Tomada por los colmillos de mi guardián (La Alianza Real nº 5) Resoplido.
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Resoplido.

GAËL SE QUEDÓ MIRANDO a su pupila. No podía ser que hubiera escuchado a su dulce y tímida Juliette decir algo así. Imposible, se dijo, pero cuando estaba a punto de pedirle que repitiera sus palabras——

—¿Crees que es posible?

—¿Posible?

Se sintió como un completo idiota por repetir sus palabras, pero es que no podía creer que la hubiera oído bien. ¿De verdad le había preguntado——

—Que tomen mi sangferia.

—¿Eso?

Gaël apretó los labios.

¡Mierda!

Se dio cuenta de golpe de que tendría que haberlo previsto, teniendo en cuenta el tema de la clase del día anterior.

¡Mierda, mierda, mierda!

Era tan típico de su Juliette llevarlo todo al extremo. Siempre estaba tan deseosa de complacerlo... Recordó cómo en los primeros meses de su tutela, Juliette se quedaba despierta hasta altas horas estudiando libros de cocina Caro y madrugaba para prepararle el desayuno personalmente.

Aunque ese lado de ella era adorable a más no poder, a Gaël le incomodaba semejante trato, y por eso se había esforzado en hacerle entender a su pupila que él no era ningún dios al que adorar.

Le había costado casi un año entero convencer a Juliette de que actuara menos como una esclava y más como la pupila mimada que debería haber sido, pero aún hoy, Juliette seguía mirándolo con ojos de adoración.

De verdad parecía creer que él era incapaz de equivocarse, pero ¿y si las palabras de Jean Luc se estaban cumpliendo? ¿Y si una palabra equivocada suya pudiera hacer que su pupila cambiara de la noche a la mañana?

—Hablemos de esto en privado, ¿te parece?

Las palabras secas de su tutor hicieron que Juliette recordara de pronto dónde estaban, y fue entonces cuando se dio cuenta de que verlos juntos había atraído la atención tanto del personal del hospital como de los visitantes.

—Hora de colmillos —oyó susurrar a una enfermera, y cuando la amiga de esta se rio y se sonrojó al echar un vistazo a Gaël, Juliette también quiso sonrojarse.

Hora de colmillos era un término acuñado para las parejas de Caro y humano, y no pudo evitar emocionarse al pensar que otras personas aparentemente los veían así.

Pero cuando miró a Gaël, se le cayó el alma a los pies y su sonrisa se desvaneció.

Los rasgos cincelados de su hermoso rostro se veían mucho más duros, y no pudo evitar preguntarse si era por cómo las enfermeras los habían descrito.

¿Le disgustaría a su tutor la idea de que la gente la confundiera con su novia?

Al fin y al cabo, Jean Luc tenía razón, pensó Gaël con aire sombrío mientras esperaba a que su pupila subiera a la limusina antes de seguirla.

Puede que Juliette hubiera sido en su día la pupila más encantadoramente dulce que cualquier tutor pudiera desear, pero las chicas inevitablemente crecían y se convertían en jóvenes obstinadas, y ahí era cuando empezaban los problemas.

A Juliette se le encogió el corazón cuando su tutor optó por sentarse frente a ella en lugar de ocupar su asiento habitual a su lado.

Aunque la distancia entre ellos no era más que un par de metros, parecía insalvable e intimidante, y la expresión hermética de su rostro increíblemente hermoso solo la hacía sentirse más miserable y aislada.

Es que no estaba acostumbrada a que Gaël la mirara con tanta desaprobación, y eso le daba ganas de suplicarle perdón.

Ni siquiera sabía por qué esas palabras habían salido de su boca, pero así había sido.

Estaba tentada, muy, muy tentada de retractarse, pero cuando pensó que esas mismas palabras podrían ser su única oportunidad de estar con él antes de que se casara con alguien mejor——

Juliette alzó la barbilla, y su voz apenas tembló cuando preguntó:

—¿Podemos hablar de ello ahora?

—¿De qué?

Juliette no pudo evitar sentirse herida.

—Deja de fingir que no sabes de qué hablo, Gaël. No es propio de ti——

—¡Tampoco es propio de ti hablar de estas cosas!

Era la primera vez que Juliette oía un tono tan gélido en la voz de su tutor, y no pudo evitar sentirse herida aunque sabía que en parte era culpa suya por haberlo provocado.

Gaël estaba cada vez más tenso. No era ningún mojigato —ningún Caro que se preciara lo era—, pero es que no era propio de su pupila hablar de estas cosas delante de él.

—¿Por qué quieres hablar de esto de repente?

Juliette, recordando las palabras de Aprilynne, pudo responder con sinceridad a la pregunta de su tutor.

—Por algo que aprendí.

Gaël apretó la mandíbula. Como era de esperar, era culpa de ese maldito profesor que su pupila se comportara de forma tan extraña. Ese hombre tendría que dar explicaciones, pero mientras tanto, debía hacer lo posible por deshacer el daño corruptor que había causado.

—Sea lo que sea que hayas aprendido——

Juliette parpadeó al percibir el disgusto en la voz de su tutor.

—Primero deberías plantearte si tu fuente es de fiar.

—Lo es —le aseguró Juliette.

En todo caso, Aprilynne pecaba de demasiado honesta, y la chica mayor solía meterse en líos por su falta de tacto.

La irritación de Gaël aumentó al ver lo rápido que su pupila había respondido.

Ayer había sido solo el primer día de clases, así que ¿por qué Juliette avalaba la fiabilidad de su profesor con tanta seguridad?

¿De verdad conocía tan bien al hombre o la estaban influenciando otros factores?

Puede que el profesor Don Nadie no estuviera tan mal, pero Gaël esperaba más de su pupila, ¡maldita sea!

—Déjame preguntarte una cosa...

El tono gélido de su tutor la desconcertó, y Juliette se preguntó inquieta si habría pillado a Gaël de mal humor.

—Entre tu fuente y yo, ¿a quién consideras más fiable?

—Eh... los dos sois——

Juliette vio oscurecerse el hermoso rostro de Gaël y rectificó a toda prisa.

—Tú eres más fiable, por supuesto.

Lo siento mucho, Aprilynne, se disculpó mentalmente.

Gaël se relajó un poco al oír las palabras de su pupila.

—Si lo dices en serio——

—Lo digo en serio —afirmó Juliette con firmeza.

—Entonces me gustaría que confiaras en mí cuando te digo que es mejor que dejes correr este asunto.

Juliette se quedó atónita al principio, y luego frustrada. Inmensamente. ¿Se lo decía porque todavía la veía como una niña?

Gaël sintió la necesidad de añadir algo más cuando su pupila se limitó a mirarlo fijamente.

—La virginidad no es una herramienta—

Un sonido extraño lo interrumpió, y Gaël tardó un momento en darse cuenta de que Juliette había resoplado ante sus palabras, y ahora lo miraba horrorizada, como si ni ella misma pudiera creer lo que acababa de hacer.

¿Qué demonios estaba pasando?

Juliette solía ser dulce y delicada, pero justo ayer se le había escapado un pedo sin querer, y ahora había resoplado ante sus palabras como si fueran la mayor sarta de tonterías que hubiera oído en su vida.

Era adorable en cierto modo, pero también lo inquietaba porque su pupila no solía comportarse así.

—¿Ha pasado algo? —preguntó Gaël por fin—. Sabes que puedes contarme lo que sea, ¿verdad? Como tu tutor, es mi responsabilidad protegerte.

Juliette se mordió el labio con fuerza. Sabía que esta era su oportunidad de inventarse alguna excusa y que todo volviera a la normalidad, pero ¿era eso lo que realmente quería?

Pasaron unos segundos más y la mente de Juliette se puso a funcionar a toda velocidad. Esta era su única oportunidad de cambiar el rumbo de su futuro. Tenía que ser prudente y estratégica, así que lo primero era lo primero—

—Es solo que no creo que seas tú el más indicado para decir esas palabras.

Gaël arqueó las cejas ante el arrebato de su pupila. Juliette siempre había sido dócil como un cordero, y la parte de él que no estaba acostumbrada a que lo cuestionaran y desafiaran así no pudo evitar ponerse a la defensiva.

—Todo es una herramienta para ti—

¿Su pupila acababa de insultarlo?

—Pero en el buen sentido —aclaró entonces con tanta sinceridad que Gaël no supo si sentir exasperación o resignación.

Su pupila básicamente le estaba diciendo que era un cabrón despiadado, ¿no? Y lo era, y nunca había tenido problemas en admitirlo. Pero tratándose de Juliette, aun así terminaba describiendo su defecto como si también fuera una virtud.

Ella comenzó a retorcerse las manos, y los ojos azules de Gaël se entrecerraron. ¿Por qué estaba tan jodidamente nerviosa?

—No soy una niña, ¿vale? Sé que en el pasado solías frecuentar varias casas de subastas de virginidad—

Gaël tuvo la delicadeza de sonrojarse, aunque sintió la necesidad de defenderse.

—Aquellos fueron tiempos extraordinarios.

Solo habían pasado unos meses desde el primer ataque —le recordó con brusquedad—, y eso me volvió paranoico.

Quería hacerme más fuerte y estaba decidido a agotar todos los medios posibles para conseguirlo.

Todo lo que hice fue para cumplir con mi deber de proteger a nuestra familia.

A Juliette la conmovió que la considerara parte de su familia, pero al mismo tiempo sintió unas ganas tontas de llorar. El deber del que hablaba implicaba desvirgar a otras chicas, y el mero pensamiento la destrozaba.

Pero...

Lo hecho, hecho está, se recordó Juliette. Tenía que seguir adelante, así que se oyó decir:

—Eso es lo que yo también quiero.

Gaël se preguntó si había entendido bien. ¿Qué era exactamente lo que ella también quería?

—Yo también quiero cumplir con mi deber —recalcó Juliette—, y por eso me gustaría que el centro tomara mi sangferia—

¿Qué cojones?

—Y que la embotellen para ti.

Gaël no sabía si resoplar él también... o estrangular a su pupila por siquiera pensar semejante cosa.

—No es tu deber—

—Si lo que dijiste de que soy parte de tu familia iba en serio—

—Lo eres —dijo Gaël con brusquedad.

—Entonces todos tenemos el deber de proteger a la Casa Bellecourt —dijo Juliette con vehemencia—, y esta es mi manera de cumplir con el mío.

Las palabras de Jean Luc volvieron a atormentarlo mientras Gaël estudiaba el rostro sonrojado de su pupila.

¿Sería realmente esto? ¿Sería esto aquello que Juliette querría y él no podría darle?

Y si se lo negaba, ¿haría entonces algo estúpido, quizás algo tan rematadamente idiota como darle su sangferia a otro hombre solo para fastidiarlo?

Juliette apretó los puños sobre su regazo al ver que la expresión de Gaël se ensombrecía. Nunca la había mirado así, y tuvo que recordarse que todo esto era parte del plan.

—Está bien.

Juliette casi saltó del asiento por lo repentino de las palabras de su tutor.

—Dime qué sabes de la sangferia.

Juliette tragó saliva.

—Sé que si la fuente es alguien químicamente compatible, su extracción—

Dejó de hablar cuando su tutor negó con la cabeza.

—Ahí es donde te equivocas.

Juliette agachó la cabeza ante sus palabras.

—La sangferia pierde su potencia cuando se extrae indirectamente de cualquier manera —explicó Gaël con un gesto de desdén—. No puede ser, como tú no tan delicadamente lo expresaste, «extraída» y «embotellada» como si fuera un maldito agua milagrosa de pacotilla que luego uno puede vender en eBay.

Juliette mantuvo la cabeza agachada... porque no quería arriesgarse a que la descubriera.

No había nada de lo que Gaël hubiera dicho que ella no supiera ya, pero esto también era parte del plan.

Como no podía decirle que quería que él le quitara la virginidad, se había hecho la tonta para que el método apropiado de consumir la sangferia saliera de él.

Gaël se obligó a no ablandarse ante la imagen de su pupila con la cabeza gacha. Ella era quien había insistido en hablar de esto. Ella solita se lo había buscado. Ahora no le quedaba más remedio que atenerse a las consecuencias.

—La sangferia debe consumirse directamente de la carne de la fuente para maximizar su potencial. Además, la compatibilidad química de una fuente depende de numerosas variables, entre ellas el grosor del himen y el dolor que la fuente experimente durante su desfloración.

Aunque Juliette también había estudiado todos estos detalles sobre la sangferia, no pudo evitar sonrojarse cuando Gaël terminó de hablar.

Puede que el sexo no fuera un tema tabú para una raza que veneraba el placer, pero ella era humana, no Caro. Además, una cosa era leer sobre la virginidad... y otra muy distinta que fuera su propio tutor quien hablara del grosor del himen y del dolor de la desfloración.

¿En qué me he metido, Dios mío?

—Mírame, Juliette.

Juliette respiró hondo antes de alzar lentamente la mirada hacia él.

—Ahora que sabes todo esto, ¿sigues creyendo que cumplir con tu deber es buena idea?

Transcurrió un instante, y entonces la oyó susurrar «sí».

Mierda.

Gaël había pensado que a estas alturas ya la habría asustado, y que no fuera así lo dejó mirándola incrédulo. —¿Entiendes lo que estás diciendo? —exigió saber—. Cumplir con tu deber significa que me permites consumir tu sangferia en su estado más crudo y fresco.

Oh, Dios.

Solo con oír a Gaël decir tales cosas sobre ambos, se le encogieron los dedos de los pies.

—También podría implicar que te arrebate el himen de la forma más dolorosa posible.

Los sentidos de Juliette se tambalearon.

Oh, Dios.

Oír a Gaël pronunciar palabras tan descaradamente sexuales, y saber que iban dirigidas a ella, emocionó y aterrorizó a Juliette a partes iguales. Pero más que eso, hizo que su cuerpo deseara...

Tirarse un pedo

¡Ay, no, quería decir estremecerse!

Gaël arqueó una ceja cuando su pupila emitió de pronto un sonido ahogado... justo cuando su cuerpo desprendió un aroma que le hizo dilatar las fosas nasales.

¿Qué demonios?

No era ningún muchacho inocente como para no reconocer aquel aroma, que no podía ser otra cosa que lujuria. Su pupila nunca se había excitado en su presencia, así que ¿cómo demonios había pasado esto y qué debía hacer?

Juliette por fin reunió el valor para hablar... pero sin mirar a su tutor, por lo que no vio la frustración que cruzó los rasgos cincelados de Gaël.

—No me importa cuánto duela. Lo único que me importa es cumplir con mi deber.

Pasó el tiempo, pero el silencio entre ellos se mantuvo, y Juliette empezó a sentirse inquieta. Pero justo cuando alzó la cabeza para preguntarle a Gaël qué tenía que decir, ya era demasiado tarde: la limusina se detenía ante las imponentes puertas de la mansión de los Bellecourt.

Oh, no.

A Juliette se le cayeron los hombros cuando Gaël le tomó la mano para ayudarla a bajar del coche, pero justo cuando iba a subir los escalones hacia el pórtico, su tutor inclinó la cabeza para susurrarle al oído...

—Estaré en tu habitación a medianoche.