The Quarterback Sweep (The Four Quarters Collection 4) 7. Capítulo 7
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7. Capítulo 7

Zach

D oy otro sorbo a mi whisky y releo el mensaje de Mike, sopesando cómo responderle.

Mike: Tío, la has asaltado literalmente en un crucero mientras estaba vomitando por la borda del barco. ¿Qué esperabas?

Esperaba muchísimo más que un portazo y un «que te jodan», eso desde luego. Hago girar lo que queda de mi copa, planteándome si he cometido el mayor error de mi vida o si es la jugada más inteligente que he ejecutado jamás.

Mike: Entiendo lo que pretendías, pero los gestos románticos suelen funcionar mejor cuando la chica no está cubierta de vómito. Solo tenlo en cuenta para la próxima vez.

Zach: No habrá próxima vez. Voy a recuperar a Honey.

Mike: Si ella no te tira por la borda primero.

Zach: La idea se le pasó por la cabeza, seguro. Pude verlo en sus ojos mientras se limpiaba el vómito de la boca. Creo que la única razón por la que no lo hizo fue porque estaba intentando no volver a vomitar.

Mike: No siento ninguna lástima por ti. Este era tu plan. Hazte cargo.

Zach: No solo era mi plan. Tu mujer estaba igual de implicada. Y Madison. Sigo sin creerme que no me invites al chat grupal.

Mike: Porque alguien tiene que pensar con lógica, y desde luego no va a ser el tío que se tatuó el antebrazo y el pecho después de que la chica rompiera con él.

Zach: Que no estemos juntos no significa que hayamos roto.

Mike: Punto demostrado. Liv acaba de colgar con ella. A pesar de estar vomitando constantemente, está furiosa.

Sí, ya lo sé. Vi el fuego ardiendo tras sus ojos cuando se dio cuenta de que era yo quien le tendía una toalla.

Puede que ahora esté enfadada, pero sé que acabará cediendo.

Nadie ha luchado nunca por ella como yo estoy dispuesto a hacerlo.

En todo caso, estas dos semanas me darán la oportunidad de demostrarle cuánto la deseo.

Mike: Dice que le des espacio a Honey esta noche, pero en unos días debería estar bien.

Zach: Si esto funciona, le pondré su nombre a mi primogénito.

Mike: Estoy bastante seguro de que Honey tendría algo que decir sobre el nombre de tu hijo.

Zach: Vale. El segundo nombre.

Mike: Simplemente no lo jodas, Evans. Apenas sobreviví a tu gira de «la echo de menos» a las tres de la mañana el año pasado, y perdí la batalla de los tatuajes. No voy a pasar por la secuela.

Hago una mueca ante el recordatorio, con la tinta dorada asomando apenas por mi camisa abotonada. Me lo hice con la esperanza de que convenciera a Honey de lo serio que iba. Sí, no ayudó. Aunque sigo sin arrepentirme.

Zach: No prometo nada. Pero no voy a rendirme con ella.

Mike: Lo sé. Por eso te di el dichoso billete. Tienes que aclarar tus asuntos de una vez por todas.

Zach: Ya lo he hecho. Es ella.

Le pido al camarero otra copa justo cuando alguien se apoya en la barra a mi lado. No me molesto en mirar. Sé que no es Honey; por lo tanto, no me interesa.

—¿Evans?

¿Por qué esa voz me resulta tan familiar?

Me giro para mirar, sorprendido al encontrar a Drew McCallister, de los Santa Monica Rattlesnakes, sentado a mi lado.

—¿Drew? —digo confundido.

Él sonríe ampliamente, indicándole al camarero que traiga dos copas iguales a la mía. —Sabía que eras tú. Ese pelo rubio y esos hombros cuadrados eran una señal inconfundible.

—¿Qué haces aquí? Esperaba volver a verte en el campo en octubre. —Desde luego, no esperaba verlo aquí.

Me pongo en pie y nos damos la mano en un medio abrazo. —Podría decir lo mismo de ti —responde él con una sonrisa, acomodándose en el taburete junto al mío—. Estoy aquí para reconectar con el amor de mi vida —dice con naturalidad.

—El amor de tu... —Hago una pausa, recordando la conversación que tuvimos cenando una vez cuando yo estaba en segundo año—. Espera, ¿estás hablando de la hija del entrenador Summers?

—Sí. —Se echa un poco hacia atrás cuando el camarero regresa con dos vasos de whisky—. Le pedí que se viniera de vacaciones conmigo y dijo que sí.

Levanto las cejas. —¿Y pensaste que venir en un crucero era la mejor opción?

Él se encoge de hombros. —Mi chica tiene un historial de salir huyendo. Quería asegurarme de que no tuviera forma de irse sin hablar.

Puedo identificarme con eso.

—¿Por qué no la llevaste en un yate privado?

Entorna los ojos, sonriendo con suficiencia. —Eso me suena un poco a asesino en serie. No hemos pasado más de un día juntos en los últimos años. Quería al menos darle la opción de hablar con otras personas si discutimos... lo cual, conociéndonos, es bastante probable. —Se ríe—. Bella es guerrera.

—Eso he oído decir al entrenador.

Doy un largo sorbo a mi bebida.

—¿Y tú? —dice él—. ¿Qué haces aquí? ¿No se supone que deberías estar en la concentración, novato? Esto ya no es fútbol universitario. Tienes que demostrar que vales ese puesto de primera ronda del draft.

—No hace falta estar allí durante dos semanas. Ahí es cuando empieza todo.

Emite un murmullo de incredulidad. —Así que eres tan organizado que pensaste en irte de crucero tú solo justo antes del año más importante de tu vida. ¿Dime que me equivoco, por favor?

—Te equivocas. Estoy aquí con mi futura esposa.

Drew arquea las cejas. —¿Futura esposa? ¿Estáis prometidos?

—Todavía no.

—Oh, mierda. ¿Vas a pedirle matrimonio en el barco?

Se lo he pedido en todos los demás sitios. Bien podría añadirlo a la lista, pero niego con la cabeza.

—No. Es... complicado.

Las palabras quedan flotando en el aire entre nosotros, y Drew me estudia un momento antes de que sus labios se curven en una sonrisa cómplice.

—Oh, créeme, sé lo que es complicado.

Antes de que pueda preguntarle a qué se refiere, una mano se posa en el hombro de Drew. —La mesa debería estar lista en unos diez minutos, cariño.

Una rubia impresionante le sonríe antes de besarle en la mejilla. Como eso no le basta, él alarga la mano, le acuna la mejilla y la besa. Vale, entiendo por qué no quiere que huya. Es preciosa. No es mi tipo, pero por otro lado, no creo que ya tenga un tipo.

Creo que tengo a Honey.

Cuando se separa, mantiene el brazo alrededor de su cintura.

—Bella, me gustaría presentarte a Zach Evans.

Ella resopla. —¿De verdad crees que este hombre necesita presentación? —Me tiende la mano y yo se la estrecho—. Puede que mi padre no sea tu mayor fan, Drew, pero en Acción de Gracias solo habla de su equipo. Sé más sobre Zach de lo que me gustaría admitir en un primer encuentro.

Drew emite un murmullo de clara molestia mientras sujeta a su novia un poco más fuerte.

—Encantado de conocerte —digo—. Y no te preocupes. Siento que yo también te conozco, dada la cantidad de veces que he mirado la foto tuya en Londres mientras el entrenador me gritaba.

Ese murmullo bajo de Drew se convierte en un gruñido más fuerte.

—¿Todavía tiene la foto puesta? —pregunta ella, sorprendida.

—Y la de tu hermana en su recital de ballet.

—Bueno, eso es tierno. Hace mucho que no voy por su despacho. No desde que todo... —hace un gesto con la mano entre ella y Drew.

—¿Qué pasó?

Bella arquea las cejas. —¿No lo sabes?

Niego con la cabeza.

—Nada importante —la interrumpe Drew.

Ella se ríe. —Oh, sí. Claro. Tan poco importante que mi padre convenció a la universidad para cambiar el color del uniforme y así deshacerse de las malas vibraciones que al parecer dejamos atrás.

—Ya no es relevante. Estamos aquí y juntos. Eso es lo que importa.

Lo dejo pasar, ya que solo conozco a esta mujer desde hace unos noventa segundos.

—¿Señorita Summers? —Un camarero toca a Bella en el hombro—. Su mesa está lista.

—Gracias.

Drew coge sus dos copas y se levanta.

—Oh, nosotros llevaremos sus bebidas a la mesa, señor —dice el camarero.

Drew le da las gracias con una propina.

—¿Te unes? —me pregunta, alargando ya la mano hacia mi vaso.

—Oh, no. Me quedo aquí.

Bella mira mi bebida y luego por encima de mi hombro. —¿Estás aquí solo?

—Sí —digo con una sonrisa—. Mi, esto, mi novia se siente un poco mareada, así que he dejado que descanse.

No es una mentira, no del todo.

—Oh, bueno, deberías venir a cenar con nosotros entonces.

Drew la atrae más hacia sí y le susurra algo al oído.

Niego con la cabeza. —No, estoy bien. Disfrutad de la noche. Picaré algo en el bufet.

—¿En el bufet? Sabes que si no tienes reserva, estás fastidiado la primera noche —dice Bella—. El bufet estará de locos ahora mismo. He estado en barcos como este antes. Créeme cuando te digo que he visto cosas, Zach. Cosas violentas.

—Me ha placado Jackson James. Estoy acostumbrado a las cosas violentas.

Ella se ríe. —Venga. Estoy atrapada con este tipo durante dos semanas. Dame a alguien más con quien hablar por una noche.

El camarero se inclina hacia delante. —Es un reservado, señor. Habría sitio de sobra para usted.

Miro a Drew, que se limita a encogerse de hombros. Si le molesta, no lo demuestra.

Considero mirar el móvil para ver si Honey me ha enviado un mensaje, pero eso es soñar despierto.

Sé que no lo ha hecho. La mujer no me ha escrito desde que me eligieron en el draft.

Supongo que cenar con ellos es mejor que comer solo mientras repaso mentalmente cada palabra de lo ocurrido en el pasillo.

—Sí, de acuerdo. —Me levanto, dejando un billete en la barra.

Bella resplandece antes de entrelazar su brazo con el de Drew, y luego con el mío.

¿Por qué siento que acaban de adoptarme el rey y la reina del fútbol?

—Cena con dos quarterbacks —dice Bella con voz cantarina—. Creo que he visto algunas películas X que empiezan así —bromea.

Drew no le quita los ojos de encima. Se inclina, con la boca cerca de su oreja. —Para que nos entendamos, el único quarterback que vas a tener a partir de ahora soy yo.

Ella se ríe y le da un empujoncito con la cadera. —Oh, por favor, volví de Londres solo para estar contigo. ¿No es suficiente?

—Lo era hasta que decidiste adoptar al Ken de Malibú en la barra. Ahora me pregunto si vas a cambiarte a un modelo más joven. —Su rostro contradice sus palabras. No tiene aspecto de ser un hombre al que le preocupe que ella vaya a huir o a elegir a otro que no sea él.

Me gustaría tener ese tipo de certeza, y planeo conseguirla pronto.