The False Start (The Four Quarters Collection 3) 27. Capítulo 27
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27. Capítulo 27

Tiff

T iff: ¿Vendrás pronto?

Me quedo mirando el mensaje que le envié a Jamie hace cuatro horas, tragándome todo mi orgullo porque no tengo ni idea de qué está haciendo. Han pasado dos días desde la última vez que lo vimos y estoy intentando por todos los medios no perder los nervios.

Prometió que estábamos juntos en esto. Dale tiempo. Se lo debes.

Intento racionalizarlo todo en mi cabeza, pero nada consigue que me sienta mejor.

—Sí, entiendo los plazos —gruñe Zach, caminando de un lado a otro entre el salón y la cocina. El tío no se ha sentado desde que llegó a casa hace tres días y me encontró apenas aguantando el tipo, rodeada de documentos legales.

Condiciones de vida inseguras...

Madre no apta...

Charles Bright testificará...

Los he leído tantas veces que prácticamente me los he memorizado a estas alturas. Es una estupidez. Algo que no ha ayudado en nada a mi ansiedad, pero una parte de mí simplemente espera que, si los repaso las suficientes veces, de repente encontraré un resquicio legal.

—Tiene que haber algo que podamos hacer —continúa Zach, presionando a sus abogados. Él es mucho más fuerte que yo. Yo apenas puedo moverme, apenas puedo hablar, y aquí está él, luchando. Siempre luchando por mí y por Ella—. ¿Podemos presentar un requerimiento? ¿Una moción de desestimación? ¿Algo?

Dejo el móvil en el sofá a mi lado y estrecho al señor Blandito contra mi pecho mientras intento observar a Ella y a Reese apilando bloques en la mesa de centro frente a mí.

—Mira, mami. —Ella señala la torre de arcoíris con orgullo.

Me aclaro el nudo de la garganta, ofreciéndole la sonrisa más grande que puedo fingir dadas las circunstancias—. Lo veo, cariño. Estás haciendo un trabajo fantástico.

Ella vuelve a decirle con firmeza a Reese dónde tienen que ir los bloques.

La culpa me corroe el estómago. Quiero estar más presente con ella y disfrutar del tiempo que tenemos, pero no puedo pensar en otra cosa.

¿Y si se la llevan?

¿Y si nunca dejan que vuelva a verla?

¿Y si la tratan tan mal como trataron a Jamie?

—¿Quieres un poco de agua, Tiff? —pregunta Reese mientras coloca un bloque rosa perfectamente en su sitio—. ¿Quizá un té?

—Estoy bien —miento, restándole importancia con la mano. Definitivamente no estoy bien, pero hablar de ello o descubrir por qué Jamie ha desaparecido sin dejar rastro no va a hacer nada por el nivel de ansiedad que siento.

Reese no insiste. Se limita a asentir y vuelve a apilar bloques, dejando que Ella le dé instrucciones cada vez más complicadas sobre la colocación de los colores y la integridad estructural.

Apareció hace una hora con comida y ofreciéndose a ayudar; sin preguntas, sin juicios. Solo apoyo silencioso y constante.

Ese es Reese. Siempre ahí. Siempre fiable.

Y luego está Jamie.

Se ha ido a hacer algo que sin duda lo meterá en problemas. Por eso no me lo cuenta. Lo sé.

Vuelvo a mirar el móvil y sigue sin haber nada de él. Nada desde que aceptamos que lucharíamos juntos contra esto.

—No, eso no es aceptable —dice Zach, elevando un poco la voz—. No me importa cuál sea el procedimiento estándar. Este es un caso claro de acoso y... —Se detiene, escuchando—. Bien. Programad una reunión para mañana por la mañana. A primera hora.

Miro por encima del hombro, observando a Zach de reojo. Se pasa una mano por el pelo y parece tan agotado como me siento yo.

Solo cuando su teléfono vuelve a sonar, todo su semblante se suaviza.

—¿Honey? —responde, y luego aleja el teléfono para mirarlo—. Sí, espera un momento.

Pulsa algo en el teléfono y luego camina rápidamente hacia el pasillo.

—¿Que estás dónde ?

No oigo la respuesta de Honey, pero sea lo que sea que diga hace que los hombros de Zach se tensen.

Es entonces cuando desaparece al doblar la esquina.

No debería. Sé que no debería escuchar a hurtadillas. Por eso ha salido de la habitación, para tener algo de intimidad, pero Honey sabe mejor que yo qué está pasando, y necesito saber la verdad.

Reese me lanza una mirada inquisitiva cuando me levanto despacio, pero me limito a negar con la cabeza y sigo a Zach.

Está apoyado contra la pared junto al garaje, pasándose la mano por la cara—. ¿Qué demonios haces en Connecticut?

—Estoy aquí con Jamie —la oigo decir por el altavoz.

Jamie.

Se ha ido del estado sin decírmelo.

—¿Pero qué cojones?

—No podía decírselo a nadie. Si lo hubiera hecho, todos habríais intentado detenerlo.

—¡Claro que lo habría detenido! Se supone que tiene que estar aquí, hablando de estrategia y luchando con nosotros. Se supone que tiene que estar asegurándose de que su hija y su madre están bien —la voz de Zach sube de tono.

—Eso es exactamente lo que está haciendo, Zach. Las está protegiendo.

Él suelta un suspiro de fastidio—. ¿Y tú también estás allí? Pasando el rato con tu ex, como si ahora fuerais viejos colegas. Genial. Jodidamente genial.

—Alguien tiene que cubrirle las espaldas —dice Honey con naturalidad—. No puede hacer esto solo.

—¿Así que vas a ponerte en peligro por un tío que te puso los cuernos? —la mano libre de Zach se cierra en un puño.

—No. Lo hago por Tiff y por Ella.

—Eso es aún peor, porque significa que lo estás haciendo por mí.

Zach golpea la parte posterior de su cabeza contra la pared y cierra los ojos—. Mira, entiendo que quieras ayudar, pero estamos hablando de tu padre. No juega limpio. Si se entera de que estás trabajando en su contra...

—¿Qué hará? —lo desafía Honey—. ¿Repudiarme? ¿Dejar de darme dinero? ¿Acaso importa ya? Ya sé exactamente lo que piensan de mí y estoy cansada de fingir que me importa. No tengo nada más que perder.

—Me tienes a mí —dice Zach, y se le quiebra la voz—. Me tienes a mí, Honey. ¿Es que eso no cuenta para nada?

El silencio se prolonga y contengo la respiración.

—Precisamente por eso tengo que hacer esto —dice Honey en voz baja—. No estamos juntos, pero Tiff y Ella siguen importándome. —Exhala—. Mira, no he hecho nada de valor en toda mi vida. Déjame hacer esto. Déjame al menos marcar una diferencia en la vida de tu prima.

Los hombros de Zach se hunden y se desliza por la pared hasta sentarse en el suelo, sosteniendo el móvil en alto.

—Debería estar allí —dice Zach de repente—. Deja que vuele hasta allí. Puedo estar allí para...

—No. —La voz de Honey es firme—. Tienes que quedarte con Tiff y Ella. Jamie necesita que las protejas mientras nosotros hacemos esto.

—Bien —suelta Zach entre dientes, abriendo por fin los ojos—. Por favor, ten cuidado, Honey. Eres la persona más fuerte que conozco, pero no quiero que te rompan.

—No soy la más fuerte —dice ella, y puedo notar la sonrisa en su voz—. Esa es Tiff. Ella ha pasado por más mierda de la que yo podría imaginar.

—Vale, la segunda más fuerte. —Él se ríe, pero su cara no muestra alegría. Solo una tristeza resignada—. ¿Puedo al menos ir a buscarte al aeropuerto?

—Eh, en realidad, Chris ya se ha ofrecido. Vuelven de un partido más o menos a la misma hora. Ha dicho que puedo viajar con el equipo de hockey.

Todo el cuerpo de Zach se pone rígido—. ¿Has hablado con él primero?

—No ha sido así —dice Honey rápidamente—. Estaba estudiando con él cuando llamó Thatcher. No estaba planeado.

Zach exhala por la nariz—. Qué conveniente.

—Zach —le advierte—. Solo es un amigo.

—No me trates como a un idiota, Honey. Cualquiera que tenga ojos puede ver que quiere algo más que una amistad.

Honey exhala despacio—. Ese es su problema, no el mío.

—Excepto que sí lo es —dice él finalmente—. Porque cada vez que alguien quiere algo más de ti, tú eres la que huye.

—No se trata de eso —dice Honey.

—¿Entonces de qué se trata? —Se despega de la pared—. Porque desde mi posición, siempre eliges la opción más difícil. Te estás poniendo en último lugar. Otra vez.

Ella no responde.

Zach exhala con fuerza, con la frustración asomando en su voz.

—Explícamelo, Honey. Por favor. Ayúdame a entender por qué los dos somos miserables cuando no hace falta serlo.

—¿Se te ha ocurrido pensar que estoy cansada de esto? ¿Que quizá estoy cansada de que todo el mundo asuma que sabe lo que es mejor para mí?

—Yo nunca dije...

—Lo diste a entender —lo corta Honey—. Tú y todos los demás. La pobre Honey no puede tomar sus propias decisiones. La pobre Honey necesita ser protegida de sí misma.

—No era eso lo que quería decir —dice Zach con voz tensa—. Solo... lo veo, Honey. Veo cómo es contigo y yo... —Se detiene, negando con la cabeza—. Olvídalo. No importa.

El silencio se extiende entre ellos.

Debería irme. Esto no es asunto mío, pero me muero por acercarme a mi primo y darle un abrazo. Incluso con toda esta mierda por la que está pasando, está sufriendo exactamente el mismo destino que Honey y anteponiendo la felicidad de todos los demás a la suya propia.

—Honey... —la voz de Zach se quiebra.

Hay movimiento en el lado de Honey: voces de fondo, alguien que la llama por su nombre.

—Tengo que irme —dice Honey—. Jamie me necesita.

—Vale —dice Zach, aunque parece que quiere discutir—. Solo... ten cuidado. Por favor.

La llamada termina y Zach baja el teléfono despacio, mirando la pantalla en blanco como si pudiera darle algunas respuestas.

Se pasa una mano por el pelo suspirando.

No puedo dejarlo así. Doblando la esquina, digo—: ¿Zach?

Él levanta la vista con los ojos vidriosos, sin sorprenderse de verme—. ¿Cuánto has oído?

—Lo suficiente. —Me deslizo por la pared para sentarme a su lado, rozando nuestros hombros—. Van a enfrentarse a sus padres.

—Sí. —La voz de Zach suena hueca—. Porque al parecer todas las personas que me importan tienen deseos suicidas.

—Son valientes —digo en voz baja.

—Es una estupidez —murmura Zach, pero no hay rastro de enfado—. Podrían salir heridos. Los dos, y sí, puede que no sea el mayor fan de Jamie, pero te hace feliz, y eso es todo lo que quiero para ti.

—Por eso lo hacen. —Apoyo la cabeza en su hombro—. Para hacernos felices a los dos.

—Odio no poder hacer nada para protegerla.

Levanto la mano y la apoyo en su rodilla—. ¿No lo ves, primo? Eso no es lo que ella quiere. Si lo fuera, te habría enviado allí. Quiere ser su propia persona. Luchar sus propias batallas. Solo tienes que dejarla y esperar que recobre el sentido común pronto.

—Estoy cansado de esperar.

La paciencia es una virtud.

Él pone los ojos en blanco y niega con la cabeza, pero no responde. Sabe que tengo razón. Honey encontrará el camino de vuelta a él. Solo es cuestión de tiempo.

Nos sentamos en el pasillo en silencio, procesando ambos lo que esto significa.

Jamie no me dijo que se iba porque sabía que me disgustaría, pero curiosamente no lo estoy. Me alivia saber dónde está y que sigue luchando por nosotros. Nos quiere tanto como nosotros lo queremos a él y solo puedo esperar que no se quede atrapado bajo el pulgar de su padre.

Desde el salón, llega la voz de Ella—. ¿Mami? ¿Tío Zach? ¿Dónde estáis?

Ambos nos levantamos, sacudiéndonos la ropa e intentando que no parezca que hemos estado en el pasillo teniendo colapsos emocionales.

—¡Ya vamos, princesa! —grita Zach.

Pero antes de que podamos movernos, me agarra del brazo—. Gracias —dice antes de estrecharme en un abrazo—. Por tranquilizarme. Sin ti y sin Ella en esta casa los últimos meses, creo que habría perdido el juicio.

Lágrimas de incredulidad empiezan a brotar de mis ojos—. ¿Hablas en serio? Gracias a ti , Z. Siempre has estado ahí para mí cuando no tenías por qué estarlo. Has sido mi mejor amigo durante años y tengo mucha suerte de poder llamarte primo.

—Lo mismo digo, T.

Volvemos al salón, donde Ella ha abandonado sus bloques por completo y ahora le está enseñando a Reese cómo organizar correctamente sus peluches para una fiesta del té.

—¡Mami! —Levanta la vista al verme y se le ilumina la cara—. ¿Dónde está Jamie? ¡Quiero enseñarle mi dibujo nuevo!

Sostiene un trozo de papel cubierto de ceras de colores.

Se me cierra la garganta.

—Ha tenido que irse de viaje, cariño —digo, arrodillándome a su lado—. Pero volverá pronto.

—¿Cómo de pronto?

—No lo sé. —La subo a mi regazo, abrazándola un poco más fuerte de lo necesario—. Pero sé que te echa mucho de menos.

—Yo también lo echo de menos —dice ella, y luego se zafa de mis brazos para añadir más detalles a su dibujo.

La observo, esta niña perfecta que no tiene ni idea de que todo su mundo podría estar pendiendo de un hilo.

Solo espero que vuelva pronto, porque no sé cómo hacer esto sin él.

Sin ellos .