CAPÍTULO 31 #2
Allie sale con los peores hombres del planeta, y Archer no sale con nadie, supuestamente optando por entretenerse.
En cambio, tienen encuentros casuales sin importancia.
Pero cuando llegan las vacaciones de verano, Allie, por casualidad, se encuentra soltera, y reavivan su antigua llama hasta que Archer se marcha de nuevo.
Es un ciclo tóxico que les rompe el corazón una y otra vez, un ciclo que ha demostrado ser imposible de romper.
—Fue solo una vez… —Su voz se torna ronca y cargada de emoción—. La noche antes de que se fuera.
Archer regresó a Texas hace dos mañanas, y sé que Allie está muy afectada. A pesar de sus pequeños tropiezos, siempre fueron mejores amigos. Nunca es fácil para ninguno de nosotros verlo irse -es el único que se aventuró tan lejos de casa- pero es especialmente duro para Allie.
—No creo que seas mala persona por eso, Alls. Simplemente creo que deberías terminar con Declan. Punto. Es un imbécil y mereces estar con la persona que realmente amas.
—Tiene razón —interviene August, regresando de su oficina con las plantillas impresas de nuestros tatuajes—. El tiempo es demasiado valioso como para desperdiciarlo en otra cosa que no sean las personas con las que más deseas pasarlo.
Gime, se deja caer dramáticamente en el sofá y se cubre los ojos con las manos, haciendo pucheros.
—Déjenme en paz. No quería estar triste hoy.
August se ríe, se sienta en un taburete con ruedas junto al banco donde estoy, saca una bandeja de la esquina y coloca mi brazo sobre ella. Mientras me desinfecta, el teléfono vibra en mi bolsillo y lo saco con la mano libre, deslizando el pulgar sobre la pantalla.
—Hola, Wes.
—Hola, cariño. Vine temprano al paseo marítimo para verte antes de mi turno, pero tu mamá dijo que ya te habías ido.
—Estoy en Ultraviolet haciéndome un tatuaje. Ven aquí.
—¡Vamos a tener sauces gatunos! —grita Allie por teléfono, atrayendo la atención de los demás clientes del estudio.
—Perdón... ¿qué? —pregunta Wes por teléfono.
—Ven aquí. —Me río antes de colgar.
Treinta segundos después, entra por la puerta con un aspecto jodidamente delicioso: unos vaqueros de lavado claro, una camiseta blanca de Heathen y una gorra de béisbol azul marino puesta al revés.
—¿Qué está gritando Allie sobre tu vagina? —pregunta, acercándose directamente a mí y plantándome un beso en los labios antes de alejarse con una sonrisa juguetona.
—Jesucristo —murmura August.
—Sauces gatunos —corrige Allie—. Es un tipo de árbol, y nos haremos tatuajes iguales de una de sus ramas.
Weston se inclina, observando la plantilla que August colocó en el centro de mi antebrazo, dibujando el manojo de ramas y los pequeños amentos peludos que brotan en los extremos.
—Quiero decir... es bonito. Aunque el nombre es horrible.
—Bueno, es el quid de la cuestión. La llamamos Allie Cat —asiento hacia mi mejor amiga —y una gatita es lo mismo, ¿no? Entonces, ya sabes, yo soy Willow. Así que... —Me encojo de hombros—. Funciona.
—Es apropiado. —Sonríe—. ¿Puedo ver?
—Sí —August señala con la cabeza una fila de sillas al frente del estudio—. Agarra una y arrástrala hasta aquí.
Weston lo hace, girando la silla y sentándose a horcajadas sobre ella, entre August y yo, observando atentamente cómo la máquina de tatuar cobra vida y mi tío presiona la aguja contra mi piel. Reprimo un gemido por el pinchazo, pero solo me lleva un instante acostumbrarme a la incomodidad.
Sigo tensa, y la mano de Weston encuentra mi pierna y la aprieta suavemente.
—¿Te duele?
—No demasiado. Deberías hacerte uno y comprobarlo tú mismo. —Le guiño un ojo.
—Ya te dije que le tengo miedo a las agujas —dice inexpresivo.
—Es como una terapia de inmersión, entonces.
¿No es así? —August sonríe, con la mirada fija en mi brazo detrás de sus gafas de montura negra.
Rizos castaños caen sobre su frente, la ceja perforada fruncida por la concentración mientras su mano tatuada desliza la aguja sobre mi piel con precisión—. ¿Si te hicieras uno, cuál sería?
—No lo sé. Nunca le di muchas vueltas, debido a la tripanofobia, pero siempre supuse que me haría algo en memoria de mi madre.
—En realidad buscó el nombre por miedo a las agujas —murmura Allie entre dientes, mientras revisa su teléfono recostada en el sofá.
Ignorándola, Weston prosigue con una sonrisa divertida:
—Quiero decir... no creo que sea tan grave, pero me parece lo suficientemente desagradable como para no haber tenido ganas nunca. Además, creo que si me hiciera un tatuaje en honor a mi madre, la haría sentir más... ¿desaparecida para siempre? No sé si tiene sentido.
Sé que la pregunta iba dirigida a mí, pero mi tío responde:
—Sí. Llevo veinticinco años así, y a veces todavía me cuesta convencerme de que es permanente.
—¿Perdiste a tu madre? —le pregunta Wes bajo.
—Hermano.
Wes traga con dificultad, carraspeando. Sus tormentosos ojos se clavan en mí, llenos de tristeza. Pongo mi mano sobre la suya y la aprieto cuatro veces.
—Lo siento —le dice a August.
Mi tío hace una pausa, levanta la cabeza y mira fijamente a Wes.
—Yo también —dice con una leve sonrisa—. Descubrí que tatuarme las cosas que me hacen sentir más vivo es una forma de sanación en sí misma. Quizás deberías considerarlo si alguna vez decides tatuarte.
Weston asiente, con la mirada perdida -sumergido en sus pensamientos-mientras August termina mi arreglo de sauce gatuno, cubriéndolo con Saniderm antes de empezar con el de Allie.
Wes y yo nos sentamos juntos en el sofá.
Mientras Allie parlotea sobre un libro que ambas estamos leyendo, Weston me rodea con un brazo, dibujando círculos sobre mis hombros.
Sin embargo, esa pensativa mirada no lo abandona durante el resto del tatuaje de Allie.
Cuando termina, se incorpora sonriendo mientras ve su antebrazo; su tatuaje es una exacta réplica del mío.
—Se ven increíbles. —Me mira—. ¿No te sientes mucho mejor ahora?
—¿Mejor? —pregunta Wes—. ¿Qué pasó?
—Uy —Allie hace una mueca, retrocede y señala con el pulgar hacia atrás—. Supongo que te esperaré afuera…
—En realidad, tengo el almuerzo para Elena, pero necesito relevar a uno de mis empleados, así que no podré llevárselo a la casa de al lado. ¿Podrías dejárselo por mí? —pregunta August, mirándonos a Weston y a mí con curiosidad.
—¡Sí! —dice Allie con demasiado entusiasmo, mientras camina a grandes zancadas hacia su oficina, que está detrás del mostrador de recepción.
Le doy un abrazo de lado, agradeciéndole a mi tío el tatuaje antes de que desaparezca con Allie por el pasillo trasero. Me vuelvo hacia Weston, que me observa con los ojos ensombrecidos por una inquietud contenida.
—Hoy recibí una llamada de un número extraño. No contesté, así que me enviaron un mensaje de texto. Era de Parker. —Trago—. Me pidió hablar con él.
—¿Estás bien? —pregunta Wes, con la voz entrecortada—. ¿Qué hiciste?
—Bloqueé el número y estoy bien. —Le agarro suavemente los antebrazos—. Todavía estabas en el campamento, y Allie estaba justo al lado, así que fui a verla. Caminamos por el muelle hasta que me tranquilicé y luego vine a hacerme un tatuaje. Pensaba decírtelo esta noche… No te estaba guardando…
—Lo sé, cariño. No me preocupa eso. Me preocupas tú. —Suspira, se aparta un poco de mí y se pasa la mano por el cabello—. ¿Podemos hablar un minuto afuera?
Un escalofrío me recorre la espalda al oír ese tono, incómoda con la preocupación recién descubierta grabada en su rostro mientras se muerde el labio y sus ojos recorren el estudio de tatuajes como si estuviera buscando algo.
Asiento, en silencio, mientras me pone una mano en la espalda y me guía hacia la puerta principal. Al otro lado de la acera, bajo las palmeras y con vistas al Pacífico, hay un banco. Weston nos lleva hasta allí, se sienta y me invita suavemente a sentarme a su lado.
—Tu padre no quería que te contara esto. —Le tiembla la rodilla mientras pierde la mirada en el horizonte; está nervioso. Esa inquietud en mi columna se transforma en puro miedo, que me invade por completo—. Pero creo que después de hoy... necesitas saber lo que ha estado pasando.
—Wes… ¿qué está pasando? —Le agarro la muñeca, apretándola, y con ese gesto consigo que vuelva a verme a la cara.
—Parker lleva semanas intentando contactarte.
Él… No solo llamó a la floristería aquella vez.
Llamó a tu ex, Camden, quien solicitó una orden de alejamiento.
Tu padre lo amenazó, y… —Se gira, mirándome fijamente mientras toma mis manos entre las suyas—.
También me llamó a mí. Nunca dijo su nombre y llamó desde un número oculto, pero me preguntó si salía contigo.
Tu padre estaba allí, me quitó el teléfono y, en cuanto Parker lo llamó por su nombre, la llamada se cortó.
Ha estado intentando protegerte de todo esto, pero si Parker te está contactando directamente ahora, necesitas saberlo.
Aparto mis manos de las de Weston, me doy la vuelta y dirijo mi mirada hacia el océano mientras la información se filtra a través de mí.
Me pregunto si se supone que debo gritar, llorar o tener miedo.
Tal vez lo haga, y puede que más adelante, cuando esté sola, me enfurezca y llore, pero en este momento, estoy insensible.
Estoy profundamente conmocionada y, de alguna manera, completamente paralizada.
—Lo siento, Wills. Deberías haberlo sabido todo este tiempo. Lo siento muchísimo, cariño.
Weston no me toca, pero se sienta en silencio a mi lado, dándome tiempo y espacio para asimilarlo.
Estoy segura de que tengo motivos para estar enojada con él y con mi padre por haberme ocultado eso.
Me decepciona que no creyeran que tuviera la fuerza para afrontarlo, que no me dejaran al tanto de lo que sucedía en lo que respecta a mi propia seguridad.
Sin embargo, no estoy molesta con ellos por eso. Puedo entender sus razones.