The Quarterback Sneak (The Four Quarters Collection 1) 19. Capítulo Dieciocho #3
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19. Capítulo Dieciocho #3

Aunque asiente, no hace ningún intento por abrir la puerta. En cambio, su mirada se detiene en la hebilla de mi cinturón y sus manos bajan hacia el cuero. —Honey, ¿qué haces? —Echo la cadera atrás justo cuando me agarra las trabillas del pantalón, manteniéndome en el sitio.

—¿De verdad creías que te dejaría irte de aquí con una erección del tamaño de Texas?

¿Qué cojones está pasando? No es así como se supone que debe ir la cosa.

Antes de que tenga un segundo para pensar, Honey ya me ha desabrochado el pantalón y sus dedos están agarrando la cremallera.

Colocando mi mano sobre la suya, digo lo más difícil que he tenido que decir nunca. —Honey, no deberíamos. —Sé que está decepcionada. Yo también, pero tenemos que hablar antes de que pase nada más entre nosotros.

—Tranquilo —me dice con dulzura—. Esto es un rápido intercambio de favores.

Tú acabas de hacerme tocar el cielo; ahora es mi turno.

—Habla como si estuviéramos intercambiando batidos en lugar de fluidos corporales.

Por suerte, mi cerebro aún funciona a pesar de la falta de oxígeno, y entrelazo mis dedos con los suyos.

—Seguramente deberíamos ir a clase. Podría meterme en un lío si alguien nos encuentra.

Se le descompone el gesto. Ignorándolo, le acaricio el pelo y le coloco bien la diadema antes de cogerle la mano de nuevo y sacarla del cuarto.

Varios estudiantes se alejan cuando se abre la puerta. Honey me lanza una mirada de complicidad. Han estado escuchando todo el asunto, y Jamie probablemente se enterará de esto antes de que acabe el día.

Sus pasos son más ligeros que antes, pero curiosamente, lo único que siento es molestia, y no es por la tienda de campaña que tengo en los pantalones. Un momento como el que hemos compartido debería haber sido algo nuestro. Ahora seremos el cotilleo del instituto por las razones equivocadas.

Al agarrarme de la mano, me distrae del fiasco mientras me arrastra por el pasillo. Toda esa sesión ha sido increíble, pero me queda la duda persistente de ¿y ahora qué? Seguramente, este pequeño acto de rebeldía es su manera de decir que siente lo mismo que yo.

Justo cuando voy a decirle que tenemos que hablar, me interrumpe. —¿Estás libre el viernes por la noche?

—¿El viernes por la noche?

Su sonrisa se ladea. —Sí, sé que esta semana hay descanso, así que me preguntaba si estarías libre para venir a la fiesta de Kyle conmigo.

Se me hiela la sangre porque este jueguecito está complicando las cosas. Ya le prometí a Tiff que cuidaría de Ella el viernes para darle un respiro. Justo cuando voy a decir que no, se me quiebra la voz al ver sus ojos tan entusiasmados.

—Claro, me encantaría ir. —Siento como si tuviera una piedra en los pulmones que retiene las palabras que no puedo decir. Demasiados compromisos, demasiadas complicaciones, y aquí estoy yo, añadiendo más.

Me abraza, pero mi entusiasmo es nulo. De hecho, no se me ocurre nada peor que pasar más tiempo del necesario rodeado de esos idiotas, pero al parecer, estar con Honey es más importante.

Tendré que asegurarme de pasar todo el fin de semana con Ella para compensárselo a Tiff.

Tengo una extraña sensación de déjà vu al abrir la puerta de la sala de pesas, y todo el ruido de la sala se detiene. Me reciben miradas en blanco y susurros cortantes, y sé exactamente por qué.

Honey.

—Sí, hoy no vamos a hacer esto —suspira Mike, empujándome fuera de la sala antes de que pueda decir nada. Echa un vistazo por encima del hombro y cierra la puerta.

—¿Qué pasa, Mike? —Me hago el tonto porque quiero saber qué es lo que él sabe.

Niega con la cabeza. —Jamie. Hoy busca pelea, y si te ve, se va a liar.

—¿Por qué?

Mike me mira con los ojos como platos. —¿De verdad vas a seguir fingiendo que no sabes nada del rumor?

—¿Por fin se ha dado cuenta de que soy mejor jugador que él? Porque eso no es un rumor, es la verdad. Una verdad que podría haber descubierto solo con mirar un informe de ojeadores.

Me lanza una mirada tan dura que juraría que siento que me atraviesa el pecho. —Corta ya, Z. No tiene gracia. Esta estúpida apuesta se está yendo de las manos y está rompiendo el equipo.

Levanto las manos. —Yo no empecé esa estúpida apuesta, y soy quien está ayudando a tu amiga.

—Follártela en el cuarto de la limpieza no es precisamente ayudarla, ¿verdad?

—¿Así que te has enterado?

—Sí, me he enterado, todo el mundo se ha enterado. Hasta los alumnos del North Central High se han enterado ya.

—No es lo que piensas.

—¿Es tu forma de decir que no te has tirado a Honey en el armario?

—No lo hice. —Sin embargo, sí que me la restregué hasta que se corrió, pero eso no hace falta mencionarlo.

—¿Entonces por qué tienes esa cara de tonto enamorado? —Aprieto los labios formando una línea recta—. Joder, esto se está poniendo feo. Pensé que Honey y tú habíais acordado que solo se trataba de dinero y venganza.

—Solo se trata de dinero y venganza.

—¿Estás seguro? Porque nunca te había visto con esa sonrisa de bobo, ¿y ahora me entero por terceros de que tú y Honey estáis haciendo guarradas en el cuarto de la limpieza? ¿Sabes que ese tipo de mierdas pueden hacer que te expulsen?

Asiento. Tiene razón. No solo fue algo estúpido y espontáneo, sino que no he dejado de pensar en ello desde que ocurrió, y estoy más confundido que nunca sobre en qué punto estamos Honey y yo. Tenemos que aclararnos.

Mike me agarra la cara, obligándome a mirarlo.

—Recuerda por qué estás aquí. Por el fútbol y por la familia.

—No dice sus nombres, pero sé exactamente a quiénes se refiere.

Tiff y Ella son la razón por la que estoy aquí.

Se han vuelto más importantes de lo que jamás hubiera imaginado, y él tiene razón. Mi atención debería centrarse en ellas.

Pero entonces unos ojos color miel y un pelo color caramelo se filtran en mi mente y, aunque nunca se lo admitiré a Mike, algo en mi pecho se agita.

Mierda.

Odio admitirlo, pero tiene razón. Tengo que hablar con Honey antes de que todo se vuelva confuso y complicado.

Los sentimientos por la chica más rica del instituto no son precisamente algo con lo que pueda lidiar cuando tengo por delante la universidad, los partidos del campeonato y los compromisos familiares.

Tengo que hablar con ella antes de que todo este asunto se vuelva peligroso.