Tiempo bordado en hilos de espolín Epílogo 2
100%

Epílogo 2

Oculto en el misal

Las campanas del convento llamaban a la oración de la mañana con su toque de maitines. Alberto se levantó de su estrecha litera, se vistió con el sencillo hábito y preparó la mente y el cuerpo para el recogimiento.

No lo consiguió.

De camino a la capilla, precedido por los monjes franciscanos, no dejó de pensar en la última carta recibida; en cómo le había narrado su paso por la Ofrenda de flores y el orgullo que sintió al llevar sobre el cuerpo el espolín que había pertenecido a su propia madre.

Observaba la fotografía de Marina y Quique cogidos del brazo una y otra vez, y la guardaba dentro del misal que, de vez en cuando, abría por la página en la que descansaba.

Admiraba su cabello rojizo, recogido al estilo tradicional, su sonrisa y un traje que destacaba entre todos por mérito y belleza.

Había decidido apartarse del mundo durante un tiempo. Lo necesitaban tanto su maltrecho cuerpo como su mente.

Necesitaba pensar. Ahora, libre de la amenaza de la que una vez fue su familia, podía relajarse, sanar y quizá, con el tiempo, recuperar su antigua vida. Solo quedaba un cabo suelto. Un nudo roto: Celia. Y no descansaría hasta encontrarla.

Fin