The Deep End Epílogo
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Epílogo

El domingo por la mañana, recién llegada de mi aventura con Adam, observé los rostros que tenía delante.

Las chicas no conseguían disimular sus miradas traviesas mientras brindábamos por mi cumpleaños durante el brunch en Shutters, en la playa de Santa Mónica.

El sol brillaba con fuerza en el cielo azul despejado, pero ni siquiera él podía competir con estas mujeres.

Las miré con recelo. Todas parecían estar ocultando algo. Algo divertido... o secreto... ¿o sexy?

Supe desde el principio que algo raro pasaba. Cinco mujeres que preferirían morir antes que llegar tarde se presentaron con al menos treinta minutos de retraso.

¿Cinco? Se suponía que éramos seis.

—Marley me llamó al móvil antes. Llegará, eh... un poco tarde —anunció Samantha, con su carita de pilla sonrojándose.

Intercambié una mirada con ella. La única razón que se me ocurría para que Marley llegara tarde era que se había quedado estudiando hasta las tantas, pero esperaba que no fuera eso.

Cada una de mis amigas parecía feliz, libre y segura de sí misma. A juzgar por esos sonrojos, cualquiera diría que todas se habían acostado con alguien la noche anterior.

—Entonces, ¿dónde estuviste anoche, Jane? —preguntó Delaney, arqueando una ceja antes de llevarse la copa de mimosa a los labios.

—¿Desde cuándo bebes los domingos? —repliqué con una sonrisa, esquivando la pregunta.

Natalie se volvió hacia mí con el ceño fruncido.

—¿Te perdiste tu propia fiesta?

—Mira quién fue a hablar, señorita veterinaria de guardia nocturna —dijo Angelina, alzando la copa hacia Natalie con una sonrisa.

—Yo tampoco me libro —dijo Annabel—. Es difícil salir del quinto pino. Yo solo... —tosió—. Eh... estuve trabajando en la casa toda la noche.

Pero por su mirada pícara, parecía que quizás había «trabajado toda la noche» en otra cosa. O en alguien.

Marley llegó por fin a la terraza, con sus adorables ojos marrones brillantes y un rubor rosado en las mejillas. Y no era el maquillaje.

Eso es. Reconocería esa mirada en cualquier sitio. Por fin había echado un polvo la noche anterior.

—Perdón por llegar tarde —dijo tímidamente, colocándose la falda del vestido veraniego antes de sentarse.

Me aclaré la garganta.

—Entonces... Marley. ¿Cuántas veces lo hiciste con Brandon anoche?

—Tres... —dijo, antes de darse cuenta de lo que decía.

Cuando levantó la vista, se tapó la boca y nos miró a todas alrededor de la mesa, horrorizada.

—Lo sabía —dije, viendo cómo el rubor de sus mejillas se intensificaba y pasaba por trescientos tonos de rosa.

Fui la primera en reírme. Luego todas las demás se unieron.

—¿Tres veces, eh? Una más que Trevor y yo —intervino Samantha.

—Yo igual —dijo Angelina.

Todas la miramos emocionadas. No tuve que preguntar. Sabía que por fin había estado con Jake.

—Macgrath y yo... bueno, da igual —dijo Delaney con picardía.

Se metió un trozo de pan en la boca y sonrió.

Debió de ser toda una noche. Y la verdad salió a la luz.

Entre risas, comimos, y esperé a que me contaran sus historias una por una.

Me quedé fascinada, con la esperanza de que ninguna se hubiera quedado fuera de la acción.

Por suerte, no fue así. Incluso la más tímida de nosotras había disfrutado de un placer desesperadamente necesario con un miembro del sexo opuesto.

—¡Y yo que pensaba que mi velada en la zona vinícola había sido emocionante! —sacudí la cabeza—. No tiene ni punto de comparación.

Antes de que se fueran, presumiblemente a reunirse con sus chicos, brindamos y prometimos vernos en The Deep End el fin de semana siguiente.

Levanté la copa, y mis seis amigas levantaron las suyas conmigo.

—Por el futuro y por nuestra suerte, que por fin cambió anoche —dije.

Y oí el tintineo de las copas entre nuestras risas.

FIN