The Quarterback Draw (The Four Quarters Collection 2) 18. Capítulo 18
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18. Capítulo 18

Honey

E l ascensor suena como una campana anunciando mi perdición, abriéndose para revelar un infierno de cristal y mármol que huele a riqueza, litigios y mentiras caras.

Sanderson & Nicks, Indianápolis.

Un palacio construido sobre horas facturables y sed de sangre.

Suspirando, salgo y me tiro de la falda de tubo hacia abajo por cuarta, o quizá por cuadringentésima vez hoy. No importa. Sigo sintiendo como si caminara en la piel de otra persona. No pertenezco a este lugar y no sé si quiero pertenecer a él.

—Buenos días, Srta. Sanderson —dice Cynthia sin levantar la vista. Su voz es tan cortante y muerta como el carmín rojo de su sonrisa demasiado tensa.

—Buenos días —murmuro, obligándome a sonar amable para que no sepa que estoy debatiéndome entre marcharme de aquí y no volver jamás.

En cuanto pongo un pie en la planta de los escritorios, empiezan los susurros.

— No. No he podido encontrar su currículum en el archivo. Simplemente apareció y consiguió las prácticas .

— ...He oído que ni siquiera quiere ser abogada...

— La princesita de papá. Lo que quiere, lo consigue...

No se molestan en susurrar bajito. No. Quieren que lo oiga, pensando que no me lo he ganado, pero ellos no crecieron en mi casa. No fueron juzgados según un estándar imposible desde el momento en que nacieron.

Estar aquí —hacer esto— me lo metieron a golpes desde que tengo uso de razón. Maldita sea, la única razón por la que estoy aquí es porque prácticamente me chantajearon para que lo hiciera.

Pero si voy a hacer esto, voy a aprovecharlo al máximo.

Irguiendo los hombros, levanto la cabeza y sonrío porque no puedo dejar que vean que estoy de acuerdo con ellos.

Cuando llego a mi puesto de trabajo, retiro la silla y me siento.

Sin fotos. Sin adornos. No quiero nada en este escritorio que me identifique como Honey.

Después del último año, he aprendido lo importante que es guardarme mis cosas para mí misma.

Si intento cualquier otra cosa, acabo siendo la comidilla.

—¡Honey! El momento perfecto —Gary Weiss se dirige hacia mí, agitando un montón de papeles en mi dirección. Es uno de los protegidos de mi padre y no deja que se me olvide.

—Hay que revisar esto en busca de inconsistencias antes del mediodía —dice, dejando los papeles encima del montón que ya hay en mi escritorio—. El caso Robertson se está caldeando.

Observo los archivos, ocultando mi fatiga tras un asentimiento cortés. —Por supuesto. Me pongo a ello ahora mismo.

—Por eso nos encanta tenerte aquí —dice Gary con un guiño y una sonrisa demasiado amistosa—. Siempre tan... dispuesta a complacer.

Me niego a dejar que el labio se me tuerza y lo oculto tras una sonrisa falsa. El idiota me pidió que hiciera algo por «órdenes de papá» la semana pasada y quise tragarme la tierra. Como era de esperar, a nadie en la sala le importó porque todos se lo creen.

Enderezo la pila de papeles y me acomodo en mi asiento cuando mi teléfono vibra.

Padre: Te necesito en la sala de juntas ejecutiva a las 11. Reunión importante con un cliente.

Ni un «por favor». Ni un «buenos días». Solo una orden. Lo típico.

La mañana se arrastra, y para cuando son las 10:55, estoy aburrida soberanamente, y feliz de que al menos tendré una reunión para distraerme.

Recogiendo mis notas, me dirijo a la sala de juntas ejecutiva, y puedo sentir los ojos de todos siguiendo mis movimientos.

Ahí va ella.

La hija del dueño.

La enchufada.

No merece estar aquí.

No se lo ha ganado.

Algún día, solo quiero entrar en una sala donde nadie tenga prejuicios sobre mí. ¿Es mucho pedir?

Sus burlas no importan, sin embargo. Lo que importa es que voy a sacar a Tiff y Ella de su situación de mierda con la familia de mi ex prometido. No es culpa mía, pero de algún modo me siento responsable. Más responsable que Jamie, cabría añadir.

Los créditos universitarios también ayudan. Es un trabajo fuera de Zach y su mundo, y podría ser algo para mí, si aprendo a disfrutarlo.

Mi padre, que ya está sentado a la cabecera de la mesa cuando llego, sonríe. —Caballeros, estoy seguro de que todos recuerdan a mi hija, Hunniford. Está observando esta reunión como parte de su programa de prácticas.

Saludo levemente con la mano y ofrezco una sonrisa educada mientras me siento en la silla más alejada de mi padre.

Recibo unos cuantos gestos amables, pero eso es todo.

Luego saco mi cuaderno y escribo la fecha, intentando desesperadamente parecer menos incómoda de lo que me siento.

Conozco a la mayoría de estos hombres desde que usaba pañales.

Han estado en galas benéficas, cenas en el club de campo y eventos familiares.

Siempre me había sentido cómoda porque la forma de actuar me fue inculcada.

Aquí, me siento extraña y como si no perteneciera al lugar.

Probablemente porque todos sabemos que no es así.

—Es un placer volver a verte, Hunniford. Ha pasado mucho tiempo.

Su voz me hace levantar la cabeza de golpe.

El Sr. Nicks —el padre de Jamie— sentado junto al mío. Ambos hombres me trataron como a una mercancía, y gruñeron cuando me vieron posando para fotos con Zach y su familia en la graduación. Creo que fue entonces cuando se dieron cuenta de que su gran plan de herencia se había ido al garete.

Nuestros ojos se encuentran a través de la mesa, y su boca se curva en una sonrisa gélida.

—Es un placer verle a usted también, Sr. Nicks —digo, moviéndome en mi asiento, esperando no estar mostrando lo incómoda que me resulta toda esta situación. Todos en la sala saben por qué habría animosidad entre nosotros, y eso solo lo hace aún peor.

La mandíbula de mi padre se tensa. —Jonathan —dice fríamente con una advertencia clara en su voz—. Centrémonos en el motivo por el que estamos aquí en lugar de en la presencia de mi hija.

Jonathan niega con la cabeza. —Oh, pero esto es mucho más interesante.

—Se recuesta en su silla, observando las expresiones de todos a nuestro alrededor—.

¿Podéis creer que realmente tuvo la osadía de aparecer después de dejar a mi hijo por algún jugador de fútbol mediocre? —pregunta a nadie en particular.

Abro la boca mientras intento pensar en algo apropiado que decir en este entorno, pero con todo el mundo mirándome, pierdo la confianza.

¿Cómo es que a todas partes donde voy, acabo siendo la atracción principal?

La expresión de Jonathan cambia al ver que no respondo, y algo más oscuro parpadea tras sus ojos.

—¿Se dio cuenta finalmente el quarterback de que no necesitaba una novia que lo atara? ¿Es por eso por lo que estás aquí, recogiendo las sobras que mi hijo rechazó cuando dejó la compañía?

—¿Dejó la compañía? —susurro con confusión. Mi padre no mencionó nada sobre su partida.

—¿No se lo has dicho? —Jonathan mira a mi padre con sorpresa, luego suelta una carcajada—. Por supuesto que no. Por eso está aquí, ¿verdad? Le hiciste creer que la elegiste a ella, no que te viste obligado a traerla a bordo para intentar salvar nuestra dinastía que se desmorona.

Lo sabía. Mi padre me dijo que quería que le ayudara a echar a Jamie y a su padre, pero no me di cuenta de que Jamie ni siquiera estaba aquí para competir por su puesto.

—Jonathan —advierte mi padre—, no es el momento ni el lugar.

Jonathan le ignora y sigue mirándome fijamente.

—¿Sabes qué? Ahora que está aquí, quizá debamos investigar la legalidad de que tu hija haya fastidiado las prioridades de mi hijo.

No casarse con él es la única razón por la que estamos en este lío en primer lugar.

Me pregunto cuánto tiempo pasará hasta que te decepcione de nuevo. No está hecha para esto.

Algo dentro de mí se quiebra, pero no dejo que lo vean.

Nunca lo hago.

Jamás admitiré que cada miedo, cada inseguridad acaba de quedar expuesta para que todos la vean, porque mis padres me enseñaron a mantener siempre el decoro en público.

Me tiemblan las manos bajo el escritorio, pero mantengo la cabeza en alto.

Antes de que pueda volver a respirar o responder a Jonathan, mi padre se aclara la garganta. —Fuera todo el mundo —ordena—. Todos excepto Jonathan. Ahora.

Las sillas chirrían. Los papeles crujen.

Los asociados se dispersan como cucarachas con la cabeza agachada y los ojos oscilando entre mi padre y Jonathan mientras salen en fila.

Me levanto, esperando que mis extremidades temblorosas se hayan calmado lo suficiente como para poder salir de aquí sin darle a Jonathan la enfermiza satisfacción de que me ha afectado.

—Piensa en lo que he dicho, Hunniford.

La voz de Jonathan me atraviesa la columna vertebral cuando mi mano toca el pomo de la puerta.

—Pregúntate qué pasará cuando papá finalmente se canse de su premio de consolación.

Me muevo tan rápido como mi dignidad me permite, dirigiéndome directamente a mi escritorio con la cabeza baja.

Los comentarios empiezan antes de que llegue siquiera a la mitad de la planta de la oficina.

—Bueno, eso ciertamente explica algunas cosas.

—¿Quién es el jugador de fútbol?

—El compromiso que nunca ocurrió, y ahora esto. Un momento bastante oportuno.

—Me preguntaba por qué Sanderson insistía tanto en traer a una estudiante de grado que no tiene ni idea de lo que está haciendo.

—Está claro que la chica no parecía preparada para ese nivel de... honestidad.

Cada uno duele más que el anterior, pero el suelo de baldosas es lo suficientemente interesante como para mantenerme concentrada.

Sin inmutarse. Sin parpadear. Sin sangrar.

Para cuando llego al ascensor, el piso está más ruidoso de lo que jamás lo he oído, y todo es por mi culpa.

Cuando llego a mi escritorio, agradezco las tres paredes del cubículo y la pila de papeles que me espera. Qué gran excusa para no moverme del asiento hasta el final del día.

Después de veinte minutos, el piso se ha calmado, pero las heridas en mi ego siguen ahí. Al crecer, siempre tuve miedo del padre de Jamie, pero este encuentro solo ha llevado ese miedo a un nuevo nivel.

Mordisqueándome el labio inferior, saco mi teléfono, sintiendo la urgencia de escribirle a alguien, solo para que me ayude a compartimentar lo sucedido.

La niña que llevo dentro quiere escribirle a Jamie porque sé que es la única persona en todo este mundo que lo entendería.

Pero no puedo. Ya no tengo su número, y no es que tengamos una relación cordial.

No le he visto desde la graduación del instituto y no tengo ni idea de qué está haciendo estos días.

No es que quiera saberlo. Oír su perspectiva sobre por qué cree que atormentar a Tiff es una buena idea probablemente me haría odiarle a él y a esta situación todavía más.

De pronto, mi teléfono se ilumina con un mensaje.

Zach: Honeycomb. No te lo vas a creer. Tiff y Ella tienen oficialmente un vuelo reservado para el próximo viernes. Tu padre ha cumplido. Los milagros ocurren . No puedo esperar a verte esta noche para celebrarlo. Te quiero mucho. ❤️

Honey: ¡Es una noticia fantástica! Me muero de ganas de tenerlas aquí. Te quiero y estoy deseando verte esta noche.

La inquietud me carcome el estómago porque siento que le miento a Zach al no decirle lo disgustada que estoy por los comentarios de Jonathan, pero él está demasiado involucrado en la situación.

Le conozco. Exigirá que lo deje de inmediato.

No comprende lo frágil que es realmente el vuelo de Tiff y Ella hacia aquí.

Si mi padre está planeando algún golpe elaborado y yo me voy ahora, podría retractarse de su promesa conmigo.

Diablos, incluso podría empeorar las cosas para ellas.

No, necesito hablar con alguien que sea neutral en esta situación, y sé inmediatamente quién es.

Honey: No estoy segura de si tienes clase, ¿pero puedo llamarte?