Todo lo que enterramos 1 Lauren
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Todo lo que enterramos

Todo lo que enterramos

Por Nicola Marsh

© inepub.com

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Lauren

Nunca pensé que me casaría.

Hasta que conocí a Caleb McDougal.

A los veintinueve años, llevaba una vida de soltera feliz: alquilaba un estupendo piso de un dormitorio en el moderno barrio de Southbank, en Melbourne, trabajaba como contable para una promotora inmobiliaria internacional y salía con alguien de vez en cuando.

Soy más de ahorrar que de derrochar, aunque me permito un viaje anual a Sídney porque me encanta el ambiente del puerto; pasé allí la última década antes de mudarme al sur.

Mis amigas son un grupo muy unido y quedo con Tess y Mary todas las semanas, normalmente en algún nuevo local de brunch o en uno de los muchos bares escondidos de Melbourne.

Aunque nunca tomo más de un cóctel, porque el alcohol puede hacer que bajes la guardia y las chicas no saben nada de mi pasado; quiero que siga siendo así.

Es lo que tiene vivir en una ciudad grande. Puedes reinventarte y disfrutar de la dicha del anonimato. Justo como a mí me gusta.

—Eh, preciosa. Parece que estás a un millón de kilómetros. —Caleb me rodea la cintura con el brazo y me estrecha contra él—. Espero que estés soñando despierta con tu nuevo marido.

—Por supuesto —digo, y la mentira me sale con una facilidad pasmosa—. Todavía no me lo creo, la verdad.

—Créetelo, cariño. —Coge mi mano izquierda con la suya y la levanta, haciendo que nuestras relucientes alianzas nuevas de oro rosa destellen bajo el sol—. El señor y la señora. Tú y yo. Para siempre.

Para siempre es mucho tiempo, pero al ver la alegría en el rostro de mi marido, me guardo esa reflexión para mí.

Como no respondo, un leve ceño le frunce la frente.

—¿No te arrepientes de haberte fugado para casarte? Porque ya te dije que podemos organizar una gran fiesta cuando volvamos a Melbourne, si quieres…

—Soy feliz. —Le apoyo un dedo en los labios—. Como nunca lo he sido en mi vida, y no me arrepiento ni un poco de nuestra boda relámpago.

Su ceño desaparece y, cuando retiro el dedo, sonríe.

—Bien. —Arquea las cejas con picardía—. Me gusta tenerte solo para mí.

Me río mientras se inclina para besarme, aliviada de haber logrado que todo saliera bien.

Durante los primeros tres meses después de conocer a Caleb, fui la novia perfecta.

Durante los dos meses siguientes, me transformé en una novia cariñosa, atenta y tan enamorada que habría hecho cualquier cosa que él quisiera.

Durante las últimas cuatro semanas, he sido todo lo que él necesitaba que fuera, hasta el punto de que hoy, cuando cumplimos seis meses juntos, nos hemos casado en un yate en medio del puerto de Sídney.

Solo él, yo, el capitán y dos marineros que hicieron de testigos.

Nuestra relación ha sido un torbellino.

Tenía que serlo.

Porque Caleb tiene algo que yo quiero.

Y nada se interpondrá en mi camino para conseguirlo.