Ámalo.
GAËL SE DESPERTÓ CON UNA Juliette desnuda en sus brazos, mientras los dedos de ella le acariciaban delicadamente el miembro, ya palpitante.
Una risita entrecortada escapó de los labios de Juliette cuando Gaël se movió sin previo aviso, y de pronto se encontró tumbada de espaldas mientras su tutor se cernía sobre ella, con el rostro casi etéreo bajo los rayos dorados de sol que entraban por la ventana del dormitorio.
—Nos hemos perdido el desayuno —susurró ella.
—Yo no...
Abrió los ojos de par en par. ¿Se había despertado antes sin que ella lo supiera?
—Porque estoy a punto de comerte a ti.
¡Oh!
Era tan impropio de Gaël decir algo así que no pudo evitar reírse, y al parecer su tutor había pensado lo mismo, a juzgar por cómo se le habían sonrojado los pómulos marcados.
—He perdido la cabeza por tu culpa —gruñó él.
—Pero me gusta —susurró Juliette con una sonrisa.
Él puso los ojos en blanco, y aunque esto la hizo reír de nuevo, solo duró un momento, porque Gaël inclinó de repente la cabeza para besarla.
Aaaaaaah.
El cuerpo de Juliette se amoldó a la forma musculosa de Gaël mientras la lengua de él se adentraba en su boca y comenzaba a acariciarle el pecho.
La carne se le hinchó bajo su tacto, y cuando los labios de Gaël descendieron por fin para cerrarse sobre un pezón erguido, Juliette solo pudo gemir su nombre mientras le rodeaba la cintura con las piernas.
Gaël gruñó al sentir que Juliette le frotaba el sexo húmedo y suave contra el miembro. En un principio había planeado tomárselo con calma, ya que la noche anterior la había dejado lánguida y exhausta en sus brazos. Pero con lo que Juliette estaba volviéndolo loco otra vez...
—Gaël, te quiero dentro de mí, por favor.
Joder, joder, joder.
—Cariño, por favor.
—Maldita sea, Juliette.
Pero ya era demasiado tarde; las palabras de ella habían destruido su control, y Gaël se incorporó de rodillas con las piernas de Juliette aún enlazadas alrededor de su cintura.
Juliette abrió los ojos de par en par al darse cuenta de lo que aquello significaría, pero justo cuando estaba a punto de suplicarle, temerosa, que por favor, por favor fuera delicado...
Oooooooh.
Ya estaba haciendo lo contrario. La penetraba más duro y más bruscamente que nunca, y gracias a Dios, porque se sentía tan, tan bien...
—Gaël, oh, Dios, sí.
El cuerpo de Juliette se arqueó mientras arañaba las sábanas sin poder evitarlo. Sentía como si aquel miembro grande y duro estuviera a punto de desgarrarla, y no podía esperar a que sucediera.
Oh, por favor, Gaël, por favor.
La necesidad en la voz de ella lo hizo ceder, y mientras se hundía en ella una última vez, Juliette gritó al alcanzar el clímax, y él gruñó su nombre mientras derramaba su semilla en lo más profundo de ella.
Juliette aún tenía los ojos cerrados, y su cuerpo suave se desplomó contra el de él cuando Gaël se retiró a regañadientes. Se incorporó y contempló a su pupila, y se le encogió el pecho ante la visión de ella.
¿Cómo había tardado tanto en darse cuenta de que estaba enamorado de ella?
Gaël ni siquiera sabía cómo o cuándo había empezado. Lo único que sabía era que le había entregado el corazón, y saberlo lo aterrorizaba.
La última vez que se enamoró, acabó fallándole a la mujer que había jurado amar y proteger, y en un momento de debilidad y egoísmo, su propia esposa había causado la muerte de su pequeña.
Aunque sabía que Juliette nunca podría hacer algo así, ¿qué pasaría si era él quien volvía a arruinarlo todo? ¿Sería capaz de dejarla marchar si ella quisiera dejarlo? ¿O sería mejor no arriesgarse a que ella conociera sus sentimientos?
Juliette se esforzaba por no llorar. ¿Cómo podía todo ser tan hermoso y perfecto entre ellos un momento... y tan dolorosamente desolador en un abrir y cerrar de ojos?
Incluso con los ojos cerrados, podía sentir la mirada de Gaël sobre ella... mientras el aire a su alrededor se iba cargando poco a poco. Era casi como si su tutor, que era el epítome de la fuerza y el poder, tuviera miedo... y ella estaba igual de asustada, porque intuía exactamente por qué.
Las otras pupilas solían burlarse de ella por verlo todo de color de rosa cuando se trataba de Gaël.
Pero eso no era cierto en absoluto.
Otros podrían insistir con vehemencia en que su tutor era cruel y despiadado, pero ¿cómo iba a estar de acuerdo con eso cuando él siempre había sido dulce y tierno con ella?
Gaël siempre sería su príncipe azul, y cuando recordó cómo él le había prometido la primera vez que la protegería...
Nunca dejaré que nadie te haga daño.
También sabía que su tutor querría cumplir su palabra, aunque eso significara sacrificar la oportunidad de aumentar aún más su poder.
Y eso era lo que le daba miedo, ¿verdad?
Su tutor temía que ella se hubiera encariñado demasiado con él, y que acabaría haciéndole daño si se casaba con Emilia después de aquello.
—Juliette...
El tono íntimo de la voz de su tutor le provocó un dolor en el corazón. Él sin duda sabía que estaba enamorada de él, y eso significaba que le tocaba a ella hacer lo correcto.
Gaël se inclinó para besar a su pupila, pero justo cuando sus labios estaban a punto de tocar los de ella, Juliette negó de repente con la cabeza y él tuvo que echarse hacia atrás.
Era la primera vez que lo rechazaba, y entrecerró los ojos al ver cómo ella le rehuía la mirada mientras se incorporaba y se envolvía en las sábanas.
—¿Qué pasa? —exigió saber.
Juliette negó con la cabeza.
—No pasa nada.
Si eso era cierto, entonces ¿por qué seguía negándose a mirarlo? ¿Habría descubierto lo que él sentía por ella... y estaría pensando en cómo rechazarlo?
Gaël apretó la mandíbula.
—Mírame, Juliette.
La dureza de su voz la hizo estremecerse, pero a él le dio igual, y tras unos segundos más, Juliette por fin alzó la vista hacia él, y ver a su pupila conteniendo las lágrimas a duras penas le dieron ganas de golpear algo. ¿Tan terrible era la idea de que Gaël la amara?
—Lo sabes, ¿verdad?
Juliette apenas podía respirar. —¿Saber qué?
—Cómo me siento...
—Sí. Lo sé. —Era la primera vez que Juliette interrumpía así a su tutor, pero no tenía otra opción. Sabía que Gaël siempre prefería hablar con franqueza, pero también sabía que le mataría escucharle decir que no la amaba.
Gaël sintió un vacío en el pecho mientras Juliette luchaba por no llorar delante de él. Aquello solo podía significar una cosa, ¿no?
—¿Podemos hablar de esto...?
Juliette negó con la cabeza. —Preferiría que no. Y también s-sé que podrías sentir que tienes que hacer algo con estos... estos sentimientos —dijo Juliette entrecortadamente—, pero por favor... no lo hagas. Me basta con haber podido cumplir con mi deber como tu pupila.
Y ahí estaba, pensó Gaël con amargura. Mientras que para él hacer el amor con ella había cambiado su mundo por completo, Juliette consideraba todo lo sucedido entre ellos como un simple deber de pupila.
Pero como siempre era tan malditamente amable, esta era su forma de rechazarlo con la mayor delicadeza posible.
Juliette sintió que la cama se movía cuando Gaël se incorporó con rigidez. Apenas podía ver a través de las lágrimas que se esforzaba por contener, pero al final no había nada que ver: Gaël le había dado la espalda y se alejaba sin decir una palabra más.
La puerta se cerró en silencio tras él, y Juliette ya no pudo contener los sollozos.
Se había acabado.
Te quiero, Gaël. Te quiero, te quiero.
Y porque lo amaba, debía encontrar la forma de alegrarse por su tutor... si Emilia le pedía a Gaël que se casara con ella a cambio de su sangferia.