CAPÍTULO 2
Al día siguiente, me dirijo a la base de Tokyo para que me den más información sobre lo sucedido, pasé a un konbini y pasé por un yogurt de aloe, un pan de bacon, queso, mostaza y mayonesa, un onigiri de pollo con su salsa tarta y un vaso de café, pasé a la registradora, puse los artículos en una mesa de cristal, empezó a escanear lo que llevaba uno por uno, como si fuera un escáner de oficina.
Enseguida cuando terminó de hablar, un pequeño cable de fibra óptica salió detrás del cajero y pequeños micro robots tomaban forma de un escáner ocular y escanearon mi retina.
—El pago está hecho, que tenga un buen día y vuelva pronto —dijo la voz.
Una bolsa se materializó sobre mis compras envolviéndolas dentro de ella, tomé la bolsa y el vaso de café y salí.
Un paso más se miraba un wc de cristal inteligente de los que al momento de cerrar la puerta las personas que van pasando no pueden ver hacia adentro.
En fin, entré, una luz azul escaneó todo mi cuerpo, y dijo:
—Capitán de reserva Tanaka Rei, favor de decir su código.
—¡Ejem!, ¡ejem! 335 —dije.
—Favor de colocar la palma de la mano en el cristal.
Entonces una mano se dibujó en el cristal color azul, coloqué la mano y cuando lo hice el contorno del dibujo de la mano cambió a verde.
—Favor de mirar el aparato biométrico.
¡Pumm! Un pequeño destello de fotografía color blanco iluminó el cuarto del baño.
—Identidad aceptada.
Y se escuchó cómo el piso se partía e iba bajando, alcancé a mirar desde abajo cómo se remplazaba otro piso en el baño.
Tardé en bajar unos 10 minutos y en esos minutos solo miraba unas luces rojas en los costados subiendo una por una, en eso terminó el tramo de concreto y las paredes cambiaron a cristal donde podía ver como si una ciudad estuviera debajo de la tierra, con muchas oficinas y personal militar caminando de un lado a otro, algunos vestidos formales y otros con ropa militar o algunos con batas blancas.
Salí del elevador y me fui a buscar la oficina del general Nakamura, y de repente que escucho una voz:
—¿Te reincorporaron a servicio?
Me di la vuelta para ver de quién era la voz, y vaya sorpresa, era una amiga que en el pasado nos llevábamos muy bien.
—Hola, Yumi, tanto tiempo sin verte, nunca pensé verte aquí.
—Sí, acabo de incorporarme hace un año.
—Vaya. —Miré su insignia—. ¿sargento mayor?, ¿verdad?,
—Sí —respondió—. ¿Pero qué haces aquí, Rei?
—Vengo a ver a el general Nakamura, quiere hablar conmigo, y por eso estoy aquí.
—Aaaah, él está en una reunión muy importante ahorita.
—Se me hace que es a la reunión que debo asistir —interrumpí—. Me dio gusto verte, si quieres nos tomamos un café uno de estos días.
—Sí, me encantaría —respondió.
—¿Aún tienes el mismo número? —le dije mientras
—Sí, el mismo número.
—Entonces te marco.
Me giré para llegar a la reunión, caminé lo más rápido posible, y pude ver la puerta a lo lejos, abrí la puerta.
La sala es amplia, rodeada de holopantallas que muestran transmisiones de lo sucedido.
En el centro una mesa ovalada reúne a oficiales de alto rango, vestidos con uniformes impecables, en una esquina un científico con bata revisa nerviosamente sus notas.
En la atmósfera, una tensión palpable, el ambiente es tenso.
El general Nakamura, de cara circular, los ojos siempre eran como si estuviera siempre de malas, con un uniforme muy limpio, hecho a medida, de cuerpo delgado y con voz firme.
Da un golpe sobre la mesa, atrayendo toda la atención hacia él.
—Señores, la situación que tenemos entre manos es sumamente confidencial, de categoría Amaterasu.
Lo que van a escuchar hoy puede parecer de ciencia ficción, pero la realidad es que los informes confirman la aparición de un fenómeno que hemos llamado «Intrusión espejo».
A las 04:30 horas de la madrugada se detectó una intrusión a nuestro planeta, y lo que parece ser una visión duplicada de nuestra instalación militar se materializó en el portal.
Una holopantalla muestra imágenes de un robodron de una instalación militar idéntica a la de ellos mismos salvo que las de ellos está en ruinas.
Un coronel que estaba al lado mío, interrumpe mientras se para de su silla, incrédulo. Mientras habla con voz nerviosa.
—¿Cómo que idéntica? ¿A qué se refiere?
El doctor Sato, un físico cuántico, se adelanta y toma la palabra.
—No es simplemente una copia física. Según los datos que hemos recopilado, este fenómeno parece ser una superposición de nuestra realidad con otra, lo que llamamos un «Mundo espejo».
La estructura que hemos detectado no solo imita a la nuestra, sino que parece interactuar con ella de manera limitada.
Nuestros sensores captaron actividad dentro de las instalaciones.
Señores, parece que hay seres del otro lado.
La sala estalla en murmullos, y los oficiales intercambian miradas de preocupación.
—Eso es correcto —dice el general Nakamura—. Lo que más nos preocupa es que los sistemas de la base espejo parecen estar interfiriendo con los nuestros. Ha habido fallos en las comunicaciones y en los sistemas de defensa que no podemos explicar, salvo por esta anomalía.
La mayor Aiko Takahara, jefa de inteligencia militar, frunce el ceño, de complexión delgada, pero que no los confunda su esbelta figura, es más fuerte que cinco hombres y dotada de una incalculable inteligencia analítica y con cabello negro que cae en mechones suaves, evocando un sentido de misterio y elegancia, se podían apreciar varias medallas en su uniforme, una que más reluce es una medalla de honor y una medalla de defensa nacional.
—¿Qué tan probable es que estos… seres de esa realidad espejo tengan intenciones hostiles? Si son, en efecto, versiones nuestras, ¿podrían estar intentando acceder a nuestros sistemas o, peor aún, invadir nuestro mundo?
El doctor Sato, con seriedad responde:
—No podemos estar seguros de sus intenciones.
Lo que es preocupante es que cualquier acción que tomemos aquí podría tener consecuencias imprevisibles allí.
Si destruimos esa instalación o interferimos, podríamos causar una ruptura mayor entre las dos realidades. No sabemos cuan sincronizados estemos.
—Hasta ahora no ha habido movimientos ofensivos por su parte —comenta el general Nakamura.
Pero eso no significa que no debamos prepararnos.
Mantendremos nuestras fuerzas en estado de alerta, pero cualquier acción debe ser cuidadosamente considerada.
No podremos arriesgar un conflicto con… nosotros mismos, si es que eso es lo que estamos enfrentando.
Capitana Moon, experta en ciber seguridad, añade:
—Señor, nuestros sistemas están siendo infiltrados por señales, parecen ser nuestros, como si estuviera conectado en los sistemas de ellos.
Es posible que ya estén intentando entender cómo funcionamos o incluso adelantándose a nuestros movimientos.
Necesitamos un protocolo de asilamiento inmediato para proteger nuestra información.
La tensión en la sala aumenta mientras todos asimilan la gravedad de la situación el general Nakamura, con tono en su voz autoritario, dijo:
—Aíslen las redes críticas de defensa y refuercen la seguridad cibernética. No quiero que la base espejo tenga acceso a nada que pueda comprometer nuestra seguridad.
Mientras más escuchaba no podría creer el problemón que teníamos encima, un mundo espejo, personas que posiblemente sean iguales a nosotros, una posible infiltración.
Esto se tenía que solucionar de una u otra manera, pensé.
Me levanté, fui por una taza de té. Y seguí escuchando la detallada del discurso.
La sala estaba en un estado de inquietud apenas contenida.
Palabras del doctor Sato, el general Nakamura y la capitana Moon resonaban en cada oficial y técnico presente, cada uno sintiendo la creciente presión de lo desconocido.
Todos sabían que la amenaza de una invasión no era común, y mucho menos de una realidad espejo.
La mayor Aiko, en silencio y con el ceño un poco fruncido, no dejaba de analizar la situación.
Para ella, cada información que recibía representaba un patrón, un posible movimiento, una pista de lo que sucedía al otro lado.
Sabía que, más que cualquier otra cosa, necesitaba entender la intención de estos seres.
Si eran versiones alternativas de ellos mismos, el conflicto directo podría ser el último recurso.
—Doctor Sato —dijo finalmente, con voz firme pero calmada—, ¿hay alguna forma de establecer comunicación directa con el otro lado? Si estas entidades están avanzadas como nosotros, quizás también intentarán resolver esta situación de manera diplomática.
Sato, que aún parecía procesar los riesgos de cualquier contacto, la miró pensativamente.
—Es posible, mayor Takahara. Pero sería arriesgado. Cualquier comunicación podría interpretarse como una agresión o, peor aún, como una muestra de debilidades. Si sus sistemas son similares a los nuestros, sus líderes ya estarían evaluando lo mismo.
El general Nakamura intervino, asintiendo en las palabras de Aiko.
—La mayor tiene la razón. Necesitamos reunir la mayor cantidad de información posible sin mostrar nuestras cartas. Enviar un mensaje directo puede desencadenar respuesta pero tal vez, si accedemos a sus sistemas de forma sutil, podamos obtener un panorama más claro de sus intenciones.
—Señor —dijo la capitana Moon al general—, podríamos intententar infiltrar un protocolo de «escucha», un programa sigiloso que recopile señales sin intervenir directamente en sus sistemas. Pero es extremadamente riesgoso; si se dan cuenta, podrían rastrearlo hasta nosotros.
—Es un riesgo calculado —dijo Nakamura—. Capitana Moon, proceda con la infiltración. En el momento en que detecten algo sospechoso, quiero que aborte la misión. No podemos perder el control de la situación.
La capitana Moon asintió y comenzó a trabajar en su estación, trazando rutas encriptadas y configurando protocolos que permitirían una entrada tan sutil que, en teoría, sería indetectable.
Mientras tanto, Aiko se volvió hacia el doctor Sato.
—Doctor Sato, ¿qué podemos esperar en cuento a sincronización temporal?
—preguntó, sabiendo que cualquier diferencia en el flujo del tiempo entre ambas realidades podría afectar la percepción de los mensajes—.
Si estamos en líneas temporales distintas, podríamos recibir respuestas que no correspondan al contexto en el que fueron enviadas.
Sato frunció el ceño y pensó por un momento, antes de responder.
—Eso es parte del problema, mayor. No sabemos cómo se comporta el flujo temporal del otro lado.
Podríamos estar en perfecta sincronía, o podrían estar años adelante o atrás.
Si logramos enviar un mensaje y este atraviesa, bien podríamos recibir una respuesta completamente desfasada.
Es un riesgo que deberíamos asumir si decidimos intentar una comunicación.
Mientras tanto, en las pantallas técnicas, la capitana Moon empezó a recibir datos fragmentados.
Tenían acceso a una serie de códigos complejos y variables fluctuantes, algo que jamás había visto en un sistema de defensa.
Las cifras parecían cambiar como si el propio sistema del otro lado estuviera vivo, adaptándose a cada intento de infiltración.
—Esto no es una red cualquiera… —murmuró, captando la atención de todos—. Es como si estuvieran detectado nuestra presencia, pero a una velocidad que rivaliza con la nuestra. Es un juego de mundos.
—Capitana, manténgase alerta y redoble los protocolos de ocultación —ordenó Nakamura con tensión en la voz—. No quiero que se den cuenta de que estamos observándolos.
Entonces, en un instante, llenó las pantallas y los sistemas de la base se congelaron durante unos cinco segundos. La capitana Moon se quedó inmóvil, mirando con horror cómo una línea de texto en caracteres desconocidos apareciera en el holograma. Parecía un mensaje de advertencia.
—General Nakamura, hemos sido descubiertos —dijo la capitana Moon, con voz temblorosa—. Alguien, o algo, al otro lado sabe que estamos intentando entrar. Han dejado un mensaje.
El mensaje, lentamente, comenzó a traducirse en caracteres reconocibles en japonés:
entres, no entres, no entres, no
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