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Ronsel: rastro, huella o impacto que deja alguien que pasa.
Ero
Se había marchado.
No sabía dónde buscarla ni cómo encontrarla. Cada día me despertaba con la esperanza de que apareciese. De que regresase. Soñaba con poder abrazarla una última vez y hubiera dado todo lo que tenía, mi vida incluso, por verla de nuevo.
El dolor que me impedía levantarme era cada día mayor. Y precisamente por eso tomé la decisión de llevar a cabo esa misma mañana lo que llevaba semanas evitando.
Lo había estado retrasando solo con la esperanza de encontrar alguna forma de volver a ella, de recuperarla, de sentirme en paz.
Pero el tiempo no me la devolvía, solo incrementaba aquel dolor.
La decisión no había sido difícil, porque aquella era la única forma de volver a encontrarme con ella.
De estar juntos, para toda la eternidad.
Necesitaba recuperar a mi otra mitad y cumplir mi promesa.
Trepé por el árbol y me senté en una rama que aguantase bien mi peso. Até el extremo de la cuerda en la rama elegida y dejé caer el otro extremo al suelo para calcular la distancia necesaria.
Cuando recuperé el extremo de la cuerda que había tirado, hice un nudo corredizo. Comprobé que estaba perfecto para que no hubiera ni un solo contratiempo. Tomé aire, necesitaba hacerlo y que todo saliera bien porque, si fallaba, no sabía si me atrevería a hacerlo de nuevo.
Me pasé la cuerda por el cuello. La textura áspera me rozaba y me picaba en la nuca. Era un segundo, un solo instante.
Solo tenía que dejarme caer y la encontraría.
Estaba a punto de lanzarme cuando unos gritos me alertaron. Eran de auxilio. Miré a todas partes en busca de su origen.
Una voz femenina gritaba desconsolada. Se me erizó la piel.
—¡Ayuda! ¡Socorro!
Algo en esa voz me hizo desatar la cuerda y pisar tierra para ir en su busca. Tenía que salvarla.
En ese momento no podía saber que, en realidad, sería ella quien acabaría salvándome a mí.