21. Capítulo Veinte
Capítulo Veinte
Honey
Q ué guapa estás, Honey —exclama Brett. Él y Jamie están apoyados en la barandilla del porche de Kyle, fumando un porro mientras subo las escaleras.
Le dedico un saludo con el dedo corazón y entro directa en la casa.
No he venido para entretener a ninguno de ellos; no me queda mucho tiempo y solo hay una persona a la que quiero ver esta noche.
La casa está a rebosar y, mientras me abro paso entre la multitud de estudiantes, busco ese destello de pelo rubio que me ha hecho sentir más calor de lo que me gustaría admitir.
—¡Perdón! —grito, apartando a la gente hasta que diviso su pelo revuelto en la cocina.
El corazón me late más rápido y me ajusto el vestido, asegurándome de que la tela elástica caiga sobre mis caderas del modo adecuado.
Olivia y Mike están hablando con él, pero ninguno nota mi llegada, así que decido ser un poco juguetona.
Cuando Olivia me ve, me llevo el dedo a los labios para mandarla callar y luego le tapo los ojos a Zach con las palmas de las manos.
— ¿A que no sabes quién es? —le susurro al oído antes de darle un mordisquito en el lóbulo.
Es un movimiento que nunca me habría atrevido a hacer antes de ayer.
Él pasa los brazos por detrás, me rodea la cintura con las manos y me levanta en vilo. —¿Es mi Garbanzo? —Su estúpido apodo me hace reír.
Cuando me baja, se da la vuelta, me regala su hermosa y amplia sonrisa y me envuelve en un abrazo.
Me besa en la frente y ese ligero chispazo de su contacto hace que se me revuelva el estómago de emoción.
Se siente tan bien... —Estás preciosa esta noche.
—Cojo la mano de Zach y la aprieto—. ¿Es por eso por lo que llegas tarde?
Porque podrías llevar puesto un trapo de cocina y seguiría pensando que estás tremenda.
Respiraciones ansiosas y un aleteo ardiente me llenan los pulmones. ¿Es esto lo que se supone que se siente cuando quieres la aprobación de alguien?
Echo la cabeza hacia atrás. —Es una larga historia.
Se lleva la mano a mi pelo, saca una ramita para enseñármela y arquea una ceja.
—Una larga historia que vas a tener que contarme.
De lo contrario, pensaré que te has caído en un arbusto solo para llegar hasta aquí.
—Me río para quitarle hierro al asunto y le doy un azote juguetón porque está mucho más cerca de la verdad de lo que me gustaría admitir.
Trepar por mi propia casa para evitar las cámaras de seguridad al escaparme puede que haya sido uno de mis movimientos más drásticos, pero era la única forma de salir.
—¿Por qué no os buscáis una habitación? —se queja Olivia mientras sonríe, y saludo a ella y a Mike antes de ocupar mi lugar junto a Zach. Su brazo cae sobre mis caderas y cualquiera pensaría que somos una pareja de verdad. Después de lo de ayer, quizá lo seamos.
No dejo que mi mente divague demasiado por ese camino porque aún no hemos hablado de nada. Pero cuando me atrae un poco más hacia él para que me apoye en su costado, es difícil no hacerlo.
Tras hablar con nuestros amigos durante diez minutos, Olivia tira del brazo de Mike. —Venga. Tengo algo que enseñarte —dice con una ceja levantada.
Mike desvía la mirada hacia Olivia y una sonrisa se dibuja en su rostro. —Ah, claro, Livi. —Dirigiendo su atención a Zach por un segundo, dice—: Estate aquí a medianoche para que pueda llevarte a casa.
—Hecho, jefe. —Zach asiente y observa cómo Olivia se lo lleva a rastras—. ¿Quieres apostar a que lo que sea que Olivia le va a enseñar no incluye ropa?
Chasqueo la lengua, girándome juguetona hacia Zach. —¿Apostar? Pensaba que solo jugábamos para ganar, y ambos sabemos que si aceptara esa apuesta, perdería.
Se suponía que era una broma, pero los labios apretados de Zach y su expresión incómoda parecen mucho más sombríos que antes. —Tienes razón. No deberíamos hacer este tipo de tratos. —De repente, esta conversación se siente más seria—. Honey, creo que tenemos que hablar.
—Honey, yo... —Zach se ve interrumpido por la mano de Jamie apretando su hombro.
—Zach. Honey. —La voz cargada de celos de Jamie me taladra los oídos mientras su sonrisa de cocodrilo entra en escena—.
No esperaba verte aquí, Becado. Honey, ¿has vuelto a invitar al servicio?
—Unos cuantos jugadores de fútbol detrás de él sueltan una risita, y me dan ganas de darles una paliza de muerte a todos esos privilegiados.
La cara de Zach no lo demuestra, pero noto la tensión en su agarre.
—Jamie, me sorprende verte aquí. Pensaba que estarías por ahí buscando a alguien en quien meter tu minúscula polla.
—Jamie escupe su cerveza, los chicos de detrás le dan palmaditas en la espalda y Zach me mira con los ojos como platos.
—A Jamie le han dado un zasca —grita uno de los futbolistas, riendo.
Centrando mi atención en los chicos, digo: —No es que tenga que decéroslo yo. Todos veis esa polla de lápiz cada día en el vestuario.
Zach se ríe y yo le aprieto la mano un poco más, alejándolo del revuelo. Al salir de la cocina, encuentro un lugar tranquilo junto a las escaleras y rodeo la cintura de Zach con mis brazos. Tiene el ceño fruncido y parece sumido en sus pensamientos.
—Siento lo de ese idiota.
Levanta la cabeza de golpe, mirándome con sorpresa. —¿De qué tienes que disculparte? Acabas de dejar a Jamie como un imbécil, y yo vivo para momentos así. —Me río mientras me atrae hacia él y me besa en el lateral del cuello—. Estás tan sexy cuando te defiendes.
Inhalo su aroma felizmente, dejando que me sostenga contra él. Él es quien me ha dado la confianza para defenderme; ahora, si tan solo tuviera la confianza para decírselo.
Al separarse, Zach entrelaza su mano con la mía y levanta la barbilla. —¿Podemos ir arriba para hablar?
Sigo su mirada hacia la gran escalera por la que bajan parejas que todavía parecen desaliñadas por sus peripecias en el piso de arriba.
—Mjm. —La emoción que recorre mis venas es excesiva. Zach Evans me está invitando a subir en una fiesta, lo que solo significa una cosa. Quiere hacer mucho más que hablar. Y yo también.
Mientras me guía escaleras arriba, bajo la mirada a mis pies, no queriendo estropear el momento tropezando con ellos. Cuando encuentra una habitación vacía, me hace un gesto para que entre y cierra la puerta.
Clic.
Echa la llave y ahora mi temperatura se dispara. No me ha tocado, pero lo siento por todo el cuerpo. El recuerdo de ayer sigue fresco en mi mente.
—Así mejor. —Zach se apoya contra la puerta cerrada y sus ojos recorren mi cuerpo—.
¿Te he dicho lo bien que te queda eso? —Sus ojos verdes se han oscurecido, su rostro se vuelve mucho más serio, e instintivamente me llevo las manos al vestido para alisarlo—.
No hace falta que hagas eso. Estás perfecta.
Suelto una risita incómoda y me quedo mirando al suelo, porque a veces, Zach es un poco demasiado intenso. Sus pasos llenan la habitación y levanto la mirada cuando sus zapatos aparecen en mi campo de visión.
—Hoy se siente un poco diferente, ¿verdad? —Zach se lleva la mano a mi pelo y saca otra ramita de él. Le da vueltas con los dedos y me mira con curiosidad.
Me muerdo el labio inferior, asintiendo con una sonrisa. —Para mí se siente diferente desde mi cumpleaños —digo, jugueteando con el collar de abeja que me regaló. Su rostro se suaviza mientras observa—. He estado pensando mucho en ello.
—Yo también he pensado mucho en eso. —Trago saliva, emocionada por hacia dónde podría ir esto pero sin estar segura de si estoy lista para que todo cambie—. Me gustas, Honey.
—Tú también me gustas —respondo, con demasiada prontitud como para que Zach no lo note. Hago una mueca cuando empieza a estudiar mi expresión.
—¿Hablabas en serio?
—¿Sobre qué?
—¿Sobre la nueva regla que querías implementar en nuestro trato?
—Se me encoge el corazón y trago saliva al saber que de eso es de lo que quiere hablar.
No de los sentimientos que hay detrás de lo que pasó ayer porque él no tiene ninguno; solo soy yo, pobre y desesperada, la que pensó que había algo más detrás de que restregara su cuerpo contra el mío en un armario.
—¿Te refieres a la que ya hemos puesto en práctica?
—Me siento un poco amargada pero intento que no se note.
Soy la idiota que pensó que esto era una buena idea en primer lugar.
Quería probar cosas antes de hablarle de mis sentimientos cambiantes, y ahora estoy recibiendo exactamente lo que me merezco.
—Sí —responde tímidamente—. He estado dándole vueltas y creo que podrías tener razón.
—¿Cómo salgo de esta habitación sin pasar más vergüenza?
No creo que pueda—. Es evidente que nos gusta estar juntos y nos estamos calentando con todas las sesiones de besos; ¿por qué no añadir esa regla?
No podemos estar con nadie más, así que ¿por qué no lo hacemos simplemente?
Oh, Dios. Me doy cuenta de lo mal que he interpretado esta situación. Solo me ayudó ayer porque prácticamente se lo supliqué, y ahora piensa que estoy lo suficientemente desesperada como para aceptar mi propia sugerencia estúpida. Aunque no se equivoca, lo que lo hace aún peor.
—Quizá —digo con un tono cantarín en la voz.
No hay forma de que pueda echarme atrás ahora...
No es que quiera. Besar a Zach es cuando más viva me he sentido nunca, y si seguimos con nuestra farsa de citarnos falsamente, no puedo exactamente darme la vuelta y prohibir que nos besemos.
Quizá deba dejarme llevar y pasarlo bien con él en lugar de esperar algo más.
—Sin embargo, tengo una condición —interviene Zach, y yo arqueo una ceja—. Es lo mismo que mencionaste antes. No podemos pillar sentimientos.
Un poco tarde para eso por mi parte. —¿Nada de sentimientos? —Me hago la tonta porque quiero que se explique mejor.