Todo aquello que soñamos ser Epílogo
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Epílogo

Kyle

Dicen que todos y cada uno de nosotros hemos venido a este mundo por una razón. Hay personas cuyo propósito es crear, otras cuyo cometido se limita al disfrute y existen algunas que aún no lo han encontrado.

Hace un tiempo llegué a pensar que mi sueño de ser escritor no era más que una ilusión. Perdí a mi compañera de aventuras, las ganas de inventar historias y la pasión por lo que era capaz de hacer. Me quedé estancado en lo que quería ser y no era. Menos mal que eso fue hace ya bastante tiempo.

Quizá fue la necesidad que tenía de volver a sentir el cosquilleo en mis dedos o puede que fuera por el simple hecho de volver a experimentar algo parecido.

De lo que sí estoy seguro es de que aquel retiro cambió mi vida para siempre: recuperé a la persona que me hizo creer que la magia existe de verdad, descubrí que uno mismo puede brillar con la misma fuerza que una estrella y volví a reconducir mi camino.

Así que sí, todos tenemos una razón por la que estar aquí. La mía siempre será escribir.

Desvío la atención desde mis pensamientos hasta la librería a la que estamos a punto de entrar.

Parece mentira que, después de tantos años entrando como lector, esta vez sea para presentar nuestro primer libro.

Gracias a la oportunidad que Rebecca nos brindó hace unos cuantos meses, Gala y yo hemos podido cumplir nuestro sueño.

Ha sido una época de cambios. Nos hemos volcado en el libro como si nos fuera la vida en ello.

Naisha, al haber conseguido el tan merecido ascenso tras esforzarse tanto por ello, ha editado la novela.

Ha sido un trabajo a tres, uno que aún no me creo que se haya materializado después de tanto.

Estoy tan orgulloso de nosotros que el sentimiento no me cabe en el pecho.

A diferencia de aquel pasado que tanto nos atormentó, ambos hemos sido partícipes de la edición y decisiones con respecto a la historia.

No se ha dado un paso si uno no estaba de acuerdo y si hemos avanzado siempre ha sido de la mano. A la par.

—Creo que me va a dar un infarto —comenta Gala antes de cruzar el umbral de la puerta.

El sol ilumina Londres con fuerza. La ciudad brilla con nosotros. Nuestro hogar se alegra de vernos crecer.

Acuno su rostro entre mis manos y sonrío al mirarla. Está casi tan nerviosa como yo. Sus pestañas parecen temblar, pero sus labios no pueden evitar curvarse en todo momento.

—Estamos juntos, todo irá bien.

—¿No hay demasiada gente ahí dentro?

Observo el panorama con detenimiento. Tras los cristales del lugar pueden verse el sinfín de personas que han venido a vernos, entre ellos nuestros familiares, amigos y compañeros de retiro.

Que mis padres estén ahí después de que Kevin me obligara a hablar con ellos es lo mejor que podría haberme pasado.

Ahora sé que no tengo que preocuparme por nada, que ellos me quieren sin necesidad de que destaque.

Sin tener que renunciar a mis sueños. ¡Si hasta ha venido Frank, por Dios!

También veo al señor Hughes, pero ni rastro de la madre de Gala.

Es algo que la chica se esperaba, pero ya no le afecta igual que antes.

Hablaron por teléfono hace unos días y su relación va mejorando poco a poco.

Al menos le ha deseado suerte, así como también la ha felicitado por un logro como este.

Sé lo mucho que necesitaba oír eso de su parte y, en cierto modo, creo que su madre lo está intentando. Solo espero que lo consiga.

Me fijo en un cartel de nuestro libro junto a una mesa alargada y aún me cuesta creer que es nuestro.

Que nuestro sueño está justo delante de nosotros.

La portada es perfecta, justo como la imaginamos.

Es como si Noelle se hubiera metido en nuestra cabeza.

De hecho, es lo que parece cuando se gira y nos sonríe.

Tiene magia, eso seguro. Gabriel coincide conmigo al mirarla como si fuera una estrella fugaz.

Me acerco al cartel y lo acaricio con sutileza.

Su tacto me recuerda que los sueños se cumplen y el olor de sus hojas me transporta a todas esas veces que tuve miedo.

¿Qué habría pasado si no hubiera echado a volar?

Posiblemente seguiría a salvo en tierra, sí, pero ello también habría supuesto no haber conocido nunca a las nubes.

He tocado el cielo, joder, y no puedo estar más orgulloso de mí mismo.

—Todos ellos están ahí por nosotros, Gala —contesto, completamente ensimismado debido a la situación—. Lo hemos conseguido.

—No podría haberlo hecho sin ti. —Ahora es ella la que acaricia mi mejilla con delicadeza.

Yo tampoco podría haberlo hecho sin ella. Pero tampoco podría haberlo hecho sin mí.

No llores, Kyle. No puedes salir ahí con los ojos rojos.

Tengo que mantener la compostura al menos hasta que terminemos el evento.

—¿Qué les dirías a nuestros yo del pasado? —pregunta la morena, supongo que para hacer tiempo y relajarnos.

—Es una pregunta difícil.

—¿Sabes lo que les diría yo? Que son más valientes de lo que piensan. Que van a conseguirlo cueste lo que cueste. Le diría al Kyle del pasado que sus miedos no son él. —Traga saliva para continuar—. Y a mí me diría que me merezco todo lo que está por venir.

Escondo un mechón de pelo tras su oreja y mi sonrisa se ensancha automáticamente ante sus palabras.

—Yo les diría que no necesitan ser nadie más. Kyle y Gala han conseguido lo que está a punto de suceder, además de todo lo que ya ha ocurrido. Somos válidos, mi amor. Somos todo aquello que soñamos ser.