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Clack.
Una mano enguantada en cuero negro se introduce en mi campo de visión desde arriba, me agarra del pelo con una violencia salvaje y tira de mí hacia atrás. Un gemido de dolor me escapa de los labios mientras mi cuerpo es levantado del suelo por una fuerza sobrehumana.
¡PUM!
Mi cabeza impacta de lleno contra la superficie metálica de la hilera de taquillas con un golpe seco que hace saltar chispas en mis ojos. El sabor metálico de la sangre me inunda la boca de inmediato. Me quedo sin aire, mareada, con la espalda encajada contra el acero frío del mueble.
El líder de los operativos de Barcino me sujeta por el cuello de la chaqueta con la mano izquierda, manteniéndome clavada contra la estructura.
Es el traje negro alto del hotel, el ejecutor metódico que sobrevivió al accidente de tráfico en el Eixample.
Tiene el rostro cruzado por un corte sangrante y los ojos inyectados en un odio puro.
—Tu expediente ya te enterró una vez. Hoy solo vamos a terminar el trabajo.
En su mano derecha, alza una pistola semiautomática de gran calibre. La apunta directamente al centro de mi frente.