Te quiero, Marta (Colección Mediterráneo 3) Epílogo
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Epílogo

«Jo estaré amb tu per sempre més

així que tanca els ulls

tanca els ulls

tanca els ulls

i dorm»

[Yo estaré contigo para siempre

así que cierra los ojos

cierra los ojos

cierra los ojos

y duerme]

(Sau, Tanca els ulls )

Han pasado siete años desde que Toni y yo decidimos que queríamos seguir adelante con toda esta locura.

No todo ha salido como esperábamos. Los comienzos fueron un tanto idílicos: estábamos muy enamorados, la relación empezaba y todo era maravilloso; en dos palabras: amor y alegría.

Con todo y con eso, cuando llegó Julia ―sí, todos tuvieron razón y fue niña―, las cosas se complicaron un poco.

Aparte de dos adolescentes en casa, teníamos un recién nacido.

La niña resultó ser llorona y dormía muy poco.

Al principio, a todos nos hacía mucha gracia, pero después de tres meses sin dormir estábamos bastante irritables, por decirlo de una manera agradable…

Y… debéis de estar preguntándoos si la maternidad después de los cuarenta es tan terrible.

A lo mejor, terrible no es la palabra más adecuada. Yo me sentía mucho más cansada que quince años atrás, cuando había tenido a Lluc y a Clara, pero Toni lo compensaba de sobra con su ilusión y sus ganas de hacer cosas.

Los chicos estaban felices con el cambio y yo me sentía más joven, y no solo por poder pasearme de la mano de un pedazo de hombre de treinta y pocos años…

La niña me había rejuvenecido. Ir con ella por el mundo hacía que descubriéramos las cosas de nuevo juntas, y esta sensación era, de por sí, maravillosa.

Pasar una hora mirándola contemplar, intrigada, el ir y venir de las olas podría parecer aburrido, pero no lo era, porque me hacía sentir como si yo también lo estuviera viendo por primera vez, aunque fuera a través de sus ojos.

De todas formas, no todo fue tan maravilloso. No era lo mismo pasar una noche sin dormir a los veinticinco que a los cuarenta y cinco, pero creo que para comprobarlo tampoco hace falta ser madre añosa.

Hay muchas cosas que ahora me estresan y que antes no lo hacían, y también me preocupo más por situaciones que antes no me preocupaban lo más mínimo. Supongo que no son más que manías que vamos adquiriendo con la edad.

Toni ha resultado ser el mejor padre del mundo, y no solo para Julia, sino también para Lluc y Clara, que le adoran.

Hace unos cuatro años le ofrecieron ser socio de la clínica y, después de consultarlo con todos nosotros, aceptó. Le encanta el trabajo, le encanta la vida y le encanto yo ―esto último es lo que más me gusta, para qué negarlo― y, cuando lo dice, se nota que lo hace de corazón.

De Cristina no supimos nada más. Nunca ha vuelto a dar señales de vida, ni ella ni su abogado. Toni piensa que debió de encontrar a otro gilipollas del que aprovecharse y que, en el fondo, hemos tenido suerte.

David está felizmente casado con Graciela y ya van por el quinto hijo. Parece que están muy bien, por lo que él cuenta. Yo estoy convencida de que a ella todavía nadie le ha explicado lo que es un preservativo; digo «a ella» porque David antes lo sabía, no sé si por el camino lo habrá olvidado…

Los niños… Bueno, ya no debería llamarlos niños, aunque para mí lo serán siempre, ya viven su propia vida, como quien dice…

Lluc quiere ser médico y está en Barcelona.

Dice que estudia; de hecho, saca buenas notas, aunque también sale y disfruta mucho de lo que le ofrece la ciudad, que es lo que debe hacerse a su edad.

Sigue cambiando de novia como quien cambia de calzoncillos, pero, desde que le pedimos por favor que no las trajera a casa, no hemos conocido a ninguna otra.

Es que, en cuanto nos acostumbrábamos a una, la cambiaba y ya estábamos hartos de tener que despedirnos tan a menudo de chicas tan majas.

Clara ha visitado varias veces a su padre y a sus hermanos.

De hecho, estuvo a punto de irse a trabajar a Cancún una temporada, pero lo pensó mejor después de que naciera el quinto de sus hermanos.

Estudia Turismo y vive con nosotros. No ha habido manera de convencerla de que se fuera a vivir a Palma a un piso de estudiantes, prefiere hacer el viaje todos los días.

Aunque nosotros recordemos esa etapa como una de las mejores épocas de nuestras vidas, ella ni siquiera ha querido intentarlo.

Como predijo Toni, mima a su hermana, la viste como a una princesa y a nosotros no nos deja ni opinar. Dice que a ella siempre la obligué a vestir como a un chico y que por eso ahora se está resarciendo con la niña.

Por descontado, ella y Caterina siguen siendo inseparables, con el añadido de Teresa, que desde que se conocieron aquel sábado tampoco se ha separado de ellas.

Creemos que sale con uno de los mellizos, pero como todo el día entran y salen de la casa, no nos aclaramos, y ella tampoco nos facilita mucha información que digamos…

Pienso que así es como deben ser las cosas, aunque a veces me dan ganas de sacar a relucir la escena que nos montó a Toni y a mí cuando empezábamos a salir juntos.

En cuanto a la carta que Toni me escribió cuando partí hacia México, y que había colocado en la bolsa de mano, la olvidé por completo cuando me di cuenta de que estaba embarazada. Cuando me acordé de ella, había desaparecido.

Toni dice que él no tiene nada que ver con tal desaparición; en cuanto a mí, no termino de creérmelo.