18. Capítulo Diecisiete #2
Suelto un bufido, negando con la cabeza. —¿Quién llega a hacer lo que quiere en la vida? Aparte de los atletas profesionales, pero incluso ellos están siempre al borde de una lesión que arruinaría su carrera en un segundo.
—¿Qué clase de visión del mundo es esa? Estoy acostumbrado a la Honey Sanderson. La chica impertinente que no aguanta tonterías, no a esta chica triste y deprimida.
—Ya, bueno, a esa chica se la han jugado demasiadas veces como para pensar que puede cambiarlo.
—Ahí es donde te equivocas, Carita de Bebé. El mundo te lanza un desafío, y cómo lidies con él depende de ti. Hundirse o nadar, subir o caer. Tienes que elegir una cosa u otra para salir adelante y, no sé tú, pero yo prefiero estar viviendo.
—¿Has sacado eso del reverso de una caja de cereales?
—No. El año pasado le pasó algo a mi familia que pensé que desmoronaría sus mismos cimientos, pero no fue así. Nos hicimos más fuertes, y aunque estamos pasando por la etapa más difícil de nuestras vidas, sé que todo valdrá la pena.
Apretando los labios, me contengo de preguntarle de qué está hablando porque todo parece un poco demasiado personal.
Jugueteando con sus manos, sé que le ha costado mucho admitir eso, así que intento aligerar el ambiente.
—¿Sabes qué? Tienes razón. Mi vida podría ser mucho peor.
Aún podría estar prometida con Jamie. —Arrugo la nariz y Zach se anima de nuevo—.
Quiero decir, si hubiera que elegir entre vivir en un mundo postapocalíptico donde los zombis intentaran comerme el cerebro a diario o casarme con ese capullo infiel, elegiría a los zombis cualquier día.
Al menos tendría una espada chula o algo así.
Él se ríe entre dientes, frotándome el muslo, y me gusta un poco demasiado. —Aunque creo que te saldrías con la tuya en un mundo postapocalíptico de zombis, es toda una declaración de intenciones.
—Lo sé, ¿verdad? Pero cada vez que pienso en lo que pasó entre Jamie y yo, me da mucha vergüenza. Ahí estaba yo, pensando que era el amor de mi vida, y el tipo apenas me soportaba. Y aun así estaba dispuesto a aguantarme para siempre solo por quedar bien con su papaito.
Zach se remueve en el asiento, retirando la mano. —Yo no diría que eso sea del todo cierto.
—¿De qué estás hablando?
Se queda callado un segundo. —Jamie y yo tuvimos una pequeña discusión después de acordar la actualización de la apuesta.
—Dios mío, ¿estás bien?
—Pff. Estoy bien. Jamie tendría que pegarme mientras duermo para lograr darme un puñetazo. Pero a juzgar por su reacción, yo diría que parecía bastante interesado en ti.
—Eso no cambia las cosas. No luchó por mí cuando importaba.
No soy más que una posesión para él. Un juguete al que puede controlar y usar para quedar bien en las fiestas.
Puede que esa vida sea suficiente para mi madre, pero no para mí.
Quiero a alguien que me quiera y me haga sentir que soy lo mejor que le ha pasado nunca.
Zach desvía la mirada y observa por la ventana su hermosa casa familiar. Por un minuto, espero que diga algo sobre dejarle allí, pero no lo hace.
—No tengo dudas de que encontrarás eso —dice, y me siento un poco decepcionada aunque no tenga derecho a estarlo. Secretamente, tenía fantasías con que él me mirara así, pero ni siquiera se molestó en establecer contacto visual.
Su mano se cierne sobre la manilla de la puerta; parece que no quiere abrirla, y yo no quiero que lo haga porque eso significa que tendré que irme a casa sin él.
—¿Esa es tu moto? —Señalo la máquina vieja y oxidada que hay bajo la pérgola junto a su casa—. La mencionaste la otra noche.
—Vaya, un punto por escuchar. Esa es la vieja Nessy. Lleva fuera de servicio casi tres años. Mi tío me la trajo, diciéndome que la arreglaría conmigo para que tuviera algo que conducir hasta mi instituto de pijos.
—¿Está casi terminada?
—No he empezado a trabajar en ella. Mi tío no aparece por aquí desde hace un tiempo.
—Duda, y sé que hay una historia de fondo, pero de nuevo, me contengo.
Si él quisiera que yo supiera esas cosas, me las contaría, y sinceramente, prefiero que elija contármelo a forzarle a responder—.
No he tenido tiempo para hacer nada excepto estudiar, jugar al fútbol y entrenar desde que entré en South Point.
Tengo un trabajo durante la temporada baja para ayudar a llegar a fin de mes, y cuando no estoy trabajando, tengo otros compromisos.
—¿Ah, sí? ¿Qué otros compromisos? —Tenía que preguntarlo esta vez; ha hecho demasiadas referencias vagas y me habría sentido estúpida si no lo hubiera hecho.
Agita la mano con indiferencia, apretando el agarre en la manilla pero sin irse todavía. —No importa. —Su respuesta es gélida y, aunque no puedo verle la cara, sé que le ha molestado que le preguntara—. Gracias por traerme, Honey.
Sin apodo.
—Tengo que irme —masculla mientras abre la puerta y luego la cierra de un golpe.
—Vaya —murmuro, apoyo la cabeza en el asiento y veo cómo Zach se marcha. La cortina se agita y cruzo la mirada con la chica que vive allí. La que él dice que es su hermana, aunque sigo sin estar segura de creerme esa respuesta.
Cada vez más, empieza a parecerme que ella podría ser uno de los compromisos de Zach.
Conduciendo a casa en silencio, paso demasiado tiempo pensando en él y en si lo que está pasando entre nosotros es lo correcto.
Está claro que tiene muchos problemas en casa y siento que le estoy quitando tiempo para eso.
Pero él se me acercó y claramente necesitaba el dinero.
No ayuda que la idea de cortar con Zach me produzca un sentimiento de pavor que me cala hasta los huesos.