The Ascended (Aesymarean 1)
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Prólogo
A l principio solo existían los Primigenios. Seres cuyos pensamientos moldeaban la realidad misma, que insuflaron vida en la nada y pintaron la existencia a través del Abismo.
De sus sueños brotaron océanos y bosques, montañas y estrellas. De sus susurros surgieron los mortales; de su orgullo, los aesymar, hijos divinos que llevaban consigo fragmentos del poder de sus creadores.
Pero el poder engendra ambición.
De entre los aesymar, doce se alzaron sobre los demás. Sus deseos llegaban más lejos, sus apetitos se hacían más intensos, y pronto volvieron sus ojos hacia Elaren, el reino mortal, no como pastores, sino como gobernantes ansiosos por una corona.
De la narración de lo que siguió solo sobreviven fragmentos.
Una rebelión susurrada entre himnos medio recordados, una guerra demasiado vasta para que las mentes mortales la puedan comprender.
Hay quien dice que los creadores languidecieron, agotados por el acto de dar forma a la realidad.
Otros dicen que duermen, más allá de nuestro alcance, a la espera de regresar.
Sea cual sea la verdad, los Primigenios habían desaparecido mucho tiempo atrás.
En su ausencia, Olinthar, el más poderoso de los Doce, reclamó el trono supremo como rey de los dioses. Bajo su dominio nació un nuevo orden, con los Doce en la cúspide; bajo ellos, los demás aesymar y, con el tiempo, los hijos divinos de sus uniones.
Pero la creación no quedó intacta. El poder divino se filtró al mundo mortal como una herida y penetró la carne y los huesos. Algunos mortales, tocados por una chispa demasiado poderosa para sus vidas comunes, se transformaron; se volvieron peligrosos, impredecibles y valiosos.
Y eso dio lugar a los Juicios de Ascensión, un crisol en el que los tocados por el poder podían demostrar su valía. Quienes los superaban se unían al nivel inferior del panteón, honrados como Leyendas. Los que fallaban eran arrojados a un lado, y sus nombres se perdían en el polvo.
Y así, durante milenios, se ha mantenido el orden existente.