Temporada de cosecha (Masacre 2) TRILLAR
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Temporada de cosecha (Masacre 2)

Temporada de cosecha (Masacre 2)

Por Brynne Weaver

© inepub.com

TRILLAR

TRILLAR

Harper

Echarse un novio asesino en serie tiene muchas ventajas.

Nolan es de gran ayuda si hay que librarse de algún enemigo, para empezar.

No le importa saltarse unas cuantas leyes si eso me beneficia a mí.

Tampoco le dan asco la sangre y las entrañas.

Mantiene la calma bajo presión. Tiene un pulso firme…

lo cual resultó especialmente útil cuando me hizo los piercings de los pezones.

Vale, admito que se tomó su tiempo con lo de la aguja, pero me gusta el dolor, así que los dos salimos ganando.

Pero ¿sabes lo que no mola nada?

Cuando eres tú la que se arriesga a que la mate un asesino en serie.

Quizá debería volver a la parte de «novio» y dejar de decir lo de «amienemigos con beneficios».

El cuervo, que observa desde las ramas del roble, grazna para advertirme justo antes de que la puerta trasera de mi casa se cierre con un portazo mucho más fuerte de lo necesario.

Estoy en el terreno de la mansión Lancaster, trabajando entre rododendros e irises, así que echo un vistazo por encima del muro de piedra y veo a Nolan caminando a paso ligero por el jardín.

Me vuelvo hacia la imponente mansión victoriana que hay en lo alto de la colina.

Espero que Arthur, mi anciano mentor, esté echándose la siesta a pierna suelta y no a punto de bajar la cuesta en un carrito de golf que no debería conducir para poder ser la estrella de mi próximo drama.

Me quito los guantes, me saco el móvil del bolsillo delantero del peto y abro los últimos mensajes que he intercambiado con Nolan esta mañana.

Tenemos que hablar. Ahora.

Como me he dado cuenta de que se me venía encima una gorda, he tratado de aligerar el ambiente.

¿Sobre lo bien que me quedan los piercings de los pezones?

No.

Es obvio que mi intento no ha tenido demasiado éxito.

Esa única palabra estampada sigue siendo lo último que me ha escrito desde hace más de una hora.

Si recordarle nuestra noche apasionada de shibari y piercings en los pezones no es suficiente para aplacarlo, no tengo duda de que ha venido a matarme.

Suspiro y cojo el hacha.

Los goznes de la verja del jardín chirrían cuando Nolan se adentra en los terrenos de la mansión Lancaster.

Dobla la esquina; lleva la ferocidad tallada en los rasgos.

Su altura parece imponer más de lo habitual; los músculos se le marcan de lo tensos que están.

Aprieta la mandíbula definida; los labios carnosos se han convertido en una línea fina. Está aún más guapo cuando se cabrea.

En cuanto me ve, se detiene. Nos miramos el uno al otro en silencio mientras lo veo valorar la escena que tiene delante. El cuervo se baja al muro del jardín, ladea la cabeza de un lado a otro. Nos está estudiando, dispuesto a apostar por un ganador.

—¿Qué coño haces? —pregunta Nolan al fin.

—¿A ti qué te parece que estoy haciendo? —replico.

—Asesino —dice el pájaro imitando mi voz al tiempo que camina por el murete de piedra hacia el lecho de flores y mira fijamente la lona ensangrentada que hay a mis pies—. Pájaro bonito asesino.

Contengo las ganas de entornar los ojos.

—Gracias, Morfeo. Siempre lo dices en el momento más oportuno.

Eres el orgullo de todos los córvidos del mundo.

—Señalo las partes de cuerpo cercenadas que hay encima de la lona, listas para darse un garbeo por la trituradora de madera—.

Estoy deshaciéndome del pequeño desliz de Arthur. El turista del cementerio.

—«Pequeño desliz» —repite Nolan.

Me encojo de hombros.

—No podía dejarlo en el cobertizo toda la vida. A Arthur no le gusta que los cadáveres estén mucho tiempo en el congelador. Es bastante arriesgado guardarlos ahí, ¿sabes?

—Cierto. Claro. —Nolan asiente con aire sabio; es un movimiento cargado de sarcasmo—. ¿Tan arriesgado como, por ejemplo, meter un cuerpo en una trituradora de madera a plena luz del día?

Se acerca un paso, aunque todavía queda bastante espacio entre nosotros. Y, por alguna razón, tengo la sensación de que nos alejamos más a cada segundo que transcurre, un abismo de incomodidad que amenaza con consumirme.

—¿Levantaría más o menos sospechas usar una trituradora de madera por la noche?

—A lo mejor deberías plantearte no usarla nunca.

—Se pasa una mano por la cara; se nota lo mucho que le cuesta controlar la rabia; irradia esfuerzo, como si quisiera echar a andar de un lado a otro de lo agitado que está, pero se contiene—.

¿No te preocupa que el piloto del dron se dé un paseo por aquí y te vea?

—Me imagino que estará ocupado con otras movidas; seguro que se ha enterado ya de que Sam ha estirado la pata.

—Bueno, en eso no te equivocas. Sí que está ocupado con «otras movidas». Movidas como la vida después de la muerte. Porque Vinny Meschino también está muerto, joder.

Suponía que la noticia de la muerte de Sam Porter no tardaría demasiado en correr por el pueblo…

Un productor de documentales barra investigador aficionado tenía todas las papeletas para ser un chisme jugoso y, para un pueblo como Cabo Masacre, no hay nada más emocionante que una muerte «accidental».

Pero ¿el piloto de dron, Vinny? Eso sí que no me lo esperaba.

Sobre todo porque fui yo la que lo golpeó en la cabeza y, aunque le arreé lo bastante fuerte como para que perdiera el conocimiento, no creía que lo hubiera matado.

La última vez que lo vi, estaba inconsciente en el aparcamiento del hostal El Cabo y me largué quemando rueda para rescatar a Nolan de las garras de Sam.

Pese a que estoy tan estupefacta por esta información como ha debido de quedarse Nolan cuando se ha enterado, hago todo lo que puedo para que no se me note. A veces es mejor no permitir que otro depredador te pille con la guardia baja, aunque esté de tu lado. En teoría.

—En fin, eso es bueno, supongo.

A Nolan se le oscurecen los ojos.

—¿No es bueno…?

Él sacude la cabeza y yo apoyo el hacha en el suelo con un pum.

—De acuerdo, ya que parece que tú sabes mucho más de esto que yo, ¿por qué no me dices lo que es?

Nolan se acerca más; cada paso que da es lento e intencionado.

No deja de mirarme a los ojos en ningún momento, ni siquiera cuando me quita el hacha y la lanza hacia atrás.

Me sumo en esas profundidades de color verde bosque y ese borde marrón que le recorre la parte inferior del iris izquierdo.

Se detiene tan cerca de mí que podría acariciarle el torso con el pecho si el aire no se me hubiera quedado atascado en los pulmones y pudiera respirar.

—Lo único que sé es que también está muerto y que ahora están investigando un asesinato.

—Vaaale. Eso es… algo.

Morfeo grazna en el silencio que se crea y se deja caer sobre la lona agitando las alas.

Aunque miro hacia atrás y lo veo picotear un muslo cercenado, sé que Nolan sigue sin quitarme los ojos de encima.

Su mirada me calienta el pulso que me salta en el cuello.

Siento que un nudo corredizo se tensa sobre mi piel.

—¿Fui yo? —pregunto—. ¿Lo maté cuando le aticé en el aparcamiento?

La expresión de Nolan no se suaviza; tiene una arruga bien marcada entre las cejas fruncidas.

—No lo sé. Lo único que sé es que también está muerto. Así que a lo mejor sí fuiste tú. Pero ¿cuál de las dos?

El corazón me retumba contra las costillas.

—¿A qué te refieres?

—¿Darían con Harper Starling si descubrieran tus huellas o encontraran tu ADN? —Nolan se cierne sobre mí, acaparando todo el espacio de mi campo de visión. Sé lo que va a decir antes de que la pregunta se le escape de los labios—: ¿O darían con Autumn Bower?

Aunque sabía lo que me iba a decir, esas palabras me golpean como una bofetada. «Autumn Bower».

Me bombardean los recuerdos de la noche en que dejé atrás a esa mujer.

Los cuerpos en la carretera. El olor a neumático quemado.

Los gritos desolados de Nolan en la oscuridad.

El miedo que se apoderó de mí cuando me di cuenta de que mi frágil libertad podría desvanecerse si me quedaba en el lugar del atropello.

Y entro en pánico ahora que me han quitado la máscara.

—¿Cómo…? —Es lo único que consigo decir mientras trago saliva.

—He encontrado tu caravana esta mañana; la marea estaba baja —explica—.

El número de identificación sigue ahí. No tardé mucho en unir las piezas del puzle en el Discord de los Buscasabuesos.

Publicaron muchísimo sobre esa furgoneta hace cuatro años, cuando te perdieron la pista.

Además, hay un montón de enlaces a tu canal de YouTube.

Las camperaventuras de Autumn y Adam… Es pegadizo, sin duda.

Cierro con fuerza los párpados; un torrente de culpa y vergüenza me recorre entera. Cuando vuelvo a mirar a Nolan, su mirada adusta sigue perforándome.

—¿Por qué no me lo contaste? —susurra.

El pánico se me desliza por la garganta.

No estoy segura de lo que debería decir.

No quiero mentirle, al menos no más de lo que ya le he mentido por omisión; sin embargo, me he pasado los últimos cuatro años intentando olvidar ese nombre y todo el horror y el dolor que implica.

Y he hecho todo lo que estaba en mi mano para mantener la promesa que le hice a Arthur: que no le desvelaría mi pasado a nadie.

Pero, joder, qué solitario es vivir como un fantasma.

A veces siento que los recuerdos podrían ahogarme.

Que siempre estoy esforzándome por mantener la cabeza a flote del pasado: el fallecimiento de mis padres y el duelo que le siguió.

El terror de estar atrapada en la casa del asesino en serie Harvey Mead.

La culpa de escapar del sótano cuando mi novio, Adam, no lo consiguió.