Tiempo bordado en hilos de espolín Prólogo
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Tiempo bordado en hilos de espolín

Tiempo bordado en hilos de espolín

Por Nuria Badia Vila

© inepub.com

Prólogo

A veces, la vida te abre en dos sin previo aviso.

Basta un instante, un objeto, una palabra susurrada, para que el suelo se agriete bajo tus pies y el aire cambie de densidad.

Para mí, todo empezó tras la muerte de mi yaya Carmela, con su legado: un tesoro intangible, tejido con misterios y silencios, con historias que se negaron a ser contadas y verdades que, quizá, nadie quiso escuchar.

Sus últimas voluntades me hicieron poseedora de una petición póstuma, una misión imposible que enredaba mi destino en un laberinto de recuerdos y secretos olvidados.

Una misión para la que, sin saberlo del todo, se me había preparado toda la vida.

Entre cuentos, lugares y juegos, parecía que mi destino estaba escrito: descubrir historias ocultas en raíces de árboles centenarios, en calles de Valencia y en archivos que guardan secretos.

Su peso se instaló en mi pecho como un puño invisible, que dolía sin dejar marca. No era el peso de lo tangible, sino el de los silencios atrapados en el tiempo, el de las heridas antiguas que dejan vacíos imposibles de llenar, el del dolor que nadie se atrevió a nombrar.

Y, entre esos silencios, el espolín.

Un espolín no es solo un bordado: es un tejido artesanal que se realiza en telares de madera, con hilos de seda de diferentes colores que se entrelazan sobre la urdimbre formando rosetas, flores y motivos variados.

Su nombre proviene de las pequeñas piezas de madera llamadas espolines, que dan pasadas sobre el telar y permiten que el tejido tome vida.

Se ha utilizado desde el siglo XV tanto en ornamentos eclesiásticos como en la indumentaria tradicional valenciana, y a lo largo de los siglos se ha convertido en un símbolo de tradición, paciencia y amor por la artesanía.

Para muchas falleras, un traje de espolín es un sueño, a veces casi imposible de alcanzar: un reflejo del anhelo por mantener viva la tradición y la belleza de lo hecho a mano.

«Sigue el hilo del espolín». Fue el principio.

Y lo supe: al final de ese hilo no me esperaba solo una verdad, sino todas las que habían sido negadas. Y ninguna de ellas me dejaría intacta.

«He comprendido que los lazos que nos unen a nuestro pasado y entre nosotros mismos son el verdadero tejido de nuestra existencia. Cada vida es un tapiz complejo, donde cada hilo es una historia, un recuerdo, un fragmento del alma».

Así lo entendí desde el primer día que me senté frente a mi vida y la observé con ojos propios.