Territorio compartido (Serie Ciencia Salvaje 2) Capítulo 22 #2
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Capítulo 22 #2

incluidos aquellos que no habían podido asistir a la celebración por estar de turno en el campo aquel fin de semana.

—Parece que la noticia se ha extendido rápido —dijo Briar, riendo mientras revisaba la avalancha de felicitaciones que llenaban su pantalla.

—Es un pueblo pequeño, y un instituto todavía más pequeño. No esperaba que se mantuviera en secreto mucho tiempo después del anuncio oficial.

Entre los mensajes, Briar encontró uno particularmente conmovedor de Isolde, que no había podido evitar derramar algunas lágrimas durante la propuesta según confesaba en el mensaje, agradeciendo a ambos por haberla dejado formar parte de un momento tan significativo en sus vidas, y otro de Sorrow,

considerablemente más breve pero no menos sincero, deseándoles "toda la felicidad que os merecéis, después de todo lo que habéis construido juntos, tanto en el trabajo como fuera de él".

—Deberíamos llamar a Corwin Blackmoor —dijo Ambrose, de repente, con una sonrisa traviesa—. Después de todo lo que ha cubierto sobre nosotros para el boletín local, se merece la primicia de esta noticia también.

—¿Quieres que el compromiso salga en el boletín local?

—Creo que sería un cierre bastante perfecto para toda la cobertura que empezó con aquella entrevista con Sorrow, hace casi dos años. Aunque, por supuesto, dejamos que tú decidas si quieres esa exposición pública o prefieres mantenerlo más privado por ahora.

Briar consideró la propuesta un momento, pensando en todo el camino recorrido desde aquella primera entrevista tensa hasta aquel momento presente de celebración compartida con toda una comunidad que se había convertido, con el tiempo, en parte fundamental de su vida.

—Creo que me gusta esa idea, la verdad. Ha sido un viaje público desde el principio, en cierto sentido.

Parece apropiado que este capítulo también lo sea.

Llamaron a Corwin esa misma noche, y el periodista, genuinamente emocionado por la noticia, prometió preparar un artículo breve pero cálido para la edición del boletín de la semana siguiente, complementado, insistió, con la fotografía del anillo que Briar aceptó enviarle,

sintiendo una satisfacción particular al compartir aquel momento tan personal con la misma comunidad que había acompañado, paso a paso, cada hito importante del programa que ella y Ambrose habían construido juntos.

Cuando finalmente se retiraron hacia el dormitorio, ya entrada la noche, con el cansancio feliz de un día extraordinario asentándose sobre los dos, Briar se detuvo un momento en el pasillo, mirando el anillo brillar suavemente bajo la luz tenue de la lámpara de noche,

y sintió una gratitud tan profunda que apenas conseguía contenerla del todo.

—Gracias por hoy —dijo, girándose hacia Ambrose—. Por todo. Por el anillo, por incluir a nuestras familias, por hacer que se sintiera exactamente tan especial como debía sentirse.

—Gracias a ti por decir que sí. Por hacer que la pregunta más importante de mi vida tuviera la única respuesta que realmente esperaba, aunque los nervios me hicieran dudar durante un segundo esta mañana.

—Siempre iba a ser sí, Ambrose. Desde hace mucho tiempo, aunque ninguno de los dos lo dijera todavía en voz alta.

Se besaron una última vez antes de retirarse a dormir, con el anillo nuevo brillando entre ellos como una promesa tangible de todo lo que estaba por venir, y Briar sintió, mientras finalmente se dejaba llevar por el sueño esa noche,

que aquel día había marcado no solo el compromiso formal entre los dos, sino también la culminación perfecta de todo un camino recorrido juntos: desde la hostilidad inicial en Missoula, pasando por cada crisis superada, cada triunfo compartido, hasta llegar, finalmente,

a aquel momento de certeza absoluta junto al arroyo que los había visto conocerse de verdad, casi dos años atrás.

• • •

El lunes siguiente, de vuelta en la rutina habitual del instituto, Briar y Ambrose se encontraron recibiendo felicitaciones constantes de todo el personal que no había podido asistir a la celebración del sábado,

así como de varios miembros de la comunidad que ya habían leído la breve mención que Corwin había publicado de manera anticipada en la versión digital del boletín local, adelantándose incluso a la edición impresa completa que llegaría más tarde esa semana.

—No puedo creer que ya todo el pueblo lo sepa —dijo Briar, durante el almuerzo, mientras un técnico de campo que apenas conocía se acercaba a felicitarla calurosamente antes de volver a sus tareas.

—Te dije que era un pueblo pequeño —contestó Ambrose, con una sonrisa que no había desaparecido del todo desde el sábado—. Aunque no puedo decir que me moleste. Me gusta que la gente que ha formado parte de nuestro camino hasta aquí comparta también esta alegría.

Ottoline los convocó esa misma tarde para una reunión breve, aunque menos formal de lo habitual, principalmente para felicitarlos oficialmente en nombre del instituto y para plantear, con la practicidad que la caracterizaba,

algunas preguntas sobre cómo el compromiso podría afectar a la planificación futura del programa.

—No hay ninguna prisa por hablar de esto —aclaró Ottoline—, pero con el tiempo, si decidís cambiar algo sobre vuestros roles, vuestra disponibilidad, o cualquier otro aspecto logístico relacionado con la boda, quiero que sepáis que el instituto va a apoyaros en lo que necesitéis.

—Todavía no tenemos ningún plan concreto —dijo Briar—. Ni siquiera hemos hablado de fecha todavía.

—Tomaos el tiempo que necesitéis. Este instituto ha aprendido, en los últimos dos años, que vosotros dos sabéis exactamente cómo equilibrar la vida personal con el trabajo profesional, sin que ninguna de las dos cosas sufra por ello.

Aquella noche, ya de vuelta en casa, Briar y Ambrose se sentaron juntos con una copa de vino cada uno, empezando finalmente la conversación que, en medio de la emoción del fin de semana, no habían tenido tiempo de mantener con calma: los primeros esbozos de qué tipo de boda querían, cuándo,

y con quién.

—Yo me imagino algo relativamente pequeño —dijo Briar, apoyando la cabeza contra el respaldo del sofá—. Familia cercana, el equipo del instituto, quizás Reeve y Corwin, dado todo lo que han significado para nosotros estos años. Nada demasiado elaborado ni caro.

—Coincido completamente. Aunque me gustaría que fuera al aire libre, en algún lugar que tenga significado para nosotros. El arroyo sería perfecto, pero ya lo usamos para el compromiso, así que quizás deberíamos buscar otro lugar igualmente especial.

—¿Qué tal el corredor mismo? No literalmente en terreno protegido, claro, pero algún lugar cerca, con vistas al territorio que hemos pasado dos años cuidando juntos.