The Quarterback Draw (The Four Quarters Collection 2) 31. Capítulo 31
94%

31. Capítulo 31

Zach

M iro fijamente la pantalla de mi móvil, fulminando con la mirada los tres mensajes recibidos que siguen sin respuesta y sin leer. Nada.

Zach: Feliz cumpleaños, Honeycomb.

Zach: Te quiero. No me importa si no quieres casarte conmigo nunca. Solo te quiero a ti.

Zach: Te quiero más que a nada.

Quiero escribirle algo más, pero ¿qué más se puede decir? Se lo he dicho todo. He expuesto mi corazón ante ella y aun así me ha dicho que necesitaba tiempo.

Me guardo el móvil en el bolsillo, cojo las llaves de la encimera de la cocina y me dirijo a la puerta.

Debería estar centrado en el partido de mañana.

Es el más importante de mi carrera universitaria.

Ojeadores de seis equipos de la NFL han confirmado su asistencia y tengo muchas posibilidades de ganar.

Esto es todo por lo que he trabajado desde que tenía ocho años y papá me puso un balón de fútbol americano en las manos por primera vez, pero en lo único en lo que puedo pensar es en qué aspecto tenía ella anoche cuando dijo que no. Triste y rota.

Mi móvil vibra.

Tiff: Aterrizamos en 20. Ella está que vibra de la emoción por ver a su persona favorita.

Es verdad. El aeropuerto. Tengo que dejar de deambular deprimido por casa e ir hacia allí.

Respondo rápido.

Zach: Nos vemos pronto.

No sé qué voy a decirles. Tiff sabrá que algo va mal en cuanto me vea la cara. Siempre lo sabe. Pero Ella... joder, no puedo dejar que Ella me vea desmoronarme. Hoy no.

Compruebo mi reflejo en el espejo del pasillo antes de salir. El moretón de mi mandíbula por el puñetazo de Chris está más oscuro ahora, con un tono violáceo extendiéndose hacia el pómulo. Al menos puedo usar como excusa una sesión de entrenamiento dura con ellos.

El trayecto hasta el aeropuerto dura veinte minutos, y me los paso todos intentando averiguar qué decir. Honey está ocupada con el trabajo. No, Tiff se dará cuenta de que es mentira de inmediato. No se encuentra muy bien. Demasiado vago. Nos verá en el partido.

Esto último es un poco demasiado optimista. ¿Se presentará en el partido? Ni siquiera sé qué está sintiendo ahora mismo.

Llego a la zona de llegadas justo cuando Tiff me envía un mensaje diciendo que están en la recogida de equipajes.

Para cuando encuentro aparcamiento y consigo entrar, las localizo de inmediato: Ella está dando saltos al lado de un carrito de maletas, con sus coletas rubias brincando, mientras Tiff lucha con dos maletas que definitivamente superan el límite de peso.

Verlas me ha dado por fin un motivo para sonreír.

Están en casa. Por fin.

—¡Zach! —El grito de Ella resuena por la terminal. Echa a correr y apenas tengo tiempo de prepararme antes de que se lance sobre mí. La atrapo, levantándola en vilo mientras ríe a carcajadas.

Cuando la bajo, la mantengo abrazada un poco más de tiempo porque sentir su peso en mis brazos es lo primero que he sentido sólido desde que Honey se marchó anoche.

—Hola, Ella-bear —apoyo la cara en su pelo, respirando aroma a champú de manzana y a galletas saladas—. Te he echado de menos.

—¿Dónde está Honey? —se aparta, buscándola con sus ojos marrones detrás de mí—. ¡Le he traído al Señor Nibbles por su cumpleaños!

Levanta el zorro de peluche; tiene las orejas dobladas de tanto haberlo apretado en el avión.

Se me encoge el pecho. —Ella está, esto... ha tenido que trabajar esta mañana.

Ella arruga la cara. —Pero es su cumpleaños .

—Lo sé, pequeña. Pero te verá pronto, ¿vale?

—Vale.

Tiff llega con el carrito de las maletas y me da un abrazo con un solo brazo, pero noto que se pone tensa cuando me ve la cara. —¿Qué demonios te ha pasado en la mandíbula?

Dejo a Ella en el suelo. —La defensa de Covey U pensó que lo estaba mirando mal —me encojo de hombros—. No es nada.

—Ya, claro —no me cree, pero de momento lo deja pasar—. Salgamos de aquí.

Cargo las maletas en el maletero, oyendo solo a Ella hablar de cómo el Señor Nibbles se asustó durante el despegue mientras Tiff le abrocha el cinturón en su silla infantil.

—Alguien viene eléctrica —digo, pasando por el lado de Tiff para subir al coche.

Tiff suelta un gemido mientras cierra la puerta. —Sí, ha estado eléctrica durante todo el vuelo. Estaba demasiado emocionada para dormir. No paraba de preguntar cuándo aterrizaríamos para poder veros a ti y a Honey.

Noto el cuidado con el que pronuncia el nombre de Honey. Sabe que pasa algo. No me sorprende. Al fin y al cabo, es una de mis mejores amigas.

Para cuando estamos en la autopista, Ella se ha quedado frita.

—Al fin —exhala Tiff, y luego se gira en su asiento para mirarme de frente—. Vale. Ahora habla. ¿Dónde está Honey?

Mantengo los ojos en la carretera. —No lo sé.

—Que no lo sabes.

—Creo que está en el trabajo, pero no contesta a mis mensajes.

—¿Qué ha pasado?

Trago saliva con dificultad, sin dejar de mirar las líneas blancas de la autopista. —Le pedí que se casara conmigo anoche.

—¿Qué? ¿Por qué has hecho eso?

—Porque la quiero... y soy idiota —aprieto las manos en el volante—. Todo se estaba desmoronando. Su mejor amiga... —Me interrumpo.

—¿Olivia? ¿Qué ha hecho?

—Ella no. Olivia está bien. Viene en avión con Mike mañana.

Es el único atisbo de esperanza que tengo. Quizá, solo quizá, Olivia sea capaz de hacerla entrar en razón. —Es otra chica, pero no importa. El caso es que pensé que, si le demostraba lo en serio que iba con lo nuestro, vería que podríamos superar cualquier cosa, pero solo lo he empeorado.

Tiff se queda callada y noto que está intentando encajar las piezas de lo que no estoy diciendo. Tras un momento, habla con cautela. —¿Pasó algo entre esa otra chica y tú?

Me giro y miro a Tiff con asombro. —No. Nunca pasó nada —no es culpa suya que piense eso, no le he dado todo el contexto—. Es complicado, pero ¿sinceramente? Ahora ya ni importa —la miro brevemente—. El daño ya estaba hecho. Esa chica simplemente... lo dejó al descubierto.

—¿Qué significa eso?

—Significa que Honey lleva meses intentando descubrir quién es y todo el mundo no deja de decirle que no es lo bastante buena.

Su padre, gente desconocida en los partidos, esa chica...

—me detengo antes de decir demasiado sobre Jenni—.

Y yo. He estado tan ocupado intentando convencerla de que es perfecta que no me he dado cuenta de que solo estaba añadiendo más ruido. No puede oír sus propios pensamientos.

Alarga la mano y la apoya sobre mi rodilla. —Lo siento, Zach. Parece que ambos lo estáis pasando realmente mal, pero Honey siempre te ha querido. Creo que solo necesita algo de tiempo para aclararse.

—No. No es tan sencillo. No viste su cara, Tiff. Parecía... vacía. Como si no quedara nada.

—Porque está agotada de intentar serlo todo para todo el mundo —Tiff se remueve en su asiento—. Eso no significa que no te quiera. Significa que necesita quererse a sí misma primero.

—Lo sé. Lo sé, pero saberlo no hace que duela menos.

Conducimos en silencio durante unos minutos y agradezco que Tiff no intente llenarlo con palabras de consuelo vacías. Siempre se le ha dado bien saber cuándo necesito simplemente regodearme en mi propia mierda un rato.

—Por lo que sirva —dice finalmente—, creo que hiciste lo correcto.

La miro como si se hubiera vuelto loca. —¿Cómo va a ser lo correcto declararse en el peor momento posible?

—Esa parte no. Esa ha sido claramente la peor decisión que has tomado en tu vida —me dedica una pequeña sonrisa—. Pero ¿dejar que se marchara anoche en lugar de ir tras ella? Eso ha requerido valentía y probablemente sea exactamente lo que ella necesitaba.

—Gracias, pero no me hace sentir bien.

—Nunca lo hará —Tiff mira hacia atrás, a Ella, y luego me mira a mí—. No puedes obligar a alguien a quedarse, Zach. Todo lo que puedes hacer es esperar que se aclaren y elijan volver.

—¿Y si no vuelve? —La pregunta se me escapa antes de que pueda evitarlo.

Tiff no responde enseguida. Cuando lo hace, su voz es dulce.

—Entonces sabrás que la querías lo suficiente como para dejarla marchar.

—¿Se supone que eso tiene que hacerme sentir mejor?

La quiero demasiado para dejarla marchar. Ese es el problema. Siempre ha sido el problema.

Entramos en el camino de entrada a la casa y ayudo a Tiff a sacar a Ella sin despertarla. Mientras Tiff la lleva dentro, se detiene para mirar alrededor y me aprieta el brazo. —Gracias por esto, Zach. Por todo.

Logro esbozar una sonrisa. —Sois mi familia.

Tener a Tiff y a Ella está bien, pero la casa se sigue sintiendo mal sin Honey en ella.

Consulto mi móvil una vez más.

Un mensaje nuevo.

Pero no es de ella.

Empiezo a preguntarme si volveré a ver un mensaje suyo algún día.