29. Capítulo 29
Honey
Nunca he querido a alguien tan rápido.
Me basta con mirarlo una vez y se acabó.
Es perfecto. Completamente, dolorosamente perfecto. Tiene la nariz respingona de Mike, los labios en forma de arco de Olivia y un pequeño brillo en los ojos que es solo suyo.
Mis dedos rozan su mejilla arrugada con cuidado, sintiéndome dichosa y abrumada al mismo tiempo.
Lo quiero. Al instante. Por completo.
No me atrevo a moverme para sentarme, demasiado preocupada por si el más mínimo movimiento despierta al pequeño Harris, ya que nos ha costado una hora conseguir que llegara a este punto.
Así que me quedo junto a su cuna, acunándolo en mis brazos lentamente mientras intento ignorar la franja de la pared que se está despegando.
Yo puse esa franja ahí.
Cuatro milímetros de diferencia, y será lo primero en lo que Harris se fije cuando desarrolle la permanencia del objeto. Sabrá que fui yo, y tendré que vivir con eso el resto de mi vida.
—Estás pensando en la junta, ¿verdad? —pregunta Olivia desde el sofá.
—No.
—Sí que lo haces.
—Estoy mirando a tu hijo.
—Puedes hacer ambas cosas.
—Vale. De acuerdo. Puede.
Muevo un poco a Harris y él hace ese ruidito tan mono de nariz tapada mientras se estira un poco.
Es perfecto.
¿Ya lo he mencionado?
—Puedes sentarte, ¿sabes? —dice ella, recogiéndose el pelo en un moño—. No se va a despertar.
—No quiero asustarlo.
—Es más fuerte de lo que parece. Sobrevivió a catorce horas de parto y a que Mike cortara mal el cordón dos veces.
—No lo corté mal dos veces —dice Mike desde algún lugar a mis espaldas. No lo he oído entrar.
—Eso no fue lo que dijo la enfermera.
—Ya, bueno, la enfermera me dio las tijeras que no eran.
—Si solo hay...
Ignorando su discusión, miro a Harris, a quien nada de esto parece molestarle en absoluto. Simplemente duerme feliz.
—Vas a tener una buena vida, pequeño —susurro.
—La tendrá —confirma Mike al lado de Olivia—. En parte porque tiene una madrina/tía de lujo.
—Oh, por favor. No me des ningún mérito.
—Mira qué bien duerme contigo. Se te da de forma natural, Honey.
Suelto un resoplido y me giro un poco.
—Puede que tengamos que contratarte como niñera interna.
—Creo que al menos debería intentar terminar la carrera antes de elegir vivir en vuestra casa por el resto de mi vida.
Mike suelta una risotada. —Probablemente, pero pagamos bien.
Olivia coge la manta del lateral y se tapa con ella. Todavía no puedo creer que mi mejor amiga se esté recuperando tan bien después del parto. —Siempre podrías aplazarlo —añade ella.
—¿Estás de broma, no? ¿Después de todo el tiempo que me ha costado decidir a dónde voy a ir? Ni hablar.
—Solo digo que —continúa Olivia— la habitación de invitados tiene una cama.
Y nada de mi potencial. Sinceramente, pensar en cuánto tiempo pasé allí me pone triste ahora. Desperdicié meses sentada, compadeciéndome de mí misma en lugar de cambiar mi vida y convertirla en lo que quiero.
—Por mucho que adore a este pequeño, no puedo quedarme.
Tengo un seminario para el que no me he preparado.
Si no vuelvo, probablemente darán mi habitación de la residencia a otra persona y venderán todas mis cosas —digo, todavía incapaz de apartar la mirada del bebé Harris—.
Lo siento, peque, pero volveré muy pronto. Lo prometo.
Me responde con un pequeño movimiento antes de quedarse dormido de nuevo.
Es una locura pensar en toda la vida que le espera. Las partes bonitas. También las dolorosas.
Un día, se enamorará. Un día, alguien le romperá el corazón. Pasará años intentando descubrir quién es antes de convertirse finalmente en la persona que está destinada a ser.
De alguna manera, todo eso está envuelto dentro de este cuerpecito que duerme contra mí.
Aunque ahora no necesita preocuparse por eso. Ahora mismo, es solo Harris. A salvo, virgen de un mundo cruel, con unos padres que lo quieren más que a nada.
No puedo quitarle los ojos de encima. En cada microexpresión que hace, veo a Mike o a Olivia.
Ellos han hecho esto. Han creado a este ser humano perfecto.
Las lágrimas me escuecen en los ojos y siento tantas emociones en el pecho que no puedo procesarlas.
—¿Honey? —la voz de Olivia es suave—. ¿Estás bien?
—Estoy bien —digo, con la voz entrecortada—. Es tan perfecto.
Mike se acerca y me pasa el brazo por los hombros con cuidado, atrayéndome suavemente hacia su costado sin molestar a Harris. Luego me deja un tierno beso en la frente.
—Él también cree que eres perfecta, tía Honey.
Suelto un resoplido, con la respiración algo entrecortada por las lágrimas retenidas. —Oh, por favor. Soy la tía desastrosa a la que repudiará cuando tenga edad suficiente —bromeo. No puedo evitarlo; es mi mecanismo de defensa cuando las cosas se vuelven demasiado reales.
Mike me aprieta el brazo. —¿De verdad es eso lo que piensas de ti misma, Honey?
—Creo que huir del hombre al que amas para irte de crucero es bastante desastroso, ¿no crees?
—¿Amas? —pregunta Olivia de inmediato, entornando los ojos con interés.
No le doy ninguna respuesta. No hay nada que añadir.
Ella sabe de sobra que amo a Zach. Todos lo saben.
—¿En qué estás pensando? —pregunta esta vez más suavemente.
Miro a Harris durmiendo plácidamente contra mí.
—En lo llena que puede llegar a estar la vida —digo en voz baja—.
En un momento tu hijo está haciendo el tonto en la universidad, y al siguiente tienes en brazos a esta personita que has creado con alguien a quien amas.
—Se me oprime un poco el pecho—. Me hace pensar en cómo una sola persona puede arruinar por completo tu capacidad de imaginar un futuro sin ella.
Un futuro que me da demasiado miedo admitir que podría desear.
Mike se pone frente a mí con una sonrisa. —Muy bien, me llevo a Harris antes de que decidas llevártelo a la universidad contigo.
Levanta con cuidado a su hijo de mis brazos y yo lo suelto con renuencia. Harris ni siquiera se inquieta mientras Mike lo acomoda contra su pecho y empieza a mecerse suavemente.
No puedo dejar de mirarlo. El mismo chico que conocí en primero de primaria está ahora frente a mí con su hijo dormido contra el pecho.
Un marido. Un padre .
En los dos días que llevo aquí, he visto a Mike llorar dos veces y fingir que no lo hacía. He visto a Olivia mirar a su hijo con un asombro abrumador, y lo único en lo que puedo pensar es en lo raro que es encontrar algo tan bueno.
Me aclaro la garganta y señalo la puerta con el pulgar.
—Probablemente debería ir a hacer las maletas si quiero llegar de vuelta a tiempo.
No es que quiera irme, pero quedarme aquí me mantendría atrapada en un pasado que ya no quiero.
Olivia levanta la vista. —¿Ya?
—Son las diez. Si quiero evitar el tráfico, tengo que salir en unas horas.
Mike se da la vuelta desde la ventana con Harris todavía contra el hombro. —Por si te sirve de algo —dice—, el puesto de niñera sigue abierto. Sueldo competitivo. Huevos revueltos gratis.
—Tus huevos revueltos son terribles, Mike.
—Son un gusto adquirido.
—He vivido contigo antes y nunca llegué a adquirirlo.
Sacudo la cabeza y ya estoy sonriendo mientras me inclino y le doy un beso en la cabecita a Harris —huele a todo lo bueno del mundo— y luego le aprieto la mano a Olivia al pasar por delante del sofá.
—Seré rápida —digo.
—Tómate tu tiempo.
No lo haré. Si me tomo mi tiempo, no me iré.
Cuando termino de hacer la maleta, me siento en el borde de la cama un momento y miro alrededor de la habitación.
Hay algo extraño en estar dentro de una vida que parece tan asentada. Tan completa.
Una cuna al final del pasillo. Biberones secándose al lado del fregadero. Calcetines diminutos doblados con esmero en cestos de la colada. Evidencias de un futuro que han construido juntos llenando cada rincón de esta casa.
Tenemos la misma edad, pero de alguna manera parece que me lleven años de ventaja.
Es como si hubieran cruzado a una versión de la madurez que yo solo he estado orbitando.
No es solo por Harris —aunque él es una parte importante—, sino porque encontraron algo juntos y decidieron construir una vida en torno a ello.
Trago saliva y cierro la cremallera de mi bolsa antes de que mis pensamientos se descontrolen demasiado.
Entonces me fijo en mi teléfono sobre el tocador y lo alcanzo, viendo que hay unos cuantos mensajes sin leer iluminando la pantalla.
Stevie: Alerta Roja: Ryan no solo me ha abrazado hoy... me ha agarrado el culo... Vale, de acuerdo, porque me lo has preguntado, puede que le haya besado. Esto no está saliendo como estaba previsto 🤦♀️.
Chris: ¡Hola Honey! Espero que estés bien. ¡Solo pensaba en saludarte para ver qué tal te estás instalando!
Me detengo al ver el último mensaje sin leer y frunzo el ceño con confusión.
Jake: Pregunta importante: ¿has vuelto a saltar desde un acantilado o sigo siendo tu decisión más temeraria?
¿Jake? ¿El tipo del salto del acantilado? Parece que fue hace tanto tiempo que casi me había olvidado de él. ¿Sigo siendo tu decisión más temeraria?
Nunca lo fuiste, Jake. Nunca lo fuiste.
Cierro el mensaje e inmediatamente pienso en escribirle a Zach. Mi pulgar flota sobre su nombre, pero no hemos hablado desde que nació Harris y, aunque solo ha pasado una semana, parece que algo ha cambiado en este tiempo.
Antes de que pueda decidir si escribirle de todos modos, una notificación aparece en mi pantalla.
Porque te interesaste por Zach Evans.
Debajo hay un titular de prensa cortado. La curiosidad me puede y pulso en él.
La primera imagen que se carga es la de Zach de pie frente a una torre del reloj junto a una mujer que reconozco inmediatamente por toda la prensa que recibe.
Whit Marlow.
Es impresionante, con el pelo rubio largo, un cuerpo perfecto y una sonrisa arrogante. Es el tipo de mujer que hace que la gente se detenga a mirar.
Zach está justo a su lado, parece que ese es su lugar.
Zach Evans, el quarterback novato del momento, fotografiado con la sensación de la LPGA Whit Marlow para la campaña de invierno de Ascent.
Así que no solo es preciosa, sino que además tiene éxito. Es competitiva, disciplinada y el tipo de mujer que entiende el mundo de Zach.
Ese que a mí siempre me ha resultado difícil de gestionar.
Leo el artículo hacia abajo antes de poder contenerme.
Gran error.
No es solo una foto. Es toda una campaña.
Foto tras foto de ellos estando demasiado cerca, con ropa de Ascent a juego, con un aspecto impecable, natural y dolorosamente favorecido el uno al lado del otro.
¿Y lo peor de todo?
Encajan.
El nuevo quarterback de oro de Estados Unidos junto a una hermosa atleta profesional.
Sigo deslizando la pantalla de todos modos porque, por lo visto, disfruto con la autodestrucción emocional.
En una foto, ella se ríe apoyada en el pecho de él mientras él la mira. En otra, ella le agarra el brazo mientras él sonríe con suficiencia por algo que ella ha dicho. Cada toma parece íntima aunque, lógicamente, sepa que solo es marketing.
Aun así, la lógica no me está sirviendo de mucho ahora mismo.
—Mierda —susurro cuando llego a la última imagen.
Whit está agarrada a su brazo y la cabeza de Zach está ligeramente inclinada hacia abajo, lo justo para que parezca que la está mirando directamente al culo sin ningún sentimiento de culpa.
¿Por qué debería sentirse culpable?
Técnicamente no estamos juntos. Fui yo quien se marchó. Fui yo quien creó todo este espacio entre nosotros en primer lugar, y ahora estoy aquí sentada comportándome como una celosa por una sesión de fotos.
Se me quedan grabados algunos de los comentarios antes de que pueda apagar la pantalla y guardar el teléfono en el bolso.
Tienen que salir juntos.
¿Es raro que esta pareja me ponga?
¡Imaginaos cómo serían sus hijos!
Los comentarios que he leído siguen ahí, en primer plano en mi mente.
¿Es demasiado tarde?
Dejo que el pensamiento repose un segundo y pienso en todo lo que Zach y yo ya hemos sobrevivido.
La distancia. El momento oportuno. El miedo.
Mi pecho sigue doliendo, pero por debajo algo más firme empieza a surgir. Un sentimiento que reconozco de inmediato.
Es la misma sensación que tuve al borde del acantilado. La misma que sentí cuando pulsé confirmar en mi matrícula mientras la sirena del barco sonaba a lo lejos.
Es una sensación de certeza por la que poco a poco estoy aprendiendo a dejarme llevar.
No. No es demasiado tarde, ni de lejos, pero no puedo seguir esperando que me aguante para siempre solo porque siempre lo ha hecho antes.
Podrías perderlo.
Es lo único que pienso. He pasado tanto tiempo convenciéndome de que necesitaba convertirme en una versión perfecta y totalmente curada de mí misma antes de poder aceptar el tipo de amor que Zach me ofrece.
Pero tener a Harris en brazos esta semana, ver a Mike y Olivia construir una vida juntos con tanta naturalidad...
ha hecho que algo encaje en mi interior.
La vida no espera a que estés perfectamente preparada.
Solo te pregunta si estás dispuesta a presentarte.
Y yo lo estoy.
Por primera vez en mi vida, ya no me siento perdida.
Cojo mi bolsa de la cama y bajo las escaleras.
Olivia está en el sofá ahora con Harris dormido en su pecho. Mike está en la cocina enjuagando un biberón. Ambos levantan la vista cuando entro.
—¿Seguro que no quieres quedarte una noche más? —pregunta Olivia.
Sacudo la cabeza. —Tengo que volver.
Me inclino y le doy un beso en la cabecita a Harris, aspirando su olor una vez más. Luego abrazo a Olivia con cuidado para no despertarlo. Mike me acompaña a la puerta con mi bolsa colgada al hombro como si tuviera dieciséis años y nos estuviéramos despidiendo después de una fiesta de pijamas.
—Conduce con cuidado, Honey —dice, dejando la bolsa en el porche.
—Lo haré.
Cuando subo al coche, me quedo sentada un momento antes de girar la llave. Mis manos descansan en el volante mientras miro hacia la casa, a las cálidas luces amarillas que salen por la ventana de la cocina, a la vida que Mike y Olivia han construido en su interior.
Falta una semana para que termine el taller. Una historia que todavía tengo que acabar.
Ya no estoy huyendo, pero tampoco voy a ir a por él con las manos vacías.
Salgo de la entrada, echo un vistazo al espejo retrovisor y paso de largo la salida hacia el aeropuerto sin siquiera frenar. Ha esperado todo este tiempo. Puede esperar a que yo termine.
La próxima vez que aparezca en su puerta, quiero ser la persona que he estado intentando llegar a ser, no por él, sino porque me lo debo a mí misma.
Piso el acelerador y dejo que la autopista me impulse hacia delante, con el corazón latiendo rápido por todo lo que viene a continuación.