Territorio compartido (Serie Ciencia Salvaje 2) Capítulo 6 #3
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Capítulo 6 #3

Corwin encendió la grabadora y empezó con preguntas sencillas, casi tímidas, que fueron ganando confianza a medida que Briar y Ambrose respondían con calma, sin evasivas,

incluyendo abiertamente los datos sobre las dos muertes de ganado que sí se habían confirmado como causadas por la manada en los últimos dos años, y el modo en que el fondo de compensación había funcionado en esos casos.

—¿Y qué hay de lo que pasó esta semana? —preguntó Corwin, mirando a Sorrow directamente—. Usted denunció dos pérdidas. ¿Qué encontraron?

—Un puma, no un lobo —dijo Sorrow, sin rodeos—.

La doctora Callendish y el señor Kilbride vinieron a mi propiedad al amanecer, revisaron los restos, cruzaron los datos del collar con la ubicación de la manada, y me lo explicaron todo, ahí mismo, en el campo, sin tecnicismos que yo no pudiera entender.

No es lo que yo esperaba cuando los llamé, para ser sincero.

Esperaba que me dijeran que tenía que aguantarme.

—¿Y qué le dijeron en su lugar?

—Me ofrecieron ayuda real. Iluminación con sensores, un cambio en la rotación de pastos, contacto directo con el fondo estatal de compensación por pumas.

—Sorrow se removió un poco en la silla, incómodo con la atención, pero sin dejar de hablar—.

Sigo pensando que este programa va a traer complicaciones a la gente de este valle.

No he cambiado de opinión sobre eso del todo.

Pero también pienso que estas dos personas están haciendo el trabajo con más seriedad de la que yo esperaba, y me pareció importante decirlo en voz alta, ya que la semana pasada alguien decidió hablar en mi nombre sin mi permiso.

Corwin tomó notas rápidas, visiblemente sorprendido por la franqueza de la respuesta, y dirigió la siguiente pregunta hacia Ambrose. —¿Qué responden a las acusaciones de que el instituto prioriza la investigación académica sobre las familias de la zona?

—Que es una falsa dicotomía —contestó Ambrose—.

El programa no existe para generar publicaciones científicas a costa del sustento de nadie.

Existe porque un ecosistema saludable, con sus depredadores naturales en equilibrio, beneficia a largo plazo a todo el valle, incluida la actividad ganadera, aunque a corto plazo requiera ajustes incómodos.

Nuestro trabajo es hacer esos ajustes lo menos costosos posible para la gente que vive aquí, no ignorarlos.

—¿Y si el programa fracasa? ¿Si en tres meses, cuando el condado revise los resultados, las pérdidas han aumentado en vez de disminuir?

Briar y Ambrose intercambiaron una mirada breve, la misma clase de comunicación silenciosa que habían desarrollado durante meses de trabajo compartido, y fue Briar quien respondió.

—Entonces revisaremos el programa con la misma honestidad con la que lo hemos presentado hoy.

No estamos aquí para defender un proyecto a toda costa, pase lo que pase.

Estamos aquí para gestionar la recuperación de una especie de un modo que sea sostenible para todos, y si algo no funciona, lo cambiamos.

Eso es literalmente lo que dice la palabra "programa piloto" en la documentación de la fundación.

Corwin cerró su cuaderno satisfecho, agradeció a los tres su tiempo, y cuando finalmente se marchó, dejando la sala vacía salvo por ellos tres, Sorrow se levantó despacio, ajustándose el sombrero antes de dirigirse hacia la puerta.

—Gracias por venir hoy, Emmett —dijo Briar, tendiéndole la mano.

Sorrow la estrechó con un firme apretón, y por un momento pareció que iba a decir algo más, algo que dudó antes de decidirse.

—Mi sobrina estudia biología en la universidad estatal.

Lleva años queriendo trabajar en algo parecido a lo que hacen ustedes, aunque yo nunca la he animado demasiado, para ser sincero. Quizás debería reconsiderarlo.

—Si alguna vez quiere hacer prácticas, dígale que nos escriba —dijo Ambrose—. Siempre necesitamos gente dispuesta a trabajar duro y a aprender de los dos lados de este tipo de conflictos.

Sorrow asintió, se despidió con un gesto breve de cabeza, y salió hacia el aparcamiento, dejando a Briar y Ambrose solos en la sala vacía, con la luz de la tarde entrando oblicua por las ventanas altas.

—Creo que eso ha ido bien —dijo Briar, recogiendo sus notas.

—Ha ido mejor que bien. Creo que acabamos de convertir al presidente de la asociación de ganaderos en, si no un aliado del todo, al menos en alguien que ya no nos ve como el enemigo.

—Un paso a la vez.

—Un paso a la vez —repitió Ambrose, y le pasó un brazo por los hombros mientras caminaban juntos hacia la salida, un gesto sencillo, casi cotidiano, que tres meses antes hubiera sido impensable entre los dos, y que ahora, después de todo lo que habían atravesado juntos,

se sentía como la cosa más natural del mundo.

Fuera, el valle entero se extendía bajo un cielo que empezaba a oscurecerse hacia el azul profundo del atardecer temprano de noviembre, las montañas recortadas contra el horizonte con la misma majestuosidad que había dejado a Briar sin aliento el primer día que llegó, meses atrás,

sin saber todavía que aquel lugar, y aquella persona caminando a su lado, terminarían convirtiéndose en algo que ya no podía imaginar dejar atrás.