The Woods: El sendero de las sombras Capítulo Epílogo
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Capítulo Epílogo

La ciudad se despliega a mis pies, una red infinita de arterias iluminadas con un caos fluido de indiferencia mecánica, incapaz ya de impresionarme.

Sentada en la cornisa, con las piernas colgando sobre un abismo de cientos de metros, observo los vehículos deslizarse ajenos a la guerra silenciosa librada en las sombras.

La vibración de mi nuevo dispositivo rompe el momento.

Lo desbloqueo y el brillo azulado me devuelve un nombre: un objetivo de alto nivel en WonderLab.

Me pongo en pie, sacudo el polvo de mis pantalones y me acomodo las solapas del abrigo.

—El rojo siempre ha sido tu color.

La voz de Matt surge de entre la penumbra, profunda y cargada de esa seguridad que antes me ponía en alerta y que ahora me transporta a casa.

Me giro hacia él con una sonrisa. Llega a mi lado, al borde del edificio, sin apartar la vista de la mía, me rodea la cintura con un brazo, me pega a su cuerpo y me devora.

—He extrañado sentirte —murmura contra mis labios.

—Nos hemos visto esta mañana —le respondo, aunque mi cuerpo traiciona mis palabras al presionarse contra el suyo.

Él va a replicar, pero el sonido estridente de una alarma en su propio terminal lo corta. Suelta un gruñido, me da un beso rápido, dejándome con ganas de más, y consulta la pantalla con el ceño fruncido mientras el viento agita su chaqueta.

—¿Tú también tienes que ir a WonderLab? —pregunta, alzando la vista con una mezcla de sospecha y curiosidad.

—No pienso decírtelo —le suelto, disfrutando del pequeño destello de molestia en su rostro—, sabes perfectamente que mi actual nivel de acceso convierte mis misiones en algo estrictamente clasificado.

No me da tiempo a reaccionar cuando su mano se cierra alrededor de mi cuello. Aprieta lo justo para dispararme el pulso contra su palma y, al inclinarse, su aliento me roza la oreja.

—No hay secretos entre nosotros, Rouge.

Que use mi antiguo nombre despierta aún más mi deseo. Me lamo el labio inferior, saboreando el peligro y la anticipación, mientras le sostengo la mirada.

—No empieces algo que no podemos terminar ahora mismo.

Aprovecho su vacilación para girar sobre los talones con un movimiento rápido y preciso, liberándome de su agarre con una agilidad que le arranca una media sonrisa de sorpresa.

Echo a correr hacia la puerta de acceso a las escaleras, con el corazón martilleándome las costillas y la adrenalina disparada por las nubes.

—¡El primero en llegar gana! —le grito sin mirar atrás.

A mis espaldas resuena una maldición ahogada y sus pasos empezando la persecución.

—¡Corre, Redhood! —ruge—. Sabes que siempre te encontraré en la oscuridad del bosque.