, relajada, dulce…

Era un veneno.

—Cuando tenía once años presencié como mi padre le cortaba el dedo meñique a un hombre que hasta ese momento era su socio —encogí los hombros—. Supongo que no cumplió con el omertá y era la forma de cobrarse de Levi.

Sus ojos se abrieron de par en par, pero no se movió ni un poco.

—¿Por qué lo presenciaste?

Dudé un instante.

—Esta casa está llena de pasadizos y pequeños recovecos que, a menos que conozcas la arquitectura y el diseño que se usó, no podrías adivinarlos.

Levi me enseñó algunos para que supiera por donde escapar en una situación límite, descubrí los demás con el tiempo —suspiré, no debería hablar de esto con nadie, Levi me prohibió mencionarle los pasadizos a otras personas pero no siento que deba preocuparme con él—.

Ese día me había escondido en un pequeño espacio entre las paredes de mi habitación y descubrí que era más que un escondite, era un pasadizo que me llevaba a distintos puntos de la casa, uno de ellos era el despacho de mi padre —bajé mis dedos por su mandíbula, recorriendo el contorno de su cara y noté como dejaba escapar el aire—.

No tenía que presenciar esa escena, pero allí estaba yo, escondida entre las paredes.

Creo que fue la primera vez que comencé a ser consciente del verdadero trabajo de mi padre.

—Eras una niña —fue un comentario en voz baja, un pensamiento que menciona al aire.

—Está bien, de alguna forma tenía que saber que ocurría en realidad.

—Sí, pero… eras una niña. ¿Tu madre…? ¿No pasabas tiempo con ella aquí? ¿Cómo es que te dejaban sin supervisión?

—Levi no es de confiar en cualquier persona, así que jamás tuve niñera.

—¿Y tu madre? —insistió.

Me removí incómoda.

—Ella nunca estuvo aquí.

—¿En esta casa?

—En esta casa, en mi vida…

—No tenía idea —dijo con sorpresa—. Es decir, siempre supe que el jefe tenía una hija y asumí que entonces tenía una esposa… Lo siento.

—No te disculpes —le sonreí con tristeza.

Bajó la vista y posó sus ojos en un punto inexistente, cualquiera pensaría que estaba viendo mis piernas, pero sabía que no, estaba ensimismado en sus pensamientos, como si lo que le acabara de confesar fuera un factor determinante y ahora parecía no tener sentido para él, y por alguna extraña razón me picó la curiosidad. Quería saber qué estaba pensando.

—¿En qué piensas? —murmuré.

Alzó la vista y sus ojos se clavaron en mis labios. Sus ojos marrones tenían algo llamativo, me gustaban. Pasé la lengua de forma inconsciente y me acerqué un poco más a él, sus dedos en mis muslos ejercieron más presión.

Algo denso se instaló entre nosotros, noté como su respiración se aceleraba y mi piel se erizaba en respuesta a su cercanía, al deseo, a la necesidad.

Quizás era la adrenalina y todo lo que había ocurrido, quizás mañana nos arrepentiremos, pero ahora ambos estábamos deseosos de lo mismo.

Ambos queríamos volver a experimentar lo del viernes, sentir el sabor del otro, el calor del otro, su cuerpo y el mío encajando a la perfección.

Su mano ascendió por mi muslo, delineando la curva de mi cuerpo y recordé que nadie me había visto así.

La única vez que había tenido sexo en mi vida fue en una cama, rápido y con mucha oscuridad, no recordaba su nombre, pero estaba segura que no me había tocado de la forma en que Max lo hacía ahora, no me miró con ese hambre y deseo centelleando en su mirada.

Sus ojos buscaban alguna señal que le indicara que esto era un error y si debía dársela algo en mi cerebro no estaba funcionando porque en lo único que podía pensar era en lo húmeda que me encontraba.

—Maddox —ahogó un jadeo.

No lo pensé y me acerqué, enmarqué su rostro con mis manos y lo atraje con cuidado hacia mí, no tenía problemas en tomar la iniciativa, pero sabía que estaba herido, tenía que ser cuidadosa… y al mismo tiempo quería arrancarle el resto de la ropa.

Mierda. ¿En qué momento había empezado a pensar de esta manera? ¿Cómo es que con Máximo parecía dispuesta a dejarme llevar por mis deseos y debilidades?

—Princesa —dice con voz ronca.

La palabra flota en el aire y solo puedo pensar en lo bien que se escucha con su voz, en lo bien que se siente la forma en la que me mira o su mano sosteniendo mi cintura con fuerza...

—Tiene que ser una broma.

Un gruñido. La electricidad regresó.