EPÍLOGO
Luca
Cargo mi arma de nuevo y observo todos los cadáveres que hay por el suelo. Guardo mi pistola y sigo al hombre que va a llevarme a mi nuevo destino, o al que siempre lo fue y no quise admitirlo.
Me subo al coche y solo entonces, cuando estoy solo, me permito sacar el dolor que llevo dentro y llorar. Los guardias me miran desde fuera, pero saben que no pueden entrar, que deben dejarme desahogarme solo, que es lo que necesito y lo que mi padre les ordenaría hacer.
Llevo años escapando de un apellido que me perseguirá toda la vida, a menos que llegue hasta la persona que tiene más poder y logre destruir todo el imperio que dirige, todo lo que mueve sin que ni siquiera sepamos quién es en realidad, más allá de una mala persona con sed de venganza que quiere arruinarnos la vida a todos.
Duele saber todo lo que sé sobre Gia gracias a Micaelo. Duele su engaño. Duele haber sido solo un juguete, una distracción, un paso más para llegar hasta su objetivo. Pero lo que más me duele, es no poder dejar de amarla a pesar de todo el daño que me ha hecho.
Ahora sé quién es en realidad… y, aun así, aquí estoy, a punto de arruinar mi vida y la de todo el que me rodea. Por ella. Porque, a partir de hoy, Gia y yo somos enemigos.
A pesar de eso, daría todo por ella. Traicionar a los míos. Matar una y otra vez. Destruirme a mí mismo. Romper con todos mis valores y principios. Hacer todo aquello que un día dije que no haría. Tomar mi lugar en la familia. Ser el Kerem que todos esperan que sea.
Convertirme en el nuevo Sultán si quiero acabar con esta guerra que tan solo acaba de empezar.