6. Capítulo 6 #3
Zach suelta una carcajada sin pizca de gracia.
—¿Sinceramente? Lo único bueno de Jamie Nicks es Ella.
Y eso es solo porque ha sacado tus genes, no los suyos —sacude la cabeza—.
Es un niño rico que siempre consigue lo que quiere.
Trató a Honey como a la mierda. En realidad, trató a todo el mundo como a la mierda.
¿Y cómo ha tratado a mi familia? —se le tensa la mandíbula—.
Eso no es algo que vaya a tolerar, Tiff. Ni entonces, ni ahora, ni nunca.
Asiento, procesando sus palabras y esperando que mi expresión no revele nada.
—¿A qué viene preguntar por él ahora? —los ojos de Zach se entrecierran con sospecha.
—Eh, ya sabes, estaba mirando los papeles legales y pensando en qué debería hacer.
—Lo que deberías hacer es firmar los papeles, pillar el dinero y sacar a ese imbécil de vuestras vidas antes de que pueda arruinarla con su tóxica excusa de familia. No se merece ninguna oportunidad con Ella.
Trago saliva, sin saber qué hacer. Tiene razón. Sé que la tiene después de todo lo que me ha hecho pasar la familia de Jamie, pero eso no quita que el nudo en el estómago siga apretando.
—Pero si hago eso, ¿qué le diré a Ella cuando pregunte en el futuro?
—La verdad. Él no se merece que ocultes lo que hizo. Claro, tiene más dinero que sentido común, pero tú tienes algo que ellos nunca podrán tener. Dignidad y fuerza.
Asiento. ¿Dignidad y fuerza? ¿Pensaría eso si descubriera que le estoy mintiendo?
La expresión de Zach se suaviza. —Lo siento. He entrado a degüello esta noche. Incluso si aceptas los términos y el dinero, tendrás tiempo para pensar en qué tienes que decirle. No va a preguntar quién es Jamie a corto plazo.
Podría ser antes de lo que crees.
Me muerdo el labio inferior, guardándome ese pensamiento, y en su lugar cambio de tema. —¿Vas a hacer algo esta noche?
—Ver vídeos —responde. Debería haberlo sabido. Dios no quiera que vea una comedia o vaya al Hail Mary's con su equipo. Todo para mi primo estos días es fútbol, fútbol, fútbol.
Cuando lee claramente mi expresión, deja caer los hombros. —El draft es dentro de cuatro meses. Solo necesito concentrarme en eso ahora mismo. Todo lo demás es... —hace un gesto despectivo con la mano—. Ruido.
—Lo entiendo.
Y es verdad. Zach es uno de los chicos más decididos y centrados que he conocido. Solo desearía que se permitiera un día o dos para relajarse de vez en cuando. Honey solía ayudarle con eso, pero desde que ella se fue, él se ha estado tensando cada vez más.
—Bueno, ya que estás ocupado, seguramente me iré a la cama.
—¿Por qué? —mete la mano en su bolsa, al lado de la mesa, y saca un montón de papeles de colores—. Cuando tienes todas estas opciones a tu disposición.
Solo cuando me acerco lo suficiente me doy cuenta de que son folletos de diversas actividades en St. Michael's. Clases de baile, talleres de arte, programas de fitness.
—He estado mirando y he buscado todas las clases que están abiertas a no estudiantes y que son por la tarde. Hoy tienen clases de salsa para principiantes. Seguro que Reese está libre si se lo pides.
Hojeo los folletos deteniéndome en la foto de la mujer con el vestido rojo brillante, con el brazo en alto y su pareja mirándola fijamente. Es totalmente pasional y casi resulta cómico que Zach lo esté sugiriendo.
Pero luego miro su rostro esperanzado y me conmueve su detalle a pesar de todo lo que tiene en la cabeza. —Esto es muy tierno, Zach. Gracias, pero no puedo ir esta noche si es lo que estás sugiriendo.
Él se encoge de hombros. —Tú misma, pero yo estoy aquí. Ella está dormida, así que puedes ir. Si no hoy, pues la semana que viene.
—Me lo pensaré —pero ¿lo haré? Probablemente no—. Supongo que me iré a dormir —digo, alargando la mano para apretarle el hombro—. No te quedes despierto hasta muy tarde.
—Sí, mamá —dice él, con la comisura de los labios curvándose un segundo antes de volver a esa línea severa—. Te quiero, prima.
—Yo también te quiero —me dirijo hacia mi habitación, deteniéndome en el umbral—. ¿Zach?
—¿Dime?
—A veces a la gente le cuesta un poco de tiempo ver lo que tiene delante de las narices.
Él levanta la vista y sus ojos se encuentran con los míos con un destello de algo crudo y vulnerable. Luego desaparece, reemplazado por ese muro que ha construido. —Buenas noches, Tiff.
Voy a mi habitación y dejo el bolso. Me duele el cuerpo. Me tiemblan las manos y siento esa sensación de pavor instalada en el pecho. No creo que hayan parado desde lo de la cafetería, y quizás el agotamiento me esté pasando factura.
Cuando llego a mi escritorio, levanto el portátil para encontrar el brillante sobre rosa con la caligrafía elegante.
Camino hacia mi cama y me tumbó en el colchón, jugueteando con el sobre mientras lo hago.
La letra de Jamie me devuelve la mirada.
Está desaparecido, solo que no lo está.
Está aquí, y al parecer soy la única que lo sabe.
¿Es porque está aquí por mí?
Sigo analizando el sobre como si algo nuevo pudiera haberle pasado mientras estaba bajo el portátil.
¿Debería leerlo?
Sí. Por supuesto que debería. Está aquí por una razón.
¿Lo leeré?
Todavía no, porque no creo que esté preparada para afrontar lo que sea que esto signifique.
Meto el sobre en el cajón de la mesita de noche y lo cierro, dejando la palma de la mano sobre la madera hasta que mi respiración se estabiliza.
Lo leeré... en algún momento.