Territorio compartido (Serie Ciencia Salvaje 2) Capítulo 25 #2
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Capítulo 25 #2

El aullido distante de la manada, viniendo desde algún punto del corredor que se extendía más allá del promontorio, resonó por el valle entero con una claridad que pareció, a todos los presentes, un regalo perfecto e inesperado para cerrar aquella noche extraordinaria.

—Es como si supieran que hoy era un día especial —dijo Isolde, con los ojos brillantes de emoción, apoyada contra el hombro de Dashiell.

—Puede que lo sepan, a su manera —dijo Briar, tomando la mano de Ambrose mientras ambos escuchaban el aullido desvanecerse poco a poco en la distancia—. Al fin y al cabo, sin ellos, nunca nos hubiéramos conocido.

Ambrose la besó suavemente en la sien, con el eco del aullido todavía resonando en el aire nocturno, y mientras las últimas luces de la celebración se apagaban poco a poco alrededor de ellos, Briar sintió que aquella noche, con toda su emoción y toda su alegría compartida,

representaba exactamente el comienzo perfecto del resto de la vida que ambos habían construido, paso a paso, desde aquella primera discusión hostil en Missoula, casi dos años atrás.

Durante la recepción, cuando llegó el momento de los discursos formales, Ottoline se levantó primero, copa en mano, con una expresión que combinaba orgullo profesional y afecto genuino acumulado a lo largo de dos años observando crecer aquella relación.

—Cuando emparejé a estos dos para codirigir el programa de lobos, hace ya casi dos años, lo hice con cierta aprensión, lo admito —dijo Ottoline, ganándose risas cómplices de buena parte de los presentes que conocían la historia—.

Sabía que había tensión entre ellos, e imaginé que gestionar esa tensión sería uno de los mayores desafíos de mi carrera como directora.

Lo que no imaginé fue que aquella tensión se transformaría, con el tiempo, en el tipo de compañerismo que hace que un programa entero prospere, y en el tipo de amor que hace que dos personas se conviertan en mejores versiones de sí mismas.

Por Briar y Ambrose, y por todos los años extraordinarios que tienen por delante.

Farrah subió después, con un discurso que mezcló humor genuino con una emotividad que sorprendió incluso a quienes la conocían bien.

—Fui testigo de la primera pelea de estos dos, en aquella reunión inicial con Ottoline, y puedo confirmar, con absoluta certeza profesional, que nadie en esa sala hubiera apostado ni un centavo a que terminarían aquí, hoy, casándose bajo este arco tan bonito.

Y sin embargo, aquí estamos. Por el amor que nadie vio venir, y que ahora ninguno de nosotros puede imaginar que no exista.

Silas fue el último en levantarse, con el vaso temblando ligeramente en su mano por la emoción contenida, y su discurso, breve pero cargado de sinceridad, hizo que prácticamente todos los presentes tuvieran que buscar algún pañuelo.

—No soy hombre de muchas palabras, como la mayoría de vosotros ya sabéis —empezó, con una sonrisa modesta—.

Pero quiero decir esto: he visto a mi hija crecer, luchar por el trabajo que ama, enfrentar decepciones que hubieran hecho que cualquier persona menos terca abandonara ese camino.

Y he visto cómo, cuando finalmente encontró a alguien que apoyaba esa terquedad en vez de intentar cambiarla, floreció de una manera que me llena de una alegría que no sé bien cómo expresar con palabras.

Ambrose, gracias por ver exactamente quién es mi hija, y por amarla precisamente por eso. Bienvenido a la familia, hijo.

La cena que siguió transcurrió entre risas, música, y el ambiente cálido de una celebración genuina, con Junie insistiendo en servir personalmente cada plato de la mesa principal,

con Winnifred y Rosalind intercambiando recetas familiares entre risas cómplices que sugerían el inicio de una amistad genuina entre ambas madres, y con Osric y Silas, sentados juntos durante buena parte de la noche,

compartiendo historias sobre sus respectivos hijos con el orgullo evidente de dos hombres que habían encontrado, en el matrimonio de sus hijos, una manera inesperada de estrechar también su propia amistad.

Cuando llegó el momento del baile general, después del primer baile íntimo de los recién casados, todo el promontorio se llenó de parejas moviéndose bajo las luces cálidas que Farrah y Junie habían instalado entre los árboles cercanos, con Isolde y Dashiell bailando cerca de Silas y Rosalind,

con Sorrow invitando a bailar a la tía Colette con una cortesía anticuada que hizo reír a toda la mesa, y con Briar y Ambrose moviéndose entre los grupos de invitados,

agradeciendo personalmente a cada persona que había formado parte de aquel viaje extraordinario que los había llevado hasta aquel momento.

Hacia el final de la noche, cuando la mayoría de los invitados ya se habían despedido tras horas de celebración, Briar y Ambrose se prepararon para partir hacia el aeropuerto, con el vuelo hacia Islandia programado para primera hora de la mañana siguiente,

lo que significaba pasar aquella última noche de casados recientes en un hotel cerca del aeropuerto de Jackson Hole antes del largo viaje.

Sus padres se despidieron con abrazos prolongados y lágrimas que ninguno de los dos intentó ocultar del todo, con Rosalind repitiendo, entre sollozos felices, lo orgullosa que estaba de la mujer en la que se había convertido su hija,

y con Osric dándole a Ambrose una palmada firme en el hombro acompañada de un "cuídala bien, hijo" que resumía perfectamente todo lo que aquel hombre de pocas palabras sentía en aquel momento.

—Disfrutad de Islandia —dijo Farrah, abrazando a ambos con fuerza—. Nosotros nos encargamos de todo aquí. El instituto va a seguir funcionando perfectamente durante vuestras dos semanas de ausencia, os lo prometo.

—Confío completamente en vosotras —dijo Briar, sintiendo una punzada de gratitud renovada por el equipo excepcional que habían construido juntos a lo largo de aquellos años.

Isolde se acercó también, con Dashiell a su lado, sosteniendo un pequeño regalo envuelto que insistió en que abrieran antes de partir: una fotografía enmarcada de Loba 14 con su primera camada tras la recuperación, tomada por las cámaras trampa del corredor,

acompañada de una nota escrita a mano que decía simplemente: "Gracias por enseñarme que el trabajo más importante siempre empieza con cuidar de quienes nos rodean, sea con dos patas o con cuatro."

Briar sintió que las lágrimas, que llevaba todo el día conteniendo con cierto esfuerzo, finalmente se desbordaban del todo ante aquel gesto tan significativo, y abrazó a Isolde con una fuerza que expresaba, mejor que cualquier palabra,

exactamente cuánto había llegado a significar aquella joven bióloga en su propia vida durante los últimos años.

—Gracias, Isolde. Por todo. Por confiar en nosotros desde el principio, por convertirte en la profesional excepcional que eres hoy, por ser parte de nuestra familia elegida.

Cuando finalmente subieron al coche que los llevaría hacia el hotel del aeropuerto, con pétalos de flores silvestres todavía adheridos a la ropa tras la despedida entusiasta de los últimos invitados, Briar se giró para mirar por última vez el promontorio que habían dejado atrás,

ahora iluminado únicamente por las últimas luces de la decoración que Farrah y Junie prometieron desmontar al día siguiente, y sintió que aquel lugar, testigo de la propuesta y ahora también de la boda,

quedaría grabado para siempre en su memoria como el corazón geográfico de toda la historia que ella y Ambrose habían construido juntos.

—¿Lista para el próximo capítulo? —preguntó Ambrose, tomándole la mano mientras el coche se alejaba por la carretera oscura hacia el aeropuerto.

—Más lista que nunca —contestó Briar, apoyando la cabeza contra su hombro con la misma certeza tranquila que la había acompañado durante todo aquel día extraordinario—. Contigo, siempre voy a estar lista para lo que venga después.