Capítulo 56
El agobio de imaginar lo que puede hacerle Crystal a Ava me martiriza. No he podido dejar de darle vueltas a las consecuencias que eso podría tener. Que Ava no me haya contado algo así de ella también me hace sentir como una mierda, pues esa desconfianza solo la he creado yo.
Pensar que su madre no quiere saber nada de ella me parte el corazón.
En el poco tiempo que llevamos juntos he podido ver en ella cosas mágicas: es graciosa, amable, cariñosa, cabezota...
muy cabezota, y no podría negar que eso me encanta de ella.
Ava es una luz que brilla con mucha intensidad en mi oscuridad.
Una luz a la que quiero dirigirme y de la que jamás quiero desprenderme.
Y por eso mismo no puedo permitir que sufra.
Tengo que encontrar una solución y alejarla del centro de atención de Crystal, pero no tengo ni puta idea de cómo hacerlo.
El afán de protegerla y de que sea feliz es un impulso que no sentía por nadie desde hacía mucho tiempo. Había abandonado por completo cualquier esperanza de amor y de ilusión con respecto a una relación. Y ahora estoy enamorado hasta los huesos.
Tenía que ser ella, tenía que ser Ava. Sí, joder, algo en mi interior me grita que siempre ha sido ella. Por eso nunca había sentido nada tan intenso por otra persona, ni siquiera en mis mejores momentos con Crystal fue la mitad de fuerte.
—Está bien, deja que me aclare. ¿Me estás diciendo que Crystal te ha saboteado porque sabe un pasado de Ava que tú desconoces, y quieres hacer algo para evitar que tu prometida, que sentimentalmente para ti es tu ex, chantajee a tu novia?
Muevo el vaso que tengo en la mano en pequeños círculos, haciendo que el whisky y los hielos giren al compás.
Miro a Dan mientras busco una respuesta porque, escuchada de otra persona, la situación me parece aún más ridícula que cuando la pienso.
Busco las palabras idóneas para poder responderle de tal manera que no parezca un puto culebrón.
Le doy un largo sorbo a mi bebida, dejo que descienda por mi garganta y vuelvo a mirar a mi amigo.
—Sí. —No sé qué más decir. Es horrible se mire por donde se mire.
Él asiente despacio y me rellena el vaso.
Después, deja la botella sobre la mesa y se acerca a su equipo de música.
Su apartamento es elegante y, aun así, parece acogedor.
No importa la decoración cara ni la madera de lujo que tenga, al entrar en su casa, te sientes en un hogar. El lugar perfecto para una familia.
Cuando la música empieza a sonar, reconozco enseguida la canción Mirrors , de Justin Timberlake, y me es inevitable pensar en Ava. Observo a mi amigo mientras vuelve a tomar asiento, coge su vaso y le da un buen trago.
—Crystal sabe jugar sucio y cada vez te tiene más cogido por los huevos.
—Vaya, ¿no me digas? —Mi ironía parece hacerle gracia, algo que a mí no.
—A lo que me refiero es que tienes que deshacerte de ella. Saca al Zeus que tienes dentro, ese cabronazo que guardaste con dieciocho años, y arrasa con todos. Ella no deja de jugártela, joder, haz lo mismo.
—No sé. ¿Qué quieres que haga?
—Tienes pasta, tío, puedes hacer lo que quieras.
Pienso en mi conversación telefónica del otro día y me inclino hacia Dan.
—Le he pedido a uno de mis abogados que busque cualquier cosa que lo exponga. Así podré chantajearlo. —Mi amigo asiente, bastante interesado en lo que digo, pero luego recuerdo la amenaza—. Pero no quiero dar pasos en falso y hacer que Crystal se adelante. Tengo que ser rápido.
Mi amigo se mueve en su sillón, se echa hacia adelante también, apoyando los codos en las rodillas, y me mira fijamente.
—Ella quiere hundirte a ti. Es así, Zeus, uno de los dos tiene que salir a flote. Ahora está en tu mano decidir quién de los dos. Si Crystal o tú.
—Lo sé, por eso tengo que hacer las cosas bien.
—Yo moveré hilos en cuanto me lo pidas.
—No esperaba menos —digo, levantando mi vaso.
Ambos brindamos y bebemos. Pensando en mil cosas, me acerco a la mesa y me vuelvo a rellenar el vaso. Luego, guardo la botella, no quiero beber más de la cuenta, aunque es justo lo que necesito ahora para olvidarme de todo. Pero no lo haré, Ava me espera en casa.
Me dejo caer en el sofá de nuevo y apoyo la cabeza en el respaldo.
Intento poner la mente en blanco, esperando que de la nada surja alguna solución.
Tanto meditar me hace apalancarme, aunque también pensar en idioteces, como en tener un hijo.
¡Todo sería más fácil así! El único que puede quedarse con todo es un heredero, ¿no? Levanto la cabeza y miro a Dan.
—Un hijo.
—¿Qué? —Me mira, la cara le ha cambiado.
—Un hijo, esa es la solución.
Me mira muy serio, sé que piensa que estoy loco. Y quizá lo esté.
—Muy bien, Zeus, no quieres chantajear con un folio, pero sí dejar embarazada a Ava. —Espera unos segundos, puede que a la espera de que yo diga algo, pero no tengo nada que decir. Entonces suelta una carcajada incrédula—. Has perdido la cabeza.
—Totalmente —afirmo, dejando caer mi cabeza de nuevo en el sofá.
Nada de hijos, ¿en qué coño estaba pensando?
Me paso las manos por la cara y el pelo, sin saber qué hacer. Para cambiar un poco el rumbo de la conversación, decido preocuparme un poco por su vida. Con todo este follón es como si nos hubiésemos alejado miles de kilómetros.
—¿Cómo te va con Jessica?
—Bien, nos va muy bien. Pero ese no es el tema importante, tenemos que solucionar tu problema.
Me inclino hacia él y le agarro la nuca.
—Tío, llevamos dos meses dándole vueltas a mis problemas. Tu dicha es muy importante para mí.
Sonríe y pone ese gesto que me dice que está loco por ella.
—Jess es increíble. Está loca, ¿sabes? Y me encanta. Siempre que estoy con ella me río, tiene unas ocurrencias que me dejan pasmado. Me he enamorado —dice de sopetón, quedándose helado. Es la primera vez que lo escucho decir algo así—. Yo, que hice lo que te hice... supongo que no me la merezco.
—Olvídalo, tío, yo lo he hecho.
—Sé que no.
—Dan... —No me gusta nada el rumbo que está tomando la conversación y necesito terminarla.
—No pasa nada, lo entiendo. Lo entiendo cada día que pasa y sigues a mi lado. Soy un amigo despreciable.
Maldigo para mis adentros y me aprieto la mandíbula con la mano, no quiero hablar de esto.
—Un error lo comete cualquiera —aseguro, queriendo que no se sienta mal.
—Ya, un error... —Se pone de pie—. ¿Un amigo se folla a la novia de otro?
Tenso los músculos. Esto no va a salir bien.
—Dan, ya.
—No, de veras. ¿Lo hace? ¿Un amigo la caga tanto que provoca que casi pierdas un ojo en una pelea?
Hace años que no hablamos del tema, y estoy seguro de que lo hace porque necesita liberarse ahora que está con Jessica y borracho.
—Son cosas que pasan.
Me giro hacia la ventada al decir eso para que no vea cómo aprieto la mandíbula. Aunque le he perdonado, todavía sigue doliendo. No que se acostara con Crystal, sino que me traicionara de ese modo. Pero quiero olvidar el pasado y hablar de aquello no es buena idea.
—¿Y si vuelvo a hacerlo?
—¿Qué? —bramo, girándome hacia él. Por ahí no paso, me pongo enfermo solo de pensarlo—. No digas gilipolleces.
—No son gilipolleces. ¿Y si soy así? ¿Y si intento acostarme con Ava?
Me quedo estático. Me cuesta tragar saliva y siento un sudor frío que no augura nada bueno. Aprieto los puños. No sé a qué viene que diga algo así, ¿es que quiere hacerlo? Lo destruiré si lo intenta.
Doy un paso atrás, porque si me acerco no creo que sea bueno. Me apoyo en el cristal de la ventana y lo observo. Sigue sentado en el sillón, con la cabeza apoyada en las manos y los codos en las rodillas. Ni siquiera sé qué cojones decir ante tal cosa.
El silencio no dura mucho más, ya que lo que me parece un hipido lo interrumpe. Confundido, me acerco a él y lo hago mirarme.
—¿Estás llorando, Dan?
—Sí, joder.
—Te dije que está olvidado. Te he perdonado, eres mi hermano.
—No, no lo soy.
—Sabes que sí. No digas tonterías, tío. Confío en ti más que en nadie, sé que no volverías a hacerlo.
—No lo sabes, ni siquiera yo lo sé. ¡Cómo vas a saberlo tú!
Aprieto los dientes.
—Lo sabemos los dos porque estás demasiado pillado por Jessica. Nunca te había visto así. Créeme cuando te digo que sé que no le harías algo así.
—Tengo miedo, ¿sabes? Temo salir de fiesta sin ella, emborracharme y tirarme a alguien. Incluso al principio me daba miedo acercarme más de la cuenta a Ava.
Quito mi mano de su hombro, impactado por su confesión. No quiero pensar cosas que no son.
—¿Por qué? —pregunto. No responde, se levanta y se aleja de mí. Mal asunto—. ¿Por qué, Dan? —repito, esta vez en un tono mucho más hostil.
—Me hubiera gustado ser yo quien la hubiera conocido primero. En cuanto la vi quise ir a por ella.
No puede ser. Aprieto los dientes, enfadado. Lo miro sin moverme, temiendo hacer una tontería. Soy capaz de partirle la cara solo por lo que ha dicho.
—No hablas en serio.
—Sí, sí que lo hago. Ya no siento eso, claro. En cuanto conocí a Jess, me hechizó. No podía dejar de pensar en ella. Pero, al principio, cuando me hablabas de Ava, quería tenerla.
Respiro hondo, tranquilizándome con sus palabras. No quería a Ava como tal, sino lo que ella me daba, y no le culpo. Lleva demasiado tiempo solo. Me acerco a él con paso firme y lo abrazo. Al principio no se mueve, pero después también responde al gesto.
—No pasa nada, tío. Se cuánto adoras a tu chica y tuviste que conocerla para saber que no necesitas nada más. No pasa nada. No pasa nada si deseabas lo que otra persona tenía antes de conocer a Jessica.
—Joder, Zeus. Esa española te está cambiando. Me esperaba un derechazo.
Me separo de él y le rodeó los hombros con el brazo.
—No creas que no estaba a punto de hacerlo. Joder, Dan.
Suelta una risa y termino haciéndolo yo también. Al momento, volvemos a sentarnos y retomamos la conversación inicial. Nos tiramos más de dos horas dándole vueltas hasta que, a las tres de la madrugada, me marcho a casa.
***
Cuando entro en el apartamento todo está en silencio y me la imagino plácidamente dormida.
Me descalzo y, sin encender ninguna luz, camino hasta nuestro dormitorio.
Allí la encuentro en la cama, tapada hasta el cuello, dándole la espalda a la puerta.
Su respiración es tranquila, nada que ver a cómo me siento yo de repente.
Tenemos que hablar.
Camino despacio hacia la cama, le beso el cuello con cuidado y le acaricio el pelo. Me siendo en el borde del colchón y la vuelvo a observar unos minutos. Es preciosa. Podría decir que entiendo de qué hablaba mi padre cuando se refería a enamorarse.
¿Estoy loco por decir que me he enamorado en apenas tres o cuatro meses?
—Ava, cariño. Despierta —murmuro con cariño, odio tener que romper su sueño.
Me acerco a su cara, le acaricio la mejilla con mi nariz y mis labios, y apoyo la frente en su sien mientras aspiro su olor.
Ella se remueve bajo las sábanas, pero apenas cambia de postura.
Despacio, lleva una mano a su cara para apartarse el pelo.
Se restriega los ojos y empieza a abrirlos.
Sin poder contenerme, le doy un beso rápido en los labios y le hago un gesto para que se eche a un lado.
Cuando me ha dejado espacio suficiente, me tumbo junto a ella.
— Honey , despierta. —Me responde con un ronroneo delicioso—. Sé que tienes sueño, pero necesito hablar contigo. No quiero que me dejes.
Abre los ojos un poco más de lo normal y, por fin, se da cuenta de a qué me refiero. Asiente al pensarlo, se incorpora un poco y acerca su rostro al mío, mirándome con esos ojos grises que me roban el aliento. Juego con su pelo mientras se gira hacia mí. Estamos de lado, mirándonos a los ojos.
Yo tengo su pelo entre los dedos, pero ella... joder, ella tiene mi maldito corazón en sus manos.