The False Start (The Four Quarters Collection 3) 1. Capítulo 1
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The False Start (The Four Quarters Collection 3)

The False Start (The Four Quarters Collection 3)

Por Ana Shay

© inepub.com

1. Capítulo 1

Jamie

¿ Es aquí?

No sé qué me esperaba cuando me subí al avión rumbo a Hopeless —quiero decir, Hope—, Indiana, pero desde luego no era esto.

Cuando voy a comprobar el número de la casa en el móvil, la sonriente foto de contacto de Mike con su mujer, Olivia, se burla de mí. No me sorprendería que me hubiera mandado a la dirección equivocada como su último «vete a la mierda». No puedo decir que no me lo merezca.

Miro el mensaje y luego el número de la elegante y moderna casa para ver si coinciden.

Sí, es aquí.

Pero sigo sin poder creer que Zach Evans viva aquí . Sé que su novia —mi ex, se mire como se mire— tiene gustos caros, pero esto... esto es otro nivel.

Con esa monstruosidad de valla y las ventanas tintadas, no es exactamente como esperaba que el Chico de la Beca se gastara todo el dinero de sus contratos publicitarios.

Pero bueno, quizá le he dado demasiado crédito todos estos años.

Está claro que es demasiado tonto para darse cuenta de que el dinero del fútbol solo dura mientras tienes salud.

Cállate, Jamie. Deja de ser un gilipollas por una vez en tu vida y céntrate en lo importante.

La chica que hay detrás de esa puerta. Ella es lo único que importa.

Una niña pequeña, rubia y monísima.

¿Cuál es su juguete favorito? ¿Su color favorito? ¿Le gusta cantar alguna canción? ¿Ya habla? Ni siquiera sé a qué edad empiezan a hablar los niños. ¿Llama a Tiff «mama» o «mami»? ¿Llama «papá» a algún otro imbécil?

Las preguntas me pasan por la cabeza más rápido de lo que puedo procesarlas. Las mismas preguntas que me han mantenido despierto desde que descubrí que tengo una hija.

Tres años tarde.

Durante tres años, ha creído que no me importaba un bledo, y ahora tengo que demostrar de alguna manera que no soy el capullo que todos dicen que soy.

Es algo difícil de discutir teniendo en cuenta que me pasé toda mi etapa en el instituto interpretando ese papel a la perfección.

Crujido. CRACK.

Mi bota se hunde en la nieve al dar un paso a un lado para dejar pasar a un repartidor.

Finjo leer algo en el móvil para no parecer demasiado sospechoso.

Él pulsa el timbre.

—¿Dígame? —Una voz dulce y femenina chisporrotea a través del altavoz y es ella.

Tiffany Bright. Me río amargamente para mis adentros. Nunca pensé que volvería a pronunciar su nombre, y mucho menos que descubriría que ella se ha convertido en todo para mí, a pesar de que se mudó a la otra punta del país para alejarse de mí.

Bueno... mala suerte para ella. Ya estoy aquí, dispuesto a renunciar a un legado prestado por una mujer que no me quiere y una hija a la que no conozco.

Mi hija.

Las puertas se abren para el repartidor y miro a mi alrededor, comprobando que nadie observa antes de colarme tras él. Una vez dentro, me escondo detrás de un arbusto hasta que el repartidor se marcha.

¿Estoy invadiendo una propiedad privada? Sí, pero no tengo otra opción.

Cuando el repartidor se ha ido y la puerta se cierra, doy unos pasos tentativos hacia la casa con el porche más feo que he visto en mi vida. ¿Quién necesita tanto cristal?

Toc. Toc. Toc.

Doy un paso atrás, mirando la puerta de madera negra mientras suelto un suspiro tembloroso. Con las flores en una mano y la otra hundida en mi abrigo azul marino, me siento ridículo.

¿Qué demonios estoy haciendo aquí?

Suplicar. Algo que nunca he tenido que hacer. Normalmente, mi apellido y mi dinero me han conseguido todo lo que quería.

Excepto a ella.

—Un segundo —grita ella, y yo retrocedo otro paso, casi cayéndome del porche.

Cuando la puerta se abre, se me corta el aliento.

Ojos verdes.

Los mismos en los que me perdí aquella noche. Los mismos que me han perseguido en sueños desde entonces.

Ahora lo entiendo. Por qué mis padres nunca quisieron que volviera a verla.

Ella lo es todo sin ni siquiera esforzarse. Sin artificios. Es esa clase de belleza que hace que se te olvide cómo respirar hasta que ella aparta la mirada.

Ella traga saliva con dificultad y, por un momento, nos quedamos ahí parados, observándonos.

—Mamá, ¿quién es? —pregunta una vocecita. Unos dedos diminutos se aferran a las mallas de Tiffany y, entonces, aparece una carita.

La niña me mira con ojos grandes y curiosos, y siento como si el pecho se me hundiera. Es la niña más bonita que he visto en mi vida. Grandes ojos verdes, como los de su madre. Pelo rubio y espeso... como el mío cuando era pequeño.

Me rasco la nuca y alargo torpemente las flores hacia Tiff.

—Oye... eres Tiff, ¿verdad?

Las mejillas de Tiff se sonrojan; mis torpes palabras la sacan de nuestro trance.

Y entonces...

¡Bang!

Me cierra la puerta en las narices, tan cerca que puedo oler la madera.

Bueno, era previsible. ¿De verdad pensaba que se lanzaría a mis brazos después de todo?

—«Oye, eres Tiff, ¿verdad?» —me burlo de mí mismo mientras permanezco en el porche de un hombre al que detesto. ¿Por qué soy tan mediocre? ¿Por qué creo que mi encanto a medias convencerá alguna vez a la madre de mi hija para que me deje ver a nuestra pequeña?

Toc. Toc. Toc.

Lo intento de nuevo.

Sin respuesta.

Apoyo la palma de la mano en la puerta, debatiéndome si volver a llamar.

Lo más probable es que, si Zach está en casa, me parta la cara en unos cinco segundos.

Como no oigo sus pisotones por ahí, supongo que ella está sola, probablemente mirando por las cortinas, esperando a que me vaya porque está aterrorizada por lo que yo pueda hacer.

Se me encoge el corazón ante la idea. Yo. Me tiene miedo, y es culpa mía.

Supongo que es hora de pasar al Plan B.

Saco un sobre del bolsillo y lo pego a la puerta, asegurándome de que no se mueva. Luego me doy la vuelta y regreso a mi hotel con el corazón encogido, abrumado por el desastre que causé y por la persona que solía ser.

Es justo decir que he fracasado en casi todo lo que he intentando en la vida. Pagaba a gente para que hiciera mis trabajos, no conseguí salir del banquillo en el equipo juvenil, engañaba a mi novia por pura diversión y solo entré en Southern Collegiate por mi apellido.

Pero ese era quien solía ser. Es hora de que asuma mi responsabilidad. Es hora de que conozca a mi verdadera familia.

Esta vez voy a hacer que funcione. Tengo que hacerlo, porque ellas se merecen algo mejor, y yo también.