Epílogo #2
—Vamos, pequeña. Tu padre ha resuelto problemas bastante más complicados que este.
Claire giró la cabeza contra su camiseta buscando algo que, evidentemente, no iba a encontrar allí. Logan bajó la vista hacia ella, entendió por fin lo que estaba intentando y me miró.
—Creo que esta avería no puedo repararla.
Me eché a reír.
—Por fin reconoces tus limitaciones.
Se acercó para entregármela.
—Está defectuosa. Solo te quiere a ti.
—Tiene hambre.
—Eso he deducido cuando ha intentado alimentarse de mi pecho.
La carcajada de Marcus llegó desde la barbacoa.
—Ni una palabra —le advirtió Logan.
—No he dicho nada.
—Pero lo estabas pensando.
Me senté en una de las sillas del porche y acomodé a Claire para darle el pecho. Logan se inclinó antes de alejarse y me besó en la frente.
—Traidoras las dos.
—Vuelve con tus hamburguesas antes de que Marcus queme tu reputación.
—Eso no puede hacerlo. La tengo impecable.
—Claro que sí.
Regresó junto a su amigo y tuve que sonreír.
La cicatriz del disparo seguía cruzándole el costado. Ya casi nunca reparaba en ella, aunque algunas veces la veía al salir de la ducha o cuando se cambiaba de camiseta y recordaba aquellas horas en el hospital en las que ninguno sabíamos cómo acabaría todo.
Harlan también había sobrevivido, aunque la fuga, el secuestro de Noah, el disparo a Logan y todo lo que ya arrastraba a raíz de las pruebas de Rachel terminaron pesando mucho en su condena.
Le quedaban por delante muchos años de prisión y, después del juicio, dejó de formar parte de nuestras conversaciones, salvo por alguna actualización puntual que Alberto consideraba importante que conociéramos.
Y así estaba bien: lejos de nosotros y fuera de nuestras vidas.
Claire terminó de comer y se quedó adormilada contra mí. Mientras le acariciaba la espalda, vi a Noah salir de la piscina y acercarse a Logan para discutir sobre cuándo empezaría a enseñarle a conducir. Todavía le faltaban años para hacerlo solo, pero eso no parecía importarle.
—Yo puedo enseñarle —se ofreció Marcus.
Megan lo miró.
—Tú no eres el mejor candidato para presumir de historial impecable al volante de ninguna decisión.
—Mi condena no tuvo nada que ver con conducir.
—No estaba hablando del coche.
Logan soltó una carcajada y Noah aprovechó la distracción para robarle una patata del plato.
Unos metros más allá empezó a sonar una canción que Diane conocía. Tom le tendió una mano y ella intentó negarse durante aproximadamente tres segundos antes de levantarse. Acabaron bailando junto a la mesa mientras Sophie les hacía una reverencia exagerada desde la piscina.
Todo aquello era ruidoso, desordenado y estaba lleno de gente, exactamente como me gustaba. Logan levantó la cabeza desde la barbacoa y me encontró mirándolo. Sonrió sin necesidad de preguntar nada.
A veces todavía reconocía en él al hombre que había salido de prisión convencido de que debía agradecer cualquier pequeño espacio que la vida estuviera dispuesta a concederle, aunque hacía tiempo que había dejado de sentirse un invitado en su propia vida.
Noah se acercó hasta mí y bajó la voz al ver a su hermana dormida contra mi pecho.
—¿Se ha quedado dormida?
—Hace un momento.
Se sentó en el brazo de mi silla y le rozó un pie con un dedo.
—Cuando sea mayor voy a enseñarle a nadar.
—Tiene medio año y ya le estás organizando la vida.
—Alguien tiene que hacerlo.
—Tiene dos padres bastante capacitados.
—Ya, pero yo soy su hermano mayor.
Lo dijo como si aquello resolviera cualquier discusión.
Desde que Claire nació se había tomado el cargo muy en serio. Era el primero en acudir cuando lloraba, avisaba si creía que tenía frío y llevaba meses prometiéndole enseñarle cosas que tardaría años en poder hacer.
Logan apareció con un plato en cada mano.
—Deja respirar a tu hermana.
—Solo estaba hablando con ella.
—Llevas seis meses hablándole como si tuviera que preparar un examen.
—Así aprenderá antes.
—Esa lógica explica muchas cosas sobre ti.
Noah le quitó uno de los platos y volvió con los demás antes de que Logan pudiera protestar. Él aprovechó para sentarse a mi lado y miró a Claire.
—¿Ya me perdona?
—Hasta la próxima toma.
—Me conformo.
Apoyó un brazo en el respaldo de mi silla y me besó la sien. Miré a Noah junto a la piscina, a Sophie riéndose con él, a Diane bailando con Tom, a Marcus y Megan discutiendo por la barbacoa y a Claire dormida contra mi pecho.
Nuestra hija no nos había convertido en una familia porque ya lo éramos mucho antes de que llegara. Claire simplemente había hecho que fuéramos uno más.
Logan siguió mi mirada y entrelazó los dedos con los míos. Apoyé la cabeza en su hombro y él me besó el pelo justo cuando Noah volvió a llamarnos desde el otro extremo del jardín porque quería que viéramos algo. Logan ya estaba buscando el teléfono.
—Ni se te ocurra —murmuré entre risas.
—Es archivo familiar.
—Tienes media vida de ese niño archivada.
—Me falta la otra media.
Se levantó para grabarlo mientras Noah protestaba porque todavía no había hecho nada.
Sophie empezó a reclamar que ella también quería salir en el vídeo y, desde la barbacoa, Marcus gritó que alguien se acordara de las hamburguesas.
Yo me quedé sentada con Claire dormida entre los brazos, mirando todo aquel caos con una sonrisa.
En medio del jaleo, Logan levantó la vista y me encontró mirándolo.
Entonces apareció esa sonrisa suya, la que no dedicaba a nadie más, y durante unos segundos el resto desapareció.
Cinco años, una boda, una casa y dos hijos no habían cambiado aquello.
Todavía se me erizaba la piel cuando me rozaba al pasar; seguíamos encontrando tiempo para nosotros incluso entre trabajo, cansancio y pañales, y una vez al mes Diane se quedaba con los niños para regalarnos una noche en la que volvíamos a ser simplemente Logan y Nora.
Lo vi guardar por fin el teléfono y venir hacia mí con esa forma de mirarme que todavía sabía perfectamente lo que me hacía. Se inclinó con cuidado de no despertar a Claire y me besó, provocándome el mismo estremecimiento de siempre.
Quizá eso era lo que más me gustaba de nosotros después de tantos años: que, entre todo lo que había llegado a nuestras vidas, seguíamos eligiéndonos.
Logan seguía siendo el hombre al que quería buscar al final del día. Y yo seguía siendo la mujer a la que miraba como si, por un momento, no existiera nadie más.