The Quarterback Sneak (The Four Quarters Collection 1) 33. Capítulo Treinta y Dos
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33. Capítulo Treinta y Dos

Capítulo Treinta y Dos

Honey

M e pellizco los dedos de los guantes de raso, lista para quitármelos.

Frunzo el ceño cada vez que me miro en el espejo.

Una gran sensación de inquietud burbujea en mi estómago.

Esto no está bien. Debería haber luchado más contra mi madre y haber insistido en el vestido de seda de corte en A que me quedaba de maravilla.

En cambio, llevo un vestido que Oscar de la Renta debió de crear tras una noche intensa de vino tinto.

Parezco una monstruosidad de nata montada, y la idea de salir de esta habitación me da ganas de vomitar.

Venir aquí fue un error, pero mi madre no habría pasado por alto mi ausencia.

Este es su evento más importante del calendario social.

—Estás preciosa, Hunniford. —Mi padre me ofrece una sonrisa forzada y me besa ligeramente en la mejilla. Es impersonal y formal, como él.

—Gracias, padre. —Él se ajusta los puños mientras se admira en el espejo, sin dedicarme una segunda mirada.

Aún podría salir de esta. Puede que mi padre esté demasiado interesado en su propia apariencia como para notar que me escapo.

Levantando la pesada tela, me bajo del pedestal y digo: —Voy a ir al baño. —Es mi única oportunidad de salir de aquí.

—Hunniford. —Mi madre me detiene justo cuando llego a la puerta—.

Deja que te vea. —Suspiro, poniendo los ojos en blanco, y luego me giro con una sonrisa sarcástica.

No hemos hablado en una semana; me ha estado evitando desde que le grité en el pasillo, y el silencio ha sido agradable.

Es difícil decepcionar a alguien que no te habla.

Se acerca arrastrando los pies y me evalúa como si fuera un caballo de carreras a punto de salir del establo.

Su rostro muestra aprecio hasta que llega a mi cuello.

—Sé que tienes una conexión extraña con ese collar barato, pero ¿puedes ponerte las perlas de tu abuela por favor, solo por esta noche?

Hay mucha gente importante a la que impresionar ahí fuera, y no quiero que tu joya de feria sea el principal punto de referencia de quién eres.

Ahí está ella. Ha pasado tanto tiempo que casi echaba de menos sus pullas sarcásticas.

Mis ojos se encuentran con los de mi padre en el espejo y él arquea una ceja, que es su forma de decirme que escuche a mi madre porque es importante para ella. Sin decir ni una palabra más, me quito el collar que me regaló Zach y cojo la caja de terciopelo negro.

Mi madre me observa con aire de superioridad. Por supuesto que está contenta. Cree que estoy haciendo lo que ella quiere, pero me lo volveré a cambiar cuando se vaya.

Satisfecha, consulta su reloj. —Tienes diez minutos antes de salir.

—Buena suerte, Hunniford —dice mi padre, siguiendo a mi madre fuera de la habitación—. Haz que me sienta orgulloso.

Si hubiera sabido todo este tiempo que lo único que tenía que hacer para que mi padre se sintiera orgulloso era llevar un vestido feo mientras bajaba unos escalones en el club social, lo habría hecho hace años. Quizá así me habrían dejado en paz.

Mientras me miro al espejo por última vez, me retoco los mechones que caen a ambos lados de mi cara y limpio una pequeña mancha de pintalabios.

Como tampoco he hablado con Zach desde que me besó en el pasillo y me dijo que lo esperara, no sé qué esperar cuando salga de esta habitación.

Por lo que sé, puede que no haya nadie esperándome al pie de la escalera, pero tengo esperanza.

Una de las coordinadoras asoma la cabeza por la puerta. —Es hora de irse, señorita Sanderson.

—Está bien, gracias.

Antes de salir, cojo el collar de Zach y lo meto en el único lugar donde sé que no lo perderé: mi sujetador. Me lo pondré cuando tenga la oportunidad.

Sintiéndome fuera de lugar mientras hago cola con las otras debutantes, vuelvo a sentir el impulso de huir. No quiero hacer esto, pero con las coordinadoras al final del pasillo, la única salida es hacia abajo. No tengo más remedio que seguir adelante.

Cuando la chica que tengo delante empieza a bajar los escalones, respiro hondo. Ha llegado el momento.

Mi mano se tambalea sobre el borde de la barandilla y bajo las escaleras peldaño a peldaño.

Cuando llego al rellano de la escalera, camino hacia el centro y me enfrento a la multitud.

Cientos de personas están mirando, pero yo solo busco unos ojos en concreto.

Mi ritmo cardíaco se acelera y gotas de sudor perlado me brotan por la frente debido a las luces brillantes.

Odio que mi madre me exhiba así, y mientras pierdo la esperanza de encontrar esos ojos verdes, me doy cuenta de que también me sentiré avergonzada si Zach no está ahí abajo esperándome.

Bajo la mirada hasta el pie de la escalera y me sobresalto al ver a Jamie allí abajo.

La decepción recorre mis venas. Ese pequeño rastro de esperanza que tenía se apaga porque Zach no está aquí.

Quizá pensar que vendría fue ingenuo, pero sus palabras y la forma en que me miró me hicieron sentir especial. Algo que claramente no soy.

Jamie me observa con una sonrisa demasiado entusiasta. Él, al igual que mis padres, cree que han ganado. La triste realidad es que puede que tengan razón. No importa cuánto quiera esconderme de la vida que me han trazado; no puedo.

Cada paso parece más pesado que el anterior, y tengo que concentrarme para no caerme con mis tacones de punta, lo que afortunadamente significa que no estoy mirando al chico que me espera abajo.

Así que esto es todo. Quizá debería aceptarlo.

Estaré cómoda para siempre y nunca tendré que preocuparme por el dinero.

Jamie tendrá amantes, como estoy segura de que tiene mi padre, y yo seré tan amargada como mi madre.

Quizá ese sea mi ciclo de la vida. Mucha gente está mucho peor, así que tal vez debería aceptar que han ganado.

Se me rompe un trocito del corazón al pensar en Zach, porque lo único que será es un recuerdo al que mi mente volverá cada vez que me sienta sola. El chico que se escapó. El chico que nunca fue mío en primer lugar.

La sonrisa de Jamie se ensancha a medida que me acerco, pareciendo incapaz de notar que voy más despacio. Al menos estaré lejos de él durante cuatro años mientras yo esté en St. Michael’s y él en Southern Collegiate.

Jamie me tiende la mano, haciendo una reverencia ante mi presencia. Le tiendo la mía con renuencia.

Sea lo que Dios quiera.

—¡Espera!

Esa voz.

Debo de estar soñando o delirando. Esto no puede estar pasando. La mano de Jamie intenta atrapar la mía, pero yo aparto mis dedos.

—Honey.

Ahora no hay duda. Trago saliva, armándome de valor para levantar la vista, y cuando lo hago, me derrito.

Ojos verdes, una sonrisa encantadora y un aspecto seguro de sí mismo.

Está aquí.

—Zach —apenas susurro, viendo cómo se acerca con paso firme. Los espectadores jadean, y sé que mi madre está mirando, pero no me importa. Zach está aquí... por mí.

Bajando de un salto el último escalón, paso por delante de Jamie, me sujeto la falda del vestido y corro hacia Zach.

Me siento en casa cuando sus manos rodean mi cintura y yo paso mi brazo por el suyo.

—¿A eso llamas esperarme, eh? —pregunta con un toque de humor en la voz. Me da un sutil beso en la mejilla cuando me aparto.

—Pensé que no vendrías.

—¿Así que pensaste que dejarías que Caracaballo te recuperara?

—Me quedo boquiabierta, con las comisuras de los labios curvándose en una sonrisa porque no sé cómo explicar lo que ha pasado.

Sin esperar mi respuesta, Zach entrelaza su mano con la mía y dice—: Nunca te fallaría, mi Honeycomb.

—Su voz es como un elixir para mi alma, y me la bebo con avidez—. Teníamos un trato, ¿recuerdas?

Por supuesto, todo se reduce al trato. En su mente no está pasando nada más profundo entre nosotros. Está siendo un buen tipo, cumpliendo su parte del trato. No está pensando en mí sin cesar como yo en él.

—Ahora bien, Mike me ha dicho que se supone que debo besarte la mano derecha y luego llevarte al otro salón, donde habrá mucho baile.

Me muerdo el labio, intentando contener la tristeza de mis ojos.

Debería estar de cualquier forma menos disgustada.

Zach está aquí, dedicándoles el mayor "que os den" a mis padres y a Jamie que podría desear, pero no es como lo imaginaba.

No hemos hablado desde que me dijo que lo esperara, ¿pero fue solo para terminar la apuesta?

Él levanta mi mano, echando hacia atrás los faldones de su traje, y la besa suavemente. Incluso a través de la tela, siento esa electricidad punzante que solo Zach es capaz de provocar.

No me molesto en mirar alrededor del salón a las caras de desaprobación y las miradas de asombro.

Los padres de Jamie probablemente tendrán palabras duras para los míos, y cualquier idea sobre una dinastía se arruinará.

Curiosamente, no me importan las repercusiones porque, por primera vez, me siento segura y completa en presencia de la alta sociedad.

—Vámonos. —Me ofrece su codo, luego yo paso mi mano por él y dejo que me guíe a la habitación de al lado, dejando a Jamie allí plantado sin nadie a quien escoltar.

—Demos la bienvenida a Hunniford Genevieve Sanderson y Jamison Franklin Nicks.

El salón se queda en silencio cuando entramos. Zach se inclina más para que nuestros hombros se rocen. —Vaya. Es como si no hubieran visto antes a un tío con menos de cien pavos en su cuenta bancaria. —Se ríe con torpeza.

Es obvio por cómo actúa en el instituto que lugares como este no le hacen sentir cómodo, y se siente menos seguro cuando no lleva su uniforme. Le aprieto la mano, agradeciéndole en silencio que haya venido.

—No. Es solo que no pueden creer que me haya enfrentado a la gran Hayley Sanderson. Ella prácticamente está financiando este baile, y yo acabo de quemar un agujero en su tapiz perfecto.

Él sonríe con picardía. —Si quieres, puedo escoltarte de vuelta para que Jamie y tú podáis hacer vuestra gran entrada.