The Quarterback Draw (The Four Quarters Collection 2) 14. Capítulo 14 #2
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14. Capítulo 14 #2

Se encoge de hombros. —Nada del otro mundo, solo que su comportamiento era decepcionante y decía mucho de ellas, no de ti.

—Una pequeña sonrisa curva sus labios—. Y que soy muy amigo de Nick Caine, el capitán de hockey, que podría encargarse de que las prohibieran en todas las fiestas del equipo por el resto de la temporada.

Me río a mi pesar. —¿Has usado al equipo de hockey como moneda de cambio?

—Influencia —corrige él—. Influencia creativa.

Su expresión se suaviza.

Mi móvil vibra e intento ignorarlo, pero Chris me observa. Cuando no hago amago de sacarlo del bolsillo, me pregunta: —¿No vas a contestar?

—Ah, sí. —Rebusco en mi bolso y leo el mensaje que aparece en mi pantalla.

Desconocido: ¿De verdad vas a esconder la cabeza bajo tierra cuando esto circula por la red?

Adjunto: foto

La imagen muestra a Zach y Jenni en el pasillo de Hail Mary’s. Ella lo rodea con los brazos y le está susurrando algo al oído. Sé que no es Photoshop.

Se me acelera el pulso y el sudor me pica en la nuca.

¿Cuándo pasó esto?

¿Zach no me lo contó?

Jenni está sonriendo y, aunque el ángulo oculta la expresión de Zach, él se está inclinando hacia ella y no veo la supuesta enemistad que jura que hay entre ellos.

Desconocido: Te hace preguntarte... ¿fue real esa pelea sobre la mesa, o solo una tapadera de por qué estaba ella realmente en su porche sin que estuvieras tú?

—¿Honey? —La voz de Chris está más cerca de lo que esperaba. Está leyendo el mensaje por encima de mi hombro. Tiene la mandíbula apretada y la mirada fija en mi pantalla.

Trago saliva. —Me tengo que ir. Tengo material de las prácticas que revisar esta noche.

Chris no retrocede. Me estudia durante un momento, con expresión ilegible, luego se suaviza. —O —dice despacio—, podría llevarte a algún sitio tranquilo. Sin susurros. Sin miradas. Simplemente... tú siendo tú.

Debería decir que no.

Debería volver a casa de Zach e intentar dejarlo todo atrás, pero la idea de desaparecer, de respirar durante una hora... es tan tentadora.

—¿A dónde habías pensado?

Chris sonríe de oreja a oreja, ofreciéndome el brazo en una invitación. —Ya verás. ¿Confías en mí?

Dudo, luego asiento porque sé que no quiero estar sola. —Sí.

Mi aliento forma pequeñas nubes de vapor frente a mí mientras me froto las manos y observo a la solitaria figura deslizarse por la pista.

Cuando Chris dijo que me llevaría a un sitio tranquilo, no esperaba venir aquí.

—Ese es mi hermano, Chase —me explica Chris, acomodándose en el asiento a mi lado—. Le gusta llegar al menos una hora antes del entrenamiento del equipo.

—¿Una hora? Seguramente, ¿no estará agotado para cuando empiece?

Chris sonríe y sacude la cabeza. —No. Está acostumbrado. Llevamos el hockey en la sangre.

Asiento, con la mirada de vuelta en Chase mientras observo la gracia con la que se desliza por el hielo. El sonido de sus cuchillas resuena en la pista vacía, creando una sensación de ritmo en sus movimientos.

Chris se aclara la garganta. —¿Has patinado sobre hielo alguna vez?

Niego con la cabeza. —No. A menos que cuentes la vez que mi ex me coló en una pista de un centro comercial. Pasé más tiempo de culo que de pie. —Sonrío un poco—. De pequeña hacía hípica, así que no me dejaban hacer nada que pudiera poner eso en peligro.

—Bueno, eso explica tu postura impecable. —Pone una sonrisa burlona—. Con mi chepa de patinador, casi hace que parezca que medimos lo mismo.

—Oh, por favor. Tendrías que encorvarte mucho más para hacerme creer que estamos a la misma altura.

—¿Quieres venir a patinar algún día? —me ofrece—. Te demostraré lo terrible que es mi postura.

La sonrisa de mi cara flaquea.

—No te preocupes. Si no quieres que estén los demás chicos, podríamos hacerlo cuando estemos solos. Pero sin presiones.

Suelto una risa nerviosa y niego con la cabeza. —Quizá en otro momento —respondo, pero no lo digo en serio. Es un ofrecimiento amable, pero no me sentiría bien haciendo algo así sin Zach a mi lado.

—Genial. —La voz de Chris suena un poco más baja ahora, y no puedo evitar pensar que lo he ofendido. En lugar de afrontarlo, opto por evitarlo revisando mi móvil.

No hay mensajes nuevos.

Qué raro.

Chris me da un codazo. —Por eso te he traído aquí —dice en voz baja—. Los muros de hormigón y las vigas de acero lo convierten en una zona muerta absoluta, lo que significa que esos idiotas no pueden localizarte.

—Ah. —No sé qué decir.

—Te mereces un descanso de tanto ruido, Honey. Aunque sea solo por una hora.

Sujeto con fuerza el móvil en la mano, asintiendo lentamente, porque tiene razón. Lo necesito, pero el nudo en mi estómago permanece ahí, retorcido y terco, negándose a desaparecer.

Clunc.

La puerta de la pista se abre de golpe y los jugadores de hockey empiezan a salir deslizándose.

—¿Tienes que ir a prepararte? —pregunto mientras los jugadores patinan por la pista. Un par nos miran y uno señala con su stick en dirección a Chris.

—Probablemente. Si quieres quedarte, eres más que bienvenida. Nadie te molestará.

—Gracias —murmuro, sintiéndome un poco avergonzada por haber necesitado que me salvaran en primer lugar. Chris tiene razón. Debería ser capaz de defenderme. No debería necesitar a Zach, ni a Jenni, ni a Chris para que me ayuden, pero entonces ¿por qué me resulta tan difícil?

Me dedica una pequeña sonrisa antes de bajar por la escalera.

Me recuesto, encojo las rodillas y observo a los jugadores calentar.

Unos minutos después, Chris está en el hielo con toda la equipación de hockey puesta y el casco colgando de una mano.

Patina hacia su hermano Chase e intercambian unas palabras antes de empezar lo que parece un ejercicio de entrenamiento, pasándose el disco entre ellos y recorriendo la pista de un lado a otro.

Después de unos cuantos pases más, Chris se escapa con el disco y marca gol. Luego se gira hacia las gradas y me saluda con la mano. Yo le devuelvo el saludo, fijándome en que uno de los jugadores le da un codazo en el costado.

—Eres muy buena chica —oigo gruñir a alguien y miro a mi alrededor confundida.

—Oh, ya sabes que tienes las mejores piernas del hielo.

Solo cuando veo al portero acariciando el travesaño me doy cuenta de que es él.

—Todos se ríen, pero tú sabes lo que yo haría por ti.

Se inclina y apoya el casco contra la barra, y murmura algo que no alcanzo a oír. A juzgar por la forma en que lo acaricia, sé que lo que sea que esté diciendo no es para mí.

Observo cómo acaricia con ternura la… portería.

Abro la boca y vuelvo a cerrarla mientras él asiente con solemnidad a la red antes de golpear su frente contra el poste una vez más.

—¡Jensen! Deja de flirtear con la portería —grita uno de sus compañeros, y el portero, Jensen, se da la vuelta, poniéndose en guardia al instante.

—Nadie va a tocarte hoy, Vera.

Se me escapa una carcajada, porque de alguna manera, este portero ligeramente excéntrico encaja con el ambiente de este deporte. En cierto modo no parece tan serio como el fútbol americano.

Mientras que el fútbol americano es todo fuegos artificiales y animadoras, esto es caótico y visceral… y en parte comprendo el atractivo.