Traición y Sangre I (Draghi 1)
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PROLOGO
Dicen que el destino es un hilo.
El mío siempre estuvo empapado en sangre antes incluso de que yo aprendiera a caminar.
Ahora lo sé, no existía otra salida. Tal vez, por mucho que intentáramos quemar el mundo para construir algo nuevo sobre las cenizas, nuestro final ya estaba escrito en las sombras de nuestros apellidos. En este mundo, el amor no es un refugio; es una debilidad que se paga con una bala.
Si nuestros nombres no pesaran tanto como el plomo, quizás la idea de un «nosotros» no habría sido una sentencia de muerte.
Pero lo fue. Lo comprendo ahora, con el sabor amargo de la traición quemándome la garganta.
Observo esos ojos. Esos malditos ojos que una vez me desafiaron y me atraparon, perdiendo ahora su chispa, apagándose como una vela consumida por la oscuridad.
La realidad no me golpea; me atraviesa como un asteroide colisionando contra tierra muerta.
El hilo rojo de sangre que brota de sus labios es la última evidencia.
Con cada gota que cae al suelo, se desvanece cualquier posibilidad de un mañana.
Me obligo a no apartar la mirada. En nuestra familia, la piedad es un pecado capital y las responsabilidades se graban a fuego. Llevar nuestro apellido no es un honor, es una cadena que nos obliga a mutilar nuestro propio corazón para sobrevivir.
Bajo el arma con una lentitud que duele. El acero es solo un objeto inerte, pero yo dejé de sentir mis propios latidos mucho antes de apretar el gatillo. Mis ojos siguen el rastro carmesí que se expande por el suelo, una mancha que nunca podré limpiar de mi conciencia, antes de dar media vuelta.
Me repito que así es como debe ser. En este nido de dragones y serpientes, nunca hubo espacio para los dos.
Las reglas son simples: devorar o ser devorado.
Solo uno de nosotros podía quedar en pie.
Mejor ser yo.