Te quiero a ti Capítulo 1
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Te quiero a ti

Te quiero a ti

Por Esther Durand

© inepub.com

Capítulo 1

Los tacones de Harper Brooks golpean el mármol del pasillo principal de Velvet a esas horas de la mañana, explorar la lista de conquistas de su mejor amiga necesita de mucha energía. Así que, continúa con su caminata por el pasillo.

—Harper, hablo en serio —continúa Solange—. Si hoy no te nombran Editora Jefe, te juro que quemo la nueva colección de primavera de Gucci.

Harper niega con la cabeza, dejando que una amplia sonrisa le ilumine el rostro. Es imposible mantener la rigidez con Solange cerca.

—Tranquila —le responde Harper y pone una mano en su hombro—. Los números de este trimestre son incontestables, y Eleanor sabe de sobra que no hay nadie en esta ciudad con mi nivel de entrega.

Solange ladea la cabeza y la observa en silencio.

—Eso es porque no tienes vida privada —le recuerda. Y Solange no parece muy contenta con ese hecho—. Tu última cita romántica fue con un tazón de cereales integrales a las tres y media de la mañana frente al televisor.

—Oye, pues fue una cita maravillosa —reclama Harper ajustándose el reloj de pulsera—. Sin altibajos emocionales.

—¿Y qué me dices de la química?

—Que fue crujiente, estable y sin expectativas a futuro que pueda romper mi corazón.

—Tu prototipo de pareja ideal, vamos —añade Solange.

Harper mantiene la sonrisa durante un segundo extra, plenamente consciente de que Solange la conoce demasiado bien. La estilista deja el tono cómico y le aprieta el brazo justo cuando alcanzan la imponente puerta que da acceso a la sala de juntas.

—Hablando en serio, Harper. Te lo has currado más que nadie. Ese puesto es tuyo.

Cuatro palabras. Sencillas. Pero que provocan el salto del corazón en Harper.

La mujer traga saliva, sin apartar la mirada de su amiga.

Lleva semanas cargándose el peso de la revista a las espaldas, asumiendo tareas que no le correspondían con la promesa de que el trono de la redacción pronto llevaría su nombre.

Harper tiene claro que el trabajo es su mundo. Las relaciones humanas... las relaciones son un desastre sin garantías.

—Lo sé —responde Harper.

Solange le aprieta los brazos y le da un sonoro beso en la mejilla.

—Esa es mi chica. Ve a por ellos.

Harper inspira hondo, llena los pulmones y apoya la mano en el pomo antes de empujar la puerta.

La sala de juntas ocupa la esquina más codiciada de la planta cuarenta y dos.

A través de los gigantescos ventanales de suelo a techo, el skyline de Manhattan se despliega majestuoso bajo un cielo otoñal perfecto.

Pero Harper no tiene tiempo para contemplar la arquitectura de la ciudad.

Su atención se fija al instante en la mesa ovalada de madera de nogal donde ya están sentados los miembros del consejo y, presidiendo la cabecera, la mismísima Eleanor Sterling.

Eleanor viste un traje sastre de color marfil impoluto. Ni una sola arruga se atreve a desafiar su silueta. No lleva joyas ostentosas. Su pelo plateado está recogido en una coleta tirante que no deja escapar ni un pelo rebelde, y es la frialdad hecha persona.

—Harper —saluda la mítica directora—. Buenos días.

—Buenos días a todos —responde Harper.

Los ejecutivos presentes la saludan con una inclinación de cabeza y algún que otro «fantástico trabajo este mes, Harper» que actúa como un chute directo de adrenalina. Todo va bien. Es su momento. Y joder, lo sabe.

Harper se sienta en la silla de piel frente a la cabecera. Justo delante de ella hay una carpeta negra. Eleanor entrelaza los dedos sobre la mesa y sin tardar un segundo más, habla:

—Supongo que sabrás por qué te hemos convocado a primera hora.

Harper permite que la comisura de sus labios se eleve en un gesto confidente.

—Tengo una ligera sospecha.

Un par de consejeros de las filas traseras dejan escapar una risilla.

Eleanor, sin embargo, no pestañea. Ni un solo músculo de su rostro se mueve.

Una chispa de inquietud aparece en el estómago de Harper, aunque la aplasta de inmediato.

«Nada de pensar que algo puede ir mal». El director financiero toma la palabra y empieza a desglosar una retahíla de datos que Harper podría recitar de memoria con los ojos cerrados: las ventas de la edición digital han subido un catorce por ciento, el engagement en redes sociales se ha duplicado y el número especial de septiembre ha triturado los récords de facturación de los últimos tres años.

La arriesgada campaña audiovisual que Harper defendió a capa y espada frente a la mitad de los carcamales de esa mesa resultó ser un éxito rotundo.

—En resumen… —concluye Eleanor, cerrando la carpeta sobre la mesa—, tu trabajo a lo largo de estos últimos meses ha sido impecable, Harper. Has demostrado una visión comercial brillante, liderazgo y una comprensión absoluta de lo que Velvet & Silk necesita para no quedar obsoleta.

Harper asiente, sintiendo cómo el corazón le da un vuelco. Su niña interior ya está dando saltos de alegría.

—Muchas gracias, Eleanor. He volcado todo mi tiempo en ello.

Un segundo después, Harper se prepara para oír las palabras mágicas. Su nombramiento y felicitación posterior. No obstante, Eleonor se inclina un poco hacia delante y clava su mirada fría en ella.

—Y es por eso por lo que vamos a necesitar mucho más de ti a partir de ahora.

Harper parpadea. El guion de su cabeza acaba de romperse en pedazos.

—¿Más?

—Sí. A pesar del gran trabajo que estamos haciendo, la tirada internacional lleva seis trimestres consecutivos perdiendo terreno —explica Eleanor mientras entrelaza los dedos sobre la mesa—.

La edición de París a duras penas se sostiene, la de Milán está estancada y la delegación de Londres acaba de perder a dos de sus mayores anunciantes de cosmética.

Si no frenamos esa sangría de inmediato, la junta directiva comenzará a plantearse una reestructuración drástica.

Harper siente cómo la rigidez se apoderaba de su espalda. Sus hombros se tensan instantáneamente bajo la tela del blazer.

—He presentado tres planes de contingencia detallados para la división internacional en los últimos ocho meses —recalca Harper.

—Y son excelentes.

—Entonces no alcanzo a comprender dónde está el problema.

Eleanor apoya los codos en la mesa y apoya la barbilla en sus manos.

—La junta ha tomado la decisión de reforzar de manera inmediata la Dirección de Arte y Estrategia.

A Harper le golpea el pulso en las sienes.

—¿Reforzarla?

— Velvet & Silk va a incorporar hoy mismo a una Co-Directora Ejecutiva. Tendrá responsabilidad directa sobre la reestructuración internacional y las grandes campañas editoriales que están por venir.