The Quarterback Draw (The Four Quarters Collection 2) 13. Capítulo 13 #2
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13. Capítulo 13 #2

Me preparo para el inevitable «pero» que suele venir después, solo que esta vez no llega. En su lugar, se echa hacia atrás en su silla y me clava la mirada.

—He estado hablando con algunos equipos del sur mientras estemos allí para la gira meridional. Los Crossbills han aceptado generosamente dejarnos entrenar en sus instalaciones durante la semana que pasemos allí.

—Es increíble. Será un honor entrenar allí.

El entrenador asiente. —Ahorrate los cumplidos. Eres el líder del equipo y con eso viene la responsabilidad de dar ejemplo. Espero que mantengas un comportamiento impecable.

—Sí, señor.

—Esto no es solo un entrenamiento, Evans. Es una oportunidad para conocer al personal de la NFL, a los equipos y demás. Espero que lo aproveches al máximo.

—Lo haré, señor.

Me dedica una mirada severa antes de rebuscar en el cajón de su escritorio. Saca un trozo de papel y me lo desliza. —A propósito de eso, Jacob Miller quiere cenar contigo mientras estemos allí. Solo tú. Ha dicho que le impresionó el vídeo del partido que le envié el mes pasado.

—¿Le envió mis grabaciones?

—Sí, las pidió después de que su entrenador preguntara por ti.

¿ Su entrenador preguntó por mí?

—¿Ves? —añade el entrenador como si pudiera leerme el pensamiento—. Te lo dije. Esta es una oportunidad enorme y quiero que seas capaz de aprovecharla al máximo. El equipo se ha fijado en ti y queremos que sigan haciéndolo.

Se me acelera el pulso con todas las implicaciones que me pasan por la cabeza. Le preguntaron a Jacob Miller por mí. Hablé con él brevemente antes de comprometerme con St. Michael, pero nada más.

Sinceramente, pensaba que se había olvidado de mí.

—Eso es... vaya —trago ante la repentina sequedad de mi garganta—. Gracias por organizarlo, entrenador.

—Yo no he hecho nada —dice él con sencillez—. Miller lo ha solicitado específicamente. Ha dicho que ve algo en ti. —Se inclina hacia delante—. Esta es una gran oportunidad, Evans. Es una exposición enorme y habrá gente observando.

Con «gente», se refiere a ojeadores de la NFL. Agentes. El tipo de contactos que pueden encumbrar o hundir mi posición en el draft.

—Estaré listo —digo, preparándome ya mentalmente para los temas de los que vamos a hablar—. ¿Hay algo más que deba saber antes de conocerlo?

—Estudia sus vídeos. Aprovecha el estar en presencia de un grande del fútbol universitario convertido en jugador de élite de la NFL —dice el entrenador con firmeza, y yo asiento.

—Sí, señor.

—Mañana repasaré el itinerario con el equipo. Asegúrate de tener al día tus trabajos para cuando nos vayamos, no quiero tener ningún problema mientras estemos fuera.

—Estaré listo —prometo, poniéndome de pie—. Gracias, entrenador. No sé qué más decir.

Él me resta importancia con un gesto. —No tienes que decir ni una maldita palabra. Te lo has ganado, Evans. Ahora sal ahí fuera y demuéstraselo a todo el mundo.

Tras despedirme brevemente, no me molesto en volver al vestuario porque sé que ya no quedará nadie, y me dirijo a mi camioneta.

El puto Jacob Miller quiere cenar conmigo. Los entrenadores de los Crossbills han preguntado por mí. Todo esto es demasiado para que mi pequeño cerebro lo procese.

En cuanto me subo al asiento del conductor, el móvil vibra.

Honey: La comida se está enfriando. ¿Todo bien con el entrenador?

Zach: Voy de camino. Tengo una noticia increíble que contarte, Honeycomb.

Añado rápidamente:

Zach: Te quiero, Honeycomb.

Joder, diez días lejos de Honey justo ahora que ha empezado a sentirse cómoda en nuestra casa.

He estado lejos de ella durante más tiempo, pero esta vez se siente diferente.

Es el comienzo de mis perspectivas profesionales y el recordatorio de que, si todo sale según lo previsto, el año que viene será nuestro último año juntos aquí.

Me mudaré a cualquier equipo que me elija en el draft, y Honey se quedará aquí... todavía aclarando su futuro.

Su sonrisa, su aroma y la forma en que se acurruca a mi lado son las únicas cosas que me mantienen con los pies en la tierra durante la temporada.

¿Cómo cojones se supone que voy a lidiar con eso?

Suelto un suspiro y arranco la camioneta. Es algo que tendré que resolver en otro momento. Ahora mismo, necesito llegar al lado de mi chica.

—Jacob Miller, ¿eh? —dice Honey con una sonrisa burlona asomando a sus labios.

—Sí, te acuerdas de él, ¿verdad? Es el quarterback al que seleccionaron justo antes de que empezáramos aquí.

Ella pone los ojos en blanco y ladea la cabeza con picardía de un lado a otro. —Jacob Miller... Jacob Miller...

La tomo de la mano, atrayendo su atención hacia mí.

—Sí, ya hemos hablado de esto antes. Es el tío que te parecía que estaba bueno.

Piel bronceada, sonrisa con hoyuelos y unos abdominales que casi rivalizan con los míos.

—Suelto una carcajada—. Estoy seguro de que es el único por el que me habrías dejado si se hubiera quedado en St. Michael's.

Frunce el ceño y suelta mi mano antes de apartarse de la mesa. —¿Eso es lo que piensas de verdad? —Su mano roza mi hombro y señala con la barbilla hacia mi regazo.

Me muevo, apartando la silla y abriendo más las piernas para hacerle sitio. No me molesto en ocultar la evidente erección, ya que a estas alturas es prácticamente una constante. Un medidor de proximidad de Honey, por así decirlo. Ella respira; yo reacciono.

Se deja caer en mi regazo, directamente sobre dicha erección, y me rodea con los brazos, dedicándome la sonrisa más inocente del mundo.

Qué audacia la suya de actuar como si no supiera lo que está haciendo cuando está, literalmente, restregando sus caderas contra el problema que ella misma ha causado.

—¿De verdad crees que te dejaría por Jacob Miller?

Me encojo de hombros. —Bueno... yo me dejaría por él.

Ella resopla y luego me besa la punta de la nariz, lo cual sería tierno si no estuviera como una piedra y deseando su boca. Me inclino para besarla, pero ella se aparta, quedándose justo fuera de mi alcance.

Maldita provocadora.

—Lo eres todo para mí, Zach —dice, y de repente, se acaba el juego. Su voz es suave pero seria. Su mirada me atraviesa, sin armaduras, sin bromas... solo la verdad—. No pienses ni por un segundo que hay alguien en este mundo que pueda reemplazarte.

Trago saliva con dificultad, apretando las manos en su cintura.

—Bien —murmuro, atrayéndola más hacia mí—. Porque no pienso irme a ninguna puta parte.

Esta vez es ella quien se inclina, presionando un beso largo y firme sobre mis labios. Lo acepto, luchando contra el impulso de frotarme contra ella. No es para eso para lo que está aquí, y necesito demostrarle que no siempre se trata de sexo.

Cuando rompe el beso, apoya su frente contra la mía y sonríe.

—Esto es algo muy importante, Zach. Estoy muy orgullosa de ti. —Baja la mirada un instante. Es breve, pero lo suficiente para que me dé cuenta. Hay algo más tras su expresión.

¿Duda? ¿Miedo? Quizá un poco de ambos. De cualquier forma, quiero sacarla de ahí.

—Te voy a echar de menos, Honeycomb. ¿Diez días? ¿Alguna vez hemos estado tanto tiempo separados?

—Que yo recuerde, no. —Me mira y me regala una pequeña sonrisa.

Se hace un breve silencio entre nosotros y, antes de que pueda pensarlo realmente, digo: —Siempre podrías venir conmigo.

Sus ojos se clavan en los míos. —¿Qué?