41 Nova
CUARENTA Y UNO
NOVA
Silas me está esperando fuera, caminando por la acera con calma, como si fuera un animal enjaulado. Se detiene en el momento en que pongo un pie en el aparcamiento.
—¿Pero qué cojones, Nova? —espeta.
Estiro los dedos y dejo que las manos cuelguen relajadas a los costados. —«¿Qué cojones?» es lo que digo yo, Silas.
Uso su nombre con toda la intención. Ahora mismo es mi hermano, no mi puto presidente.
Da un paso hacia mí y me señala con el índice, con los ojos muy abiertos. —Mantente alejado de ella, Nova.
Me quedo boquiabierto y lo miro fijamente. Nunca he creído demasiado en los extraterrestres y esas mierdas, pero por primera vez empiezo a preguntarme si no estaremos ante una invasión de ultracuerpos. Nunca lo he visto comportarse así.
—¿Me estás vacilando? —Mi voz es baja, tan firme como puedo mantenerla con la incredulidad recorriéndome las venas.
—Eso va por todos vosotros. Manteneos bien lejos de mi niñera —brama Silas, ignorándome por completo.
Varios de los chicos retroceden con las manos en alto y las palmas hacia él, en el gesto universal de rendición.
Pero yo no. Estoy tan jodidamente lejos de rendirme que resulta de risa.
—¡Eh, sin problema, Presi! —grita uno de los hermanos.
—No pasaba nada raro, Presi. Solo nos estábamos divirtiendo un poco —interviene Gunnar, retrocediendo unos pasos.
—Vale, vale. Se acabó el espectáculo, ¿no? Vamos, chicos, hay conejitas dentro. No las hagamos esperar, ¿eh? —grita Ace. Me lanza una mirada de preocupación que yo ignoro de inmediato.
El aparcamiento se despeja, dejándonos a solas a mi hermano y a mí bajo las farolas de nuestro recinto.
Se gira hacia mí. —Mantente bien lejos de ella. Lo digo en serio, Asher.
Me río. No puedo evitarlo. Levanto la cara hacia la luz de la luna y dejo escapar mi incredulidad. Me giro y lo miro. —¿Lo dices en serio, tío? ¿Vas a intentar reñirme usando mi nombre real como si fueras nuestro padre? ¿Quién te crees que eres para hablarme así? ¿Eh?
La tensión me recorre el cuerpo como si fuera un puto árbol de Navidad, y me preocupa haberme equivocado. A lo mejor todo no va a salir bien.
—¿Que quién cojones soy? —grita, avanzando hacia mí y golpeándose el pecho—. Soy tu puto presidente, así que más te vale hacerme caso. —Casi escupe las palabras, con el dedo índice señalándome.
Dos pasos más y me hablaría a un palmo de la cara. Supongo que no tiene muchas ganas de recibir otro golpe en su cara de niño guapo.
Arqueo una ceja, sintiendo la cruel mueca de mis labios. —Ah, ¿o sea que ahora es una orden?
Frunce el ceño, con la mandíbula apretada. —Sí, es una puta orden. —Se quita la gorra, se pasa las manos por el pelo y vuelve a encajársela en la cabeza. Todo con movimientos bruscos y rápidos.
Y me doy cuenta de repente de lo que está pasando. Decir que estoy sorprendido es quedarse corto, pero ahora que se me ha enfriado la cabeza, puedo reflexionar sobre la escenita de dentro del club con perspectiva.
Él no estaba forzando a Evangeline, y ella no intentaba escapar.
Mi hermano quiere a mi chica, y eso lo está destrozando por dentro.
Suelto una risotada baja en el aire cálido de la noche; el sonido me resulta áspero hasta a mí. —Estás celoso, ¿verdad? —No es una pregunta.
Se pone tenso y entorna los ojos. —No estoy celoso, joder. Soy tu puto presidente y te estoy dando una orden.
Retrocedo unos pasos, forzando mi sonrisa para que parezca algo más normal, y abriendo los brazos de par en par. —Está bien. Entonces supongo que lo dejo.
Frunce el ceño y se pone las manos en las caderas. Unas manos que hace diez minutos estaban por todo el cuerpo de mi chica.
—¿Cómo que lo dejas? No puedes abandonar a la familia.
No digo nada, simplemente sigo caminando hacia atrás en dirección a mi moto.
—Uno no se va de los Reapers, hermano. Lo sabes —dice con voz baja y cargada de advertencia.
Pero conmigo no funciona. Esto no va del club, no en realidad. Y estoy harto de tantos putos secretos en esta familia. Las confesiones inconexas de un hombre en su lecho de muerte me han perseguido durante cinco años.
—A lo mejor hace diez años no, pero este es el nuevo capítulo, hermano. Ya ni siquiera estamos en el juego de verdad. Así que todo esto —extiendo los brazos y doy una pequeña vuelta en semicírculo— ni siquiera es real.
—¿Pero ella sí lo es? —presiona con los ojos entrecerrados.
—No lo sé, tío, ¿por qué no me lo dices tú? —lo desafío.
Entonces no dice nada. Se limita a mirarme con las manos en las caderas y la visera de la gorra tapándole los ojos.
—¿Vas a mandar a la mierda a tu familia por ella? ¿A mí, a Bane, a mamá? ¿A Hunter?
Me detengo. —Vete a la mierda. Que te jodan por hacerme elegir. No todo es blanco o negro.
—He vivido en una escala de grises durante más tiempo del que jamás sabrás. Así que no me vengas con sermones sobre elecciones.
Me paso las dos manos por el pelo y tiro de las puntas, soltando un bufido. —¿Por qué no puedes admitirlo de una vez? ¿Por qué no puedes decir simplemente: «Lo siento. Me he metido con tu chica porque no puedo evitarlo y estoy jodidamente celoso»?
Suelta un bufido de desprecio. —¿Estás borracho, tío?
No estoy celoso, joder —dice con rabia, como si la sola idea fuera absurda—.
Estoy velando por los intereses de mi familia.
Hunter ya la quiere con locura. ¿Vas a ser tú quien le dé la noticia cuando ella deje de venir por aquí porque tú la cagues? ¿Eh?
Podría haberme dado otro puñetazo en la cara y me habría dolido menos que esto.
—Vaya. Qué bien saber que eso es lo que realmente piensas de mí, hermano.
Su rostro pierde algo de esa tensión, aunque mantiene el ceño fruncido. Cambia el peso de un pie a otro. —Antes pasabas por las mujeres como el agua, tío. Eso lo sabe todo el mundo.
Me encojo de hombros. —Eso fue hace mucho tiempo. Soy un hombre nuevo y todo eso. Pero da igual, porque ¿Evangeline y yo? Somos el destino final, hermano.
Él sonríe con sorna, de forma malintencionada. Ya sé que va a soltar alguna gilipollez otra vez.
—Sí, desde luego lo parecía cuando se restregaba contra mi polla dentro del club.
Mi temperamento estalla porque, joder, eso todavía me ralla. ¿Primero Bane y ahora Silas?
—¿Estás intentando que te pegue, tío? Lo estoy intentando, pero solo soy un puto humano. Deja de provocarme —le advierto.
Se encoge de hombros con aire de suficiencia. Como si me hubiera soltado una bomba de la que yo no tuviera ni idea. Pero no soy idiota. He visto cómo se miran cuando el otro no se da cuenta. Es lo mismo que hacían ella y Bane en Magnolia Lane.
—Solo te estoy poniendo las cartas sobre la mesa, para que sepas exactamente por quién estás intentando abandonar a tu familia.
—Deja de actuar como si hubieras hecho algo por mi bien.
Los dos sabemos perfectamente por qué estabas encima de ella esta noche.
—Suspiro, cansado de repente de dar vueltas en círculos—.
Ambos sabemos que no voy a elegirla a ella por encima de ti ni de nadie.
Al igual que los dos sabemos que en realidad no me estás ordenando que deje de ver a mi novia.
Así que estamos en un punto muerto por esta noche.
Él gruñe, que supongo que es una respuesta tan válida como cualquier otra.
Camino de espaldas hacia donde he aparcado la moto. —Así que voy a dar la noche por terminada. Tengo a una morena espectacular esperándome. No te quedes despierto.
Le guiño un ojo solo para joderle. Silas no se queda despierto esperándome desde que yo tenía quince años, pero me apuesto la moto a que esta noche sí que lo hará. Aunque solo sea para ver a qué hora vuelvo.
Por desgracia para él, mañana va a estar reventado, porque no tengo la menor intención de volver a casa en toda la noche.