3. Capítulo 3
Honey
S eis meses.
Hace seis meses que no veo a Zach, y hace más de un año y medio que no salgo con él; sin embargo, de alguna manera, aún se las arregla para hacerme sentir que soy la única persona en la sala.
¿Para qué demonios sirvió romper con él en primer lugar?
Sigue siendo lo único en lo que piensas.
Aún lo deseas.
Sacudo la cabeza y enderezo los hombros, tratando de apartar mis pensamientos descarriados. Luego centro mi atención en Thatcher.
—Solo digo —les dice a Reese y a Mike—. Que si la Southern Collegiate de verdad hubiera querido hacerme sentir bienvenido, podrían haberme dado un lugar mejor en el equipo.
Reese sonríe frente a su cerveza. —Tienes un maldito edificio con el nombre de tu abuelo. ¿Cómo de bienvenidos tienen que ser?
—Me gustaría una bienvenida de primera línea —replica Thatcher.
Mike pone los ojos en blanco y gruñe. —Eres un imbécil, ¿lo sabes?
—¿Por qué todo el mundo está empeñado en usar esa palabra conmigo?
Les sonrío a los tres, fingiendo que escucho, pero es difícil cuando puedo sentir sus ojos puestos en mí.
No eres lo bastante buena.
Has pasado todo este tiempo buscando algo, ¿y qué tienes para demostrarlo?
Nada. No tienes nada de nada.
Me hormiguean los labios al pensar en la última vez que vi a Zach y en cómo me besó, como si nunca quisiera soltarme. Yo tampoco quería. Estuve a dos segundos de renunciar a todo y simplemente estar con él, pero entonces entró Tiff. Y la realidad también.
Yo no era suficiente para Zach entonces. Sigo sin serlo ahora, porque ¿cómo puedo demostrarle a alguien que lo amo de forma inequívoca cuando todavía no he descubierto cómo amarme a mí misma?
Así que me alejé, y ahora él está triunfando, comenzando su carrera en la NFL mientras yo... ¿qué?
Nada, porque eso es lo que eres. Nunca te mereciste a alguien tan capaz como Zach.
Estoy cayendo en una espiral. Lo siento en lo más profundo de mi estómago.
Por esto tuviste que irte.
Mis manos se entrelazan bajo la mesa y, al levantar la vista, me encuentro con los ojos de Olivia. «¿Estás bien?», me pregunta moviendo los labios, inclinándose hacia Mike para intentar acercarse un poco más a mí.
La pregunta solo sirve para empeorar la situación.
Asiento, mintiendo con tanta obviedad que resulta vergonzoso a estas alturas.
No. No estoy bien.
Todas las emociones empiezan a recorrer mi cuerpo a la vez. Arrepentimiento, frustración, anhelo...
¿Qué he hecho?
Vuelvo a apartarlo todo, recordándome que hoy no se trata de Zach y de mí. Hoy se trata de Tiff y Jamie. Estoy aquí para apoyarlos. Eso es todo. Así que, por esta noche, me centraré en ellos, y solo en ellos.
Podré desahogarme mañana, cuando Olivia y yo estemos de camino a nuestro crucero, y no tendré que sentir los ojos críticos de Zach sobre mí.
Las luces se atenúan y empieza a sonar una música suave.
Es entonces cuando Tiff y Jamie salen a la pista de baile.
Ella camina tambaleándose entre ellos, con sus puñitos agarrados a los dedos de ambos mientras empieza el estribillo.
Jamie se agacha para cogerla en brazos, besándole la mejilla, y ella suelta una risita, arrugando la nariz.
Tiff observa el intercambio con adoración, y toda la escena es tan hermosa que me duele el corazón.
Jamie atrae a Tiff hacia él con un brazo rodeándole la cintura, mientras el otro sostiene a su hija apretada entre ambos.
Luchó por ella. Incluso cuando ella lo rechazó, él no se detuvo.
Jamie se inclina y le susurra algo al oído a Tiff con la sonrisa más sincera que le he visto nunca. Ella echa la cabeza hacia atrás y se ríe.
El dolor en mi corazón se irradia por todo el pecho. Siento que podría estallar físicamente solo viendo lo enamorados que están.
Ella se retuerce en los brazos de Jamie hasta que él la deja en el suelo, con sus piececitos marcando el ritmo de la música. Cuando tropieza, es Tiff quien la coge en brazos, y Jamie tiende la mano hacia la sala.
—Muy bien, todo el mundo —exclama—. ¿Por favor, queréis venir y uniros a nosotros en la pista de baile?
—Oye. —Chris me da un toquecito ligero con el codo—. ¿Quieres bailar? —pregunta, tendiéndome la mano justo cuando otras parejas se dirigen a la pista.
Mi sonrisa flaquea y me quedo mirando su mano, preguntándome si tengo el valor de bailar delante de Zach.
¿Sería eso una provocación?
Eso es lo último que quiero hacer.
—¿De verdad quieres provocar a la fiera? —se ríe Chase a su lado.
Chris se encoge de hombros, impertérrito. —Solo porque a los osos les guste la miel, no significa que Honey tenga que darles importancia. —Sonríe, moviendo los dedos mientras espera a que acepte—. Vamos. Un baile. Te ayudará a distraerte de todo.
Miro su mano y luego su rostro sonriente.
Chase se inclina. —Que sepas que, si Evans te hace un placaje, yo no voy a intervenir. Llevo zapatos de vestir y tengo un contrato de la NHL que cumplir.
—¿Oyes eso? Mi propio hermano acaba de venderme por un quarterback.
—Faltaría más. Él encabeza mi liga de fútbol este año. No voy a arriesgar el brazo de lanzar de ese hombre solo para que vosotros dos tengáis un momento.
¿Un momento?
Miro a Chris y le lanzo una mirada de confusión. Supongo que eso significa que no le contó a Chase todo lo que pasó entre nosotros. Que cuando le dije que me iba por un año, Chris entró en pánico y me besó como si eso pudiera hacer que me quedara.
Definitivamente no sabe lo rápido que nos separamos los dos.
Cómo nos reímos de aquello. Cómo lloré mientras me marchaba de todos modos. No porque quisiera a Chris, sino porque no sentí nada.
Ni una chispa, ni siquiera un aleteo... nada más que la misma vieja culpa royendo los bordes de mi estómago.
No ayudó que al día siguiente, cuando se lo dije a Zach, terminara besándolo exactamente por la misma razón.
Solo que, en ese momento, lo sentí todo.
Detrás de nosotros, alguien se aclara la garganta. —¿Puedo bailar esta pieza?
Zach.
Su voz me atraviesa, de la misma forma que lo hacía en el instituto.
Respiro hondo mientras Chris se gira para mirar al hombre que está a nuestro lado, con los ojos muy abiertos.
—Eso si a tu novio le parece bien. —Oigo el tono cortante en la voz de Zach sin levantar la vista.
Chris se ríe y aparta la silla, dándome más espacio para moverme. —Sí, no soy su novio —dice.
Traidor.
Acaba de delatar la única defensa que tenía esta noche.
—Bien —dice Zach, extendiendo su mano hacia mí con la palma hacia arriba. Me la quedo mirando, enfrentada al mismo dilema que con Chris. Solo que esta vez, no es solo un chico que me besó por accidente. Es el único hombre al que he amado.
Chase murmura algo sobre osos y miel mientras Chris se aleja.
—Honey —dice Zach en voz baja, inclinándose—. Baila conmigo. Por favor.
Me está suplicando, y solo lo he oído hacer eso otra vez.
¿De verdad vas a dejarme, Honeycomb?
—Es-está bien —digo, porque me parece mal dejarlo así.
En el segundo en que mi mano está en la suya, siento que todas las emociones vuelven a estrellarse contra mí. La electricidad hace saltar todas mis terminaciones nerviosas y apenas soy capaz de mantenerme en pie, porque he sentido más en los últimos cinco segundos que en los últimos seis meses.
A ver cómo acaba esto para mí.
Me tiemblan las rodillas y mantengo la cabeza agachada mientras él me guía a la pista de baile. No necesito mirar hacia arriba para ver a la gente que nos observa. Puedo sentirlos. No solo a Chris y Chase, sino a Asher, Olivia, Madison... a todos, y no me gusta.
Cuando encuentra un hueco, me atrae hacia él. Su palma con firmeza en mi cintura, alineándonos mientras reclama lo que es suyo. Mi cuerpo traidor se hunde en él, recordando cada milímetro de lo bien que nos sentimos apretados uno contra el otro.
Su otra mano sostiene la mía, y es entonces cuando estos dos últimos años de separación se desvanecen. De repente, me siento como si tuviera dieciocho años otra vez, fingiendo que no siento nada cuando se supone que solo somos una pareja falsa.
La culpa me roe el estómago.
Todo este tiempo fuera para... nada.
No me encontré a mí misma. No me sentí mejor por arte de magia a lo Come, Reza, Ama .
Solo me quedé en casa de mi mejor amiga, llorando hasta quedarme dormida cada noche.
La Dra. Reeves me dijo que me llevaría tiempo asimilar todo lo que pasó, pero cuando miro a Zach, lo único que quiero es volver a cuando solo éramos nosotros, escondidos en mi habitación mientras hablábamos del futuro.
Bueno, el futuro ya está aquí, y no tiene nada que ver con lo que yo quería.
Las lágrimas empiezan a brotar y se me hace un nudo en la garganta mientras nos balanceamos suavemente al ritmo de la música. En cuanto nuestros ojos se encuentran, dice: —Te he echado de menos, Honeycomb.
Adiós a eso de ser fuerte. Chantajeé a mi propio padre, ayudé a mi exfiancé a conseguir la vida de sus sueños y, sin embargo, cuando oigo a Zach decir mi apodo, siento que me derrumbo.
Es demasiado.
Aclarándome la garganta, me seco las lágrimas y cambio de tema.
—Felicidades por ser la primera elección global de la primera ronda —digo—. Sé cuánto has luchado por conseguirlo y es muy merecido.
Él traga saliva visiblemente, estudiándome mientras nos balanceamos.
—Gracias. ¿Lo viste? —Su mano aprieta la mía.
—Sabes que sí. —Mi voz es tenue y, de repente, el botón de su camisa me resulta increíblemente fascinante—. Respondiste a mi mensaje.
Él se ríe entre dientes. —Lo hice. Fuiste la única que recibió respuesta. Todos los demás que me importaban estaban allí.
Asiento con la cabeza, sin saber muy bien qué se supone que debo hacer con esa confesión.
—Aun así, no me sentía del todo bien sin ti a mi lado.
Se me corta la respiración justo cuando sus dedos se flexionan contra mis caderas.
No. No. No.
No podemos hacer esto.
Respiro hondo y cierro los ojos, haciendo todo lo posible por recuperar la compostura.
—Zach, no puedes decir cosas así.
—¿Por qué no?
—Porque ya no estamos juntos. No lo estamos desde hace mucho tiempo.
—Créeme. —Su mandíbula se tensa, su mano aprieta la mía solo un poco—. Lo sé.