Todas las orquídeas me llevan a ti (Tres vidas y sigues siendo tú 1) CAPÍTULO 32
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CAPÍTULO 32

(Siempre fuiste tú)

No intenté liberarme.

No grité.

No supliqué.

Mientras me sujetaban… algo dentro de mí estaba en silencio.

No vacío.

Claro.

Esto ya pasó.

No exactamente así… pero ya lo atravesé.

Y nada…

nada en la vida sucede de la misma forma dos veces.

Ya sé lo que es estar en la oscuridad.

Y estando ahí no morí.

—

Me detuvieron en la entrada.

—Antes de irte… escribe lo siguiente.

Me dieron una pluma y un papel.

Entendí de inmediato lo que significaba.

Som.

Malee.

Tomé la pluma.

Mis manos no temblaban.

“Es hora de volver a mi país, quiero asegurarme de que todo esté bien por allá. Agradezco su hospitalidad, espero verlas pronto”.

Att: Ammar.”

Mentí.

Pero no desde el miedo.

Desde la protección.

Una conexión como la que tengo con Som y Malee no se despide en dos líneas vacías.

Doblé el papel y lo entregué.

Me empujaron hacia afuera.

La noche volvió a recibirme.

Pero esta vez no como escape… sino como sentencia.

Me guiaron por la cochera.

El señor Om caminaba detrás de mí.

Tranquilo.

Como si esto fuera un trámite más.

Wong observaba desde la distancia.

Y por primera vez… parecía aterrado.

—¿Sabes qué es lo interesante de las historias como la tuya? —dijo Om detrás de mí—. Siempre creen que el amor las va a salvar.

No respondí.

No quería convencerlo.

Me había rendido.

Pero no era una rendición que oliera a derrota.

Era una que nacía de la conciencia.

Me rendí ante lo que debía suceder… para dejarme sorprender.

Me subieron al auto.

Puerta cerrada.

Oscuridad.

Pero esta vez… yo no era la misma.

Ya no era la versión de mí que dudaba.

Que obedecía.

Ahora sabía la verdad.

Y eso… lo cambiaba todo.

El auto avanzó.

No sé cuánto tiempo pasó.

Pero en algún punto… lo sentí.

Algo estaba cambiando.

No afuera.

Adentro.

Prim.

Como si su nombre no fuera un recuerdo… sino un pulso.

—

Abrí los ojos.

Habíamos vuelto a la casa donde me encerraron.

Estaba equivocada, esta casa nunca fue de Wong…

Om siempre fue el jugador principal del equipo rojo.

Esta vez supe algo con claridad:

no planeaban volver a encerrarme.

—

Durante años dudé de mis sueños.

A veces sentía que estaba enloqueciendo.

Otras… confiaba en mi instinto.

Y cada vez que más dudaba,

May aparecía para devolverme la fe.

Ahora que entendí que soñar con Prim era una pieza esperando encajar… y que sus sentimientos también eran reales,

por primera vez me sentí completa.

Y si aquí debía terminar todo… entonces lo aceptaba.

—

Me obligaron a arrodillarme.

El suelo estaba frío.

Pero dentro de mí… sentía calor.

—No tenía que terminar así —dijo Om.

No respondí.

—Podríamos hacerlo rápido —continuó—. Pero quiero que entiendas algo antes.

Silencio.

—Nunca se trató de ti.

Se inclinó frente a mí.

—Se trata de lo que representas.

Lo miré a los ojos.

—Libertad.

Pausa.

—Verdad.

Sus ojos se endurecieron.

—Desorden— dijo.

Sonreí apenas.

—Desde pequeña, Prim ha sido mi mejor carta dentro de la industria. No iba a perderla tan fácilmente.

Sentí la rabia subir por mi pecho.

—Supimos de ti antes de que conocieras a Prim. Nunca pensé que fueras tan estúpida como para entrar en su mundo.

—No entiendo.

—Hace quince años… la anciana ya nos había hablado de ti.

Ahí estaba… su verdad.

Hablaba de May.

—No creí que sus lecturas fueran tan precisas.

—Ella insistía en que había una mujer… alguien que algún día alejaría a Prim de los reflectores.

Pausa.

—Me tenía cansado. Fue tanta su insistencia que…

Mi cuerpo se tensó.

—¿Qué hiciste?

Om sonrió apenas.

—Bueno… tú sabes.

El aire desapareció de mis pulmones.

—

—Tuve que deshacerme de ella.

Sentí fuego atravesarme el cuerpo.

—Me canso su insitencia con la mujer misteriosa, aun recuerdo su cara mientras la asfixiaba.

La rabia me consumió.

Me lancé sobre él.

Pero antes de alcanzarlo, sus hombres ya me habían detenido.

—Cuánta rabia por una mujer que ni siquiera conocías —dijo—. Dejó de existir hace años, alguine debía callarle la boca.

Lo miré directo.

—¿Cuándo?

—En ese tiempo tú apenas eras una adolescente.

Y entonces lo entendí.

May apareció en mi vida… cuando Om la hizo desaparecer.

—Suficiente charla —dijo finalmente—. ¿Cómo quieres morir?

Silencio.

No respondí.

Porque algo dentro de mí… ya no estaba ahí.

Estaba en todas las veces que hablé con May.

En todas las veces que la sentí.

Un ruido.

Fuerte.

Seco.

La puerta.

Se abrió.

—Suficiente, Om. Déjala ir.

Prim.

El mundo se detuvo.

—Deberías estar grabando —dijo Om furioso.

Y entonces la sujetaron también.

Nos miramos.

—Vi los videos —dijo Prim—. Intentaste comprar mi vida.

—No lo intenté.

Pausa.

—Lo hice.

El aire se tensó.

—Todo lo que eres es gracias a mí. Todo lo que tiene tu familia es gracias a mí.

Prim sostuvo su mirada.

—Todo lo que soy… es exactamente lo que intentaste evitar.

Om rio.

Suave.

Peligroso.

—Entonces hasta aquí llega lo que construí.

Sacó el arma.

Prim dio un paso al frente.

—Termínalo conmigo.

El arma se levantó.

Apuntó a su rostro.

E indirectamente… a mi corazón.

No corrí.

No grité.

Solo nos miramos.

Sonreí.

Y entendí.

—

Nos vemos en la siguiente vida, mi amor.

—

El sonido rompió el momento como una grieta.

La puerta se abrió de golpe.

—¡Bajen el arma!

Policía.

Y detrás… el señor Wong.

Respiración agitada.

Pero presente.

—Se acabó, Om.

Om giró lentamente.

—Tengo pruebas —continuó Wong—. Sobre la muerte de aquella mujer.

Los oficiales avanzaron.

Om retrocedió.

Y por primera vez… vi miedo en su mirada.

Un disparo.

Seco.

El tiempo se detuvo.

Wong cayó.

—¡Papá!

Prim corrió hacia él.

Yo también.

La sangre.

Derramada.

—

Wong la miró.

Y por primera vez… solo había verdad.

—Lo siento… —susurró.

Prim lloraba.

—Está bien… quédate conmigo.

Negó apenas.

—En mi oficina… hay una caja blanca… dentro del armario.

Respiró con dificultad.

—Te pertenece.

La miró.

—Nunca la olvidaste.

Pausa.

—A ella… aunque intenté que así fuera.

Una última respiración.

—Ve a tener la vida que deseas.

Silencio.

Y entonces… se fue.

—

Los días después no tuvieron forma.

Malee y Som estuvieron conmigo todo el tiempo.

Y aunque la verdad finalmente había acomodado las piezas… la muerte del padre de Prim dejó un vacío imposible de ignorar.

Prim no habló.

No comió.

No salió.

Tres días.

Encerrada en su dolor.

Y yo… no me fui.

Sabía exactamente lo que sentía.

No pregunté.

No insistí.

Solo me quedé.

Como presencia.

Como ancla.

Hasta que un día… la puerta se abrió.

—Vamos —dijo.

Y supe que incluso después de la oscuridad… siempre terminamos encontrando la luz.

Salimos de su apartamento.

Yo solo la seguí.

Ella parecía saber exactamente hacia dónde iba.

—

La oficina de su padre.

Intacto.

Como si aun estuviera aquí.

Pero distinto.

Más vacío.

Más honesto.

Buscó dentro del armario.

La caja blanca.

La abrió.

Y el mundo volvió a detenerse para entregarnos otra verdad.

Dibujos.

Muchos.

Hechos por una niña.

Dos mujeres.

Un lago.

Rodeado por un jardín lleno de flores.

Y siempre… la misma banca de madera.

Mi pecho se cerró.

—Yo… soñaba con este lugar —dije.

Me miró.

—No recordaba haber dibujado esto.

Silencio.

Lágrimas.

Pero no de dolor.

De reconocimiento.

—Siempre fuiste tú —dijo.

Mi garganta se cerró.

—Siempre fuiste tú —repetí.

Nos abrazamos.

Y esta vez… no había duda.

Solo memoria.

Prim se separó apenas.

—Lamento haber tardado tanto en llegar a ti.

La miré.

—Llegaste cuando debías hacerlo.

Sus ojos bajaron hacia sus manos.

Todavía temblaban.

—¿Y ahora qué sigue?

Hizo una pequeña pausa.

—Aún tengo una agenda que cumplir en el trabajo…

Sonreí apenas.

—Entonces empieza por elegir qué sí quieres hacer.

La observé con calma.

—Ahora eres libre.

Silencio.

Y por primera vez…

esa palabra no sonó como miedo.

Sonó como posibilidad.

Tal vez el amor verdadero no consiste en encontrar a alguien nuevo…

sino en reconocer a quien tu alma ya conocía.