23. Capítulo 23
Zach
J acob: Duro comienzo, novato.
Jacob: Por desgracia, juegas contra mí, así que 🤷♂️
Jacob Miller está a un lado, hablando de estrategia con su entrenador, mientras yo hago todo lo posible por mantener a mi equipo en el partido.
¿Vigilancia de fracaso? Zach Evans sigue sin ganar.
Todas las miradas puestas en Evans mientras los Raptors se hunden con un 0–2.
N.º 1 del Draft, ninguna victoria: ¿está Zach Evans sobrevalorado?
Los he visto todos.
Cada titular. Cada clip. Cada idiota con un altavoz decidiendo que dos semanas son suficientes para definir una carrera.
Ahora, solo necesito una victoria para callarles la puta boca.
Analizo la defensa, sabiendo de antemano que van a concederme cualquier pase corto que lance, actuando como si no les importara que avance unas pocas yardas cada vez. Les importa. Solo están consumiendo el reloj, esperando a que intente forzar algo más arriesgado.
Vamos tres abajo, en nuestro tercer down y con menos de dos minutos en el reloj. Si no logramos convertir aquí, les estaremos regalando el partido.
Canto la jugada, recibo el snap y el pocket aguanta lo suficiente para que pueda pasarle el balón a Dax. Completa el pase en la yarda veintidós y yo ya me estoy moviendo, apresurándonos a volver a la línea antes de que el reloj nos robe otro segundo.
El público empieza a vitorear, pero yo lo ignoro.
Nada de eso importa. Ni el ruido, ni las estadísticas.
Ni el hecho de que hayamos anotado lo suficiente para asegurar una victoria solo para acabar saliendo del campo sin nada que demostrar.
La verdad es que, si no termino este avance, estamos acabados.
No voy a dejar que este partido vuelva a manos de la defensa. Ya he visto cómo termina eso.
—A la de dos. Fuerte izquierda, tres receptores a la derecha. Dax, tú eres la válvula de seguridad.
—Obviamente —dice Dax.
—Lo digo para que los demás se enteren.
—Te quiero, Evans —dice él, lanzándome un beso.
—Corre tu ruta. —Señalo hacia delante.
Antes de romper la formación, miro hacia la banda y veo al Coach Masters encima de Owen, regañándole preventivamente. Él se queda ahí parado, aguantando, y yo aprieto los dientes antes de volver a mirar a la formación.
Lo único que puedo hacer ahora mismo por Owen es poner unos cuantos putos puntos más en el marcador.
Canto la cuenta del snap y, cuando el balón golpea mi mano, levanto la vista sabiendo ya que no tengo todo el tiempo que necesito. Un defensor viene volando por el extremo, tan rápido que no tengo ni un segundo para procesarlo adecuadamente.
Miro a Reese en la banda y suelto el balón justo antes de que el defensa me alcance...
¡Zas!
Todo el aire abandona mis pulmones en un gruñido seco cuando mi casco sale despedido hacia atrás y caigo con fuerza.
El impacto retumba a través de mis protecciones y llega hasta mis huesos.
Por un segundo, todo se desdibuja: el ruido, las luces, la sensación del suelo bajo mi cuerpo...
y tardo un instante en enfocar el cielo azul sobre mí.
Un par de botas aparecen en mi campo de visión y, cuando parpadeo para disipar la neblina, veo a Devin Walker allí de pie, mirándome con la mano ya extendida.
—Culpa mía —dice—. Soltaste el pase justo cuando llegaba.
—Buen golpe —gruño, sintiendo aún el dolor vibrar en mis huesos.
Puedo confirmar que Devin no es precisamente pequeño.
Acepto su mano y dejo que me ayude a ponerme en pie, sacudiéndome como si no me acabara de dejar sin aliento.
Es entonces cuando lo siento: un dolor agudo en la muñeca, donde me apoyé al caer.
La sacudo una vez por instinto y luego me detengo, obligando a mi brazo a quedarse quieto al ser consciente de que las cámaras me siguen.
No hace falta que mire hacia arriba para saber que están ahí, y definitivamente no necesito ver el titular en el que lo convertirán.
Zach Evans visto cuidándose la muñeca tras una dura derrota en la Semana 3.
Aún no hemos perdido y mi muñeca está bien, así que giro el hombro, flexiono los dedos y vuelvo con mi equipo.
Siento un tirón en la muñeca, pero no es suficiente para que importe.
No ahora mismo. Relego la sensación al fondo de mi mente y me concentro en la siguiente jugada, porque eso es lo único que cuenta hasta que el reloj llegue a cero.
El siguiente avance se estanca. Estamos en tercer down y cuatro yardas, y retengo el balón un segundo de más, esperando a que Dax se desmarque campo abajo. Para cuando me doy cuenta de mi error, es demasiado tarde. El pocket se colapsa y caigo, costándonos ocho yardas y el down.
Lo único que nos queda es un field goal.
Afortunadamente, lo conseguimos y salimos del campo con el partido empatado.
Es todo lo que puedo darle a la defensa, pero con suerte, será suficiente.
Mientras salgo del campo, Jacob entra desde el otro lado, gritando algo a sus receptores. El tío tiene más de media década de experiencia en esta liga y yo intento luchar contra eso.
Cruzo la mirada con Dax de camino a la banda.
—Lo he retenido demasiado —digo, antes de que lo haga él.
Él asiente una vez. —Sí.
Eso es todo lo que necesitamos decir al respecto.
Entro trotando cuando Owen viene en dirección contraria con el casco puesto y la mirada concentrada. Su unidad está a punto de salir e intentar mantener el empate contra Jacob Miller, a quien acabo de ver personalmente completar siete de sus últimos ocho pases.
Owen también lo ha visto, y la expresión de su cara me lo dice todo.
Ya he visto esa cara antes.
Es la misma expresión que tenía cuando lo encontré en la sala de visionado a las seis de la mañana el día después de nuestra segunda derrota, viendo sus fallos en bucle.
Me senté con él durante una hora y no dije mucho.
Las imágenes lo decían todo, y Owen es lo bastante listo como para saber cuándo alguien está rellenando el silencio para sentirse útil.
Así que simplemente lo miramos. Jugada a jugada.
Todas las cosas que no funcionaron, todas las que casi lo hicieron, todos los pequeños puntos incrementales donde una decisión diferente, una lectura más rápida o un mejor ángulo habrían cambiado el resultado.
Cuando me levanté para irme, le dije que la defensa que tenía ahora mismo no era la defensa que iba a tener.
—Eso no lo sabes —dijo él.
—No —respondí—. Pero te conozco a ti.
No fue exactamente inspirador, pero al día siguiente vino a entrenar y estuvo presente, que es todo lo que se le puede pedir a alguien que ha estado recibiendo lo peor de las broncas del Coach Masters las últimas semanas.
Nos cruzamos sin detenernos.
—Vas a hacerlo bien —le digo.
No responde, pero levanta la barbilla.
Con eso basta.
—Vaya puto desastre —mascullo, apoyándome contra mi taquilla y pasándome una mano por la cara.
0-3.
Ni en mis peores pesadillas pensé que empezaría mi carrera en la NFL tan mal.
0-3. Joder.
Esto es malo. Tan malo como lo de Jamie.
Al menos todos los demás se han ido inmediatamente después de la bochornosa rueda de prensa, dándome tiempo para sentarme aquí en silencio y pensar en todo.
— Zach, ¿en qué punto deja esto de ser una etapa de aprendizaje y empieza a ser una preocupación real?
— En la universidad eras conocido por mantener la compostura. Esta noche se te ha visto visiblemente frustrado en la banda. ¿Qué te pasaba por la cabeza?
— Hay gente que compara tu inicio con el de algunos de los mayores fracasos de rookies de los últimos años. ¿Prestas atención a eso?
Las preguntas han sido brutales, y mis respuestas igual de malas.
No he podido evitarlo. Cuando he entrado y he visto al Coach Masters ensañándose con Owen otra vez, he perdido los estribos.
He apartado a Owen de un empujón y le he dicho al Coach exactamente lo que pensaba de su «ánimo».
Sobra decir que la respuesta del Coach no ha sido la mejor charla motivadora que he tenido antes de una rueda de prensa.
Suelto un suspiro y me quedo mirando el techo del vestuario, reviviendo todo lo que ha salido mal hoy. Esta vez no ha sido solo la defensa; hemos sido todos.
Yo incluido.
Pases demasiado largos... lecturas fallidas... un sack que debería haber evitado... Cada error se repite en mi cabeza como el peor vídeo de mejores jugadas del mundo mientras la voz del Coach Masters suena por encima.
— ¿Tanto quieres ir de héroe? Bien. A los héroes se les culpa cuando el equipo pierde. Deja de intentar salvar a todo el mundo. Apenas puedes salvar tu puta temporada.
Aprieto la mandíbula porque, en el fondo, sé que tiene razón. No puedo salvar a nadie a estas alturas. Ni siquiera a mí mismo.
Eso es lo que más me está matando.
Flexiono la mano dentro del vendaje de compresión que me he puesto en cuanto todos se han ido y me arrepiento de inmediato cuando el dolor me atraviesa la muñeca.
Genial.
Otra cosa más por la que no quiero que me pregunten los medios, ni los entrenadores, ya que estamos. Que me manden al banquillo por una lesión de muñeca solo echaría más leña al fuego. Lo perderíamos todo si yo no estuviera ahí para ayudar a poner algunos puntos en el marcador.
Cuando mi móvil suena a mi lado, empiezo a sentir de inmediato cómo toda esa tensión se desvanece. ¿Por qué? Porque ese tono solo está asignado a una persona. La única persona que puede hacer que esta noche parezca menos una mierda.
Honey.
Me ha estado enviando mensajes de vez en cuando estas últimas semanas, contándome cosas de su día o lo que piensa de mis partidos. No es como solía ser entre nosotros porque yo me contengo, pero estamos reconstruyendo algo. Al menos, eso espero.
Lo importante es que yo nunca empiezo la conversación. Siempre es ella.
Honeycomb🍯: ¿Sigues en el vestuario?
Zach: Sep
Honeycomb🍯: Lo sabía. Siempre te gusta estar solo cuando has perdido.
Me echo hacia atrás, abriendo más las piernas. En realidad prefiero estar dentro de ti cuando he perdido, pero esto tendrá que servir.
He perdido.
¿Es este el fondo del pozo? Ahora mismo lo parece. Estoy perdiendo toda credibilidad en la NFL y la perdí a ella. Las dos cosas más importantes de mi vida.
Zach: He perdido mi tercer partido consecutivo. Nunca me había pasado.
Honeycomb🍯: A veces pasan estas cosas. No es el apocalipsis.
Zach: ¿Estás segura? Se siente bastante apocalíptico.
Honeycomb🍯: Eso es porque eres quarterback. Vosotros creéis que todo es de vida o muerte.
—Ya te digo si lo sé —mascullo, volviendo a leer sus mensajes. ¿Cómo puedo estar viviendo la peor noche de mi carrera y seguir sonriendo? Porque estoy hablando con ella.
Honeycomb🍯: Unos pocos partidos malos al principio de tu primera temporada no significan de repente que sea el final.
Zach: Mi entrenador no está de acuerdo.
Honeycomb🍯: Tal vez, pero yo no me fío de ningún hombre que tenga esa vena de la frente tan marcada.
Suelto una carcajada.
Honeycomb🍯: Lo siento. No debería bromear. Sé que en realidad no tiene gracia.
Honeycomb🍯: Pero esa vena es preocupante. Parece que va a estallar cuando se enfada. Espero que se la haga mirar.
Honey es mejor persona que yo. Siempre esperando y deseando lo mejor para gente que no se lo merece. Esta noche, empiezo a sentir que yo soy uno de ellos.
Zach: Cuéntame algo bueno, Honeycomb. No quiero pensar en el fútbol ahora mismo. ¿Qué estás haciendo?
Pasa un minuto antes de que me envíe una foto de una habitación de residencia o de un apartamento.
No sabría decir cuál. Lo único que sé es que deseo estar allí tanto que duele.
El número ridículo de almohadas en su cama me indica que es su habitación, así que hago zoom, buscando cualquier pista sobre en qué lugar del país se encuentra.
Los libros están demasiado borrosos para distinguirlos, hay una taza con forma de calabaza y unas luces de colores colgando de la pared.
Nada. No hay absolutamente nada que me diga dónde está.
Honeycomb🍯: Por fin instalada en mi nuevo hogar.
Zach: Parece acogedor. Me gustan las almohadas.
Honeycomb🍯: Eso lo dices por decir.
Zach: No, en serio. Las almohadas de tu cama me traen muy buenos recuerdos.
Sonrío, recordando cómo solía tirar esas almohadas al suelo de su habitación de la residencia para protegerse las rodillas antes de que nosotros...
Honeycomb🍯: Estás pensando en algo inapropiado ahora mismo, ¿a que sí?
Zach está escribiendo.
Me detengo, sopesando lo que debería decir frente a lo que quiero decir.
A la mierda.
Después de una derrota por 0-3, elijo lo segundo. Ella es mía. Ambos lo sabemos. Solo estoy esperando a que vuelva.
Zach: ¿Cuenta como inapropiado pensar en llenarte la boca con tus bragas mojadas mientras te follo en el suelo de tu habitación?
Enviar.
Ella escribe. Luego desaparece. Escribe otra vez. Desaparece.
Honeycomb🍯: Zach.
Honeycomb🍯: No puedes decir esas cosas.
Ya estamos. Ha trazado la línea, y cualquier otra noche puede que no me resultara tan devastador. Esta noche, sin embargo, se siente como otro puñetazo en el estómago.
Honey está escribiendo...
Al ver las palabras, suspiro, sabiendo que me va a caer otro sermón sobre no ser tan obsesivo con ella.
Honeycomb🍯: … pero siempre te gustó el suelo.
Parpadeo. Parpadeo. Vuelvo a leer el mensaje. Parpadeo otra vez.
Joder.
¿Acaba de escribir eso? Debo de estar viviendo en una dimensión paralela porque no me había dicho nada ni remotamente pícaro desde que me fui.
Esto es... esto es más de lo que mi cerebro de quarterback puede procesar.
Zach: Honeycomb...
Honeycomb🍯: ¿Qué?
Zach: Acabas de ponérmela increíblemente dura en un vestuario vacío.
Honeycomb🍯: Vaya, pues eso es francamente inoportuno.
Me río por lo bajo, sacudiendo la cabeza mientras miro fijamente la foto que me envió antes. Está en algún lugar ahí fuera, acurrucada en esa habitación, completamente ajena a lo loco que me está volviendo el no tener ni idea de dónde está.
Zach: ¿Dónde vives? Puede que necesite ir a comprobar si esas almohadas son lo bastante suaves.
Honeycomb🍯: 🤐
Honeycomb🍯: No vas a conseguir que te lo diga.
Zach: No pasa nada. Acabarás confesando.
Honeycomb🍯: Eres muy paciente para ser quarterback.
Zach: Soy paciente cuando algo merece la pena.
Honeycomb🍯: ¿Y crees que esto merece la pena?
Le sonrío a la pantalla.
Zach: Honeycomb... siempre has merecido la pena.
Y así, una derrota por 0-3 ya no se siente tan mal.